Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
“Allá Ellos y lo Que Hagan”
Eduardo García Gaspar
19 diciembre 2013
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Lo mejor es ser directo. Especialmente en tiempos de lo políticamente correcto. al revés.001

Tiempos en los que se alaba a la obsesión a la idea de tolerancia.

Mi punto: hay un momento en el que la tolerancia se vuelve desinterés e indiferencia hacia los demás.

Me explico. Todo comenzó en una conversación entre amigos. Hablaban de lo común que es hoy en día que los jóvenes no se casen. Simplemente viven juntos.

Por supuesto, es común, mucho más que antes. Lo interesante fue la reacción general de quienes hablaban. Dijeron que “allá ellos, que hagan lo que quieran”. Fue una respuesta de insensibilidad.

No importaba lo que hicieran, y eso a pesar de que la mayoría lo veía al menos con cierto recelo. Igual patrón existe en otros casos.

Por ejemplo, cuando se me narró otro caso. A menos de un año de casados, se habían separado y ella había comenzado ya a salir con otro hombre, incluso teniendo relaciones con él. Encontré de nuevo esa reacción.

En el fondo, muy en el fondo, había una dosis de indignación, pero sobre ella estaba esa actitud de desdén y desinterés. “No importa, por mí que se acuesten con quien quieran”.

Igual con otra situación: los padres, de mucho dinero, miman a los hijos concediéndoles todos sus caprichos, incluso en una ocasión dándoles a los 15 años un auto de lujo.

Muy bien, creo que me expliqué. Por un lado, se nos dice que debemos ser tolerantes y eso significa soportar eso con lo que estamos en desacuerdo. Incluso se nos pide respetarlo, en el sentido de aceptar su existencia.

El problema es que eso es demasiado general y por eso tiene utilidad nula en el momento de decidir.

Si se pide tolerancia frente a otras religiones, entiendo que eso es aceptar que la gente con distinta religión a la mía practique la suya. No tengo problema con eso y la verdad es que no es tolerancia, es algo mejor, libertad igual para todos. Es un caso claro de respeto a la libertad del otro.

Pero eso no quita que podamos reprobar la conducta de otros. Volvamos al ejemplo de los jóvenes en unión libre.

Muy bien, ellos lo decidieron en libertad y uno tiene que aceptar esa realidad, pero no quiere decir que por ser tolerante, uno la apruebe. Por mi parte, esas uniones libres me parecen reprobables.

Es en este momento que las cosas se ponen interesantes. Tengo en ese caso tres alternativas.

  • Puedo ser tolerante en el sentido de dar mi aprobación a esas uniones, o a cualquier otra cosa, como el aborto.
  • Puedo ser tolerante y simplemente quedarme callado, sin expresar mi opinión en contra.
  • Puedo ser tolerante y expresar abiertamente mi opinión reprobatoria (con educación y buenas maneras, pero clara).

Pongamos un caso. Un matrimonio amigo suyo. El marido sale con otras mujeres. ¿Qué hace usted?

Interpretado literalmente, el principio de la tolerancia lo lleva a no hacer nada, a quedarse callado y eso significa callar y otorgar. Al final de cuentas es una actitud que expresa desdén, despego: a usted no le importan sus amigos.

Pero en lugar de dejar que las cosas sigan, usted puede hacer otra cosa. Puede hablar con él y expresarle que eso no está bien, que lastima a la esposa y a los hijos.

Si se hace con prudencia, me parece, esta es la alternativa que muestra lo contrario de la anterior. Muestra que usted ama a ese matrimonio. Es una prueba de su amistad.

Otro caso de distinta naturaleza: las misiones religiosas. Las realizan personas a quienes mueve el ayudar a otras. Desean que las otras conozcan una religión que, creen, es la verdadera.

¿Es válido, o deben dejar que los otros sigan con sus creencias? La tolerancia literal llamaría a dejar que sigan creyendo lo anterior. Una actitud de indiferencia. No importan los demás. Pero si sí importan, se tratará de persuadirlos hacia la nueva religión.

La segunda opinión es clara. La tolerancia contiene el riesgo de producir desinterés y frialdad hacia los demás. “Que hagan lo que quieran, que no me importa”.

Cuando va más allá del respeto a la libertad ajena, la tolerancia crea despego y apatía por los demás. No es una buena actitud. Impide la caridad, la compasión, la ayuda, el interés por los demás.

Post Scriptum

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