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Vengo a Salvar al Banco Mundial
Selección de ContraPeso.info
18 abril 2012
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Michael Matheson Miller. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

Recientemente, el profesor Jeffrey Sachs hizo una solicitud pública para ser el próximo presidente del Banco Mundial, en un artículo de opinión en el Washington Post, titulado “Cómo Dirigiría el Banco Mundial.”

Yo no sabía de que estaban aceptando solicitudes, pero como lo están haciendo, pensé en arrojar mi nombre al ring.

Debo admitir que a diferencia del señor Sachs, no ando en “una misión para acabar con la pobreza”. No es que no me importe —no tengo la confianza suficiente para creer que tengo el poder de hacer tal cosa.

Pero creo que la presidencia del Banco Mundial podría darme una buena inyección de confianza.

Confieso también que hasta que el profesor Sachs lo señaló, no sabía que el Banco Mundial estuviera entre la calle 18 y Pennsylvania, pero ahora que lo sé, yo también estoy ansioso de este desafío.

Pero basta de mí.

Vamos a centrarnos en el tema en cuestión —¿por qué debo dirigir al Banco Mundial?:

No busco la presidencia debido a la trayectoria que tiene el Banco Mundial para “acabar con la pobreza”. De hecho, no coloco mucha fe en la capacidad del Banco Mundial para solucionar la pobreza mundial.

Cuando se trata de aliviar la pobreza en el mundo en desarrollo, tengo mucha más fe en los emprendedores que en tecnócratas internacionalistas del Banco Mundial, o de cualquier otra parte de la industria de la ayuda internacional.

Al igual que el profesor Sachs, yo no soy uno de los grandes jugadores de Wall Street, ni tampoco un conocedor de Washington. Pero a diferencia de profesor Sachs, no he pasado años en el centro del establishment de la ayuda exterior contra la pobreza promoviendo soluciones de arriba hacia abajo, ni abogando por aumentos de la ayuda extranjera a pesar de la evidencia de que no ha funcionado.

Sin considerar su propia caracterización como un extraño, el Profesor Sachs fue el arquitecto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, que han dominado la política de desarrollo durante la última década.

En este sentido, es un tanto falso que el Profesor Sachs se retrate a sí mismo como un extraño. Es una celebridad verdadera del desarrollo.

Pero basta ya del profesor Sachs. Regresemos a mí caso.

Creo que puede crearse riqueza y que la pobreza puede reducirse, pero no creo que los burócratas internacionales tengan un gran papel que desempeñar en el logro de esos objetivos.

Creo que enfocarse en las causas de la pobreza es la pregunta equivocada —la pregunta correcta es ¿qué es lo que produce riqueza?

Por esta razón, no creo que la ayuda exterior sea la solución —ni incluso una solución. Ella ha subvencionado la corrupción y el retraso en el desarrollo de las empresas locales.

En resumen, por lo general, esa ayuda es parte del problema. Y no soy el único que piensa así. Hay un número creciente de africanos, latinoamericanos y asiáticos que están diciendo no a la ayuda y en su lugar quieren la oportunidad de tener una competencia libre y justa.

Tampoco yo creo que el mundo en desarrollo es un laboratorio para los científicos y los tecnócratas occidentales que ponen a prueba sus teorías utópicas diferentes en los demás. Cuando yo sea presidente del Banco Mundial, ninguna de estas personas recibirá apoyo para experimentar con las vidas de otros.

En este sentido, debo mencionar que no creo en una solución”científica” de la pobreza. Tampoco creo que yo ni cualquier otra persona pueda terminar con la pobreza “para siempre”.

Siempre habrá algo de pobreza, porque siempre habrá debilidad humana, error humano. Siempre habrá una necesidad de amor humano y cuidado.

No ando en compañía de celebridades y no he viajado por el mundo con Bono —al menos no hasta ahora.

(Bono ha hecho mucho para crear conciencia y ya que de joven yo era un fan siento un poco de lealtad, no quiero que Bono se quede atrás. Yo estaría encantado de ayudarle a repensar su defensa de las ayudas grandes.)

No creo que los pobres sean una especie diferente, que sean de alguna manera diferente a nosotros. Como me dijo el empresario de Ghana, Herman Chinery-Hesse, “La gente aquí no es tonta, sólo está desconectada del comercio mundial, eso es todo”

Yo no creo en el capitalismo gerencial, ni en el capitalismo corporativo, ni el capitalismo de Davos, ni en las políticas industriales dirigidas por el Estado, ni en oligarquías de gran-gobierno-gran-empresa, ni los grandes planes de la ONU que han dominado a las economías en desarrollo.

Creo en una economía libre donde todo el mundo, especialmente los más pobres, tengan la oportunidad de competir sin tener que depender de favores de las elites sociales y políticas. Creo que el centro del poder tiene que ser transferido de los gobiernos y las grandes ayudas a los empresarios y líderes locales.

No creo que la gente sea un problema por resolver. Creo que las personas son la solución a la pobreza. Creo que las personas han sido creadas a imagen de Dios con dignidad y capacidad creativa y que cuando se les da la oportunidad crearán riqueza y producirán más de lo que consumen.

Pero si quiero dirigir el Banco Mundial, debería al menos decir eso en lo que creo.

Creo que la riqueza puede ser creada cuando a los pobres se les da libertad y oportunidad —cuando existen derechos de propiedad privada, justicia y un Estado de Derecho, libertad para iniciar un negocio sin regulación opresiva, y libertad para entrar en las redes de la productividad y a los “círculos de intercambio”.

Creo que —de hecho, lo sé —que los pobres puedan crear riqueza y prosperidad para sí mismos, sus familias y sus comunidades, que jamás ningún Estado u organismo internacional podría crear.

De hecho, creo que “los niños son el futuro” y por lo tanto creo que deberíamos estar gastando recursos para que tengan vida y para darles oportunidad, y no reducir la población a través del aborto, la esterilización, y hacer que la ayuda al desarrollo dependa del control de la población.

A diferencia de Profesor Sachs, prefiero la realidad económica a su afirmación de que el mundo está “a punto de reventar”.

Como presidente del Banco Mundial suspendería la financiación de abortos que ha llevado a la muerte a millones de niños no nacidos en África, Asia y América Latina y que ha llevado a lo que Nicholas Eberstadt informa en su artículo “La Guerra Global Contra Bebés Niñas“, y lo que incluso el New York Times ha descrito como “el déficit de hijas” y The Economist ha calificado llamada “Generocidio”.

Como presidente del Banco Mundial promovería una cultura que respete la vida —incluyendo la de las mujeres por nacer.

También creo que los profesionales del desarrollo reales no son personas como el profesor Sachs, y ciertamente tampoco yo.

Creo que los profesionales reales de desarrollo son los emprendedores y una nueva generación de líderes locales que reconocen el potencial creativo de las personas. Ellos son los únicos que pueden crear las instituciones para la creación de riqueza y desarrollo sostenible a largo plazo.

Pensándolo bien — realmente no quiero ser presidente del Banco Mundial.

De hecho, realmente no creo en el Banco Mundial. El banco se fundó en Bretton Woods, con la intención original de la reconstrucción de Europa.

Cuando esta tarea fue asumida por el Plan Marshall, el Banco Mundial, al igual que cualquier burocracia que se precie, fue en busca de una nueva misión, ya que, después de todo, ¿en qué otro lugar podrían trabajar todos esos tecnócratas y especialistas en desarrollo?

La misión del Banco Mundial “sueña un mundo sin pobreza; combatir la pobreza, con profesionalismo y resultados duraderos”. La mejor manera de luchar contra la pobreza con resultados duraderos es permitir prosperar a los empresarios y a las empresas.

Creo que sería mejor para todos si el Banco Mundial cerrara sus puertas. Estoy seguro de que hay muchas buenas personas, dedicadas y bien intencionadas que han trabajado en el Banco Mundial en los últimos años.

En lugar de utilizar su talento y su conocimiento como parte de un sistema inservible, podrían ellos centrarse en la asociación con los pobres a partir de las empresas, o tal vez ser capitalistas de riesgo que proporcionen las inversiones que ayuden a hacer crecer los negocios locales en todo el mundo en desarrollo.

El mundo en desarrollo no necesita otro amo neo-colonial. Han tenido ya bastantes.

Los pobres no necesitan otro experto en desarrollo. Ellos necesitan socios y acceso a los mercados.

Como un amigo dice: “Damos ayuda a África, pero no hacemos negocios con África”.

Hemos tenido suficientes profesionales de desarrollo, campañas de celebridades y pulseras —es tiempo para algo nuevo. Es hora de hacer negocios.

 

Nota del Editor

El pasado 16 de abril se dio la noticia: el Banco Mundial nombró a Jim Yong Kim como su presidente. Lamentamos que el nombramiento no haya sido dado a Michael Matheson Miller.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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