Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Anacronismo y Benedicto XVI
Leonardo Girondella Mora
14 marzo 2013
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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Mario Vargas Llosa escribió la columna titulada El Hombre que Estorbaba (El País, 24 febrero 2013) —un escrito que alcanzó gran popularidad.

En ella, opina sobre Benedicto XVI en particular. En lo que sigue, hago un examen de los principales elementos de esa notable columna.

• Uno de ellos es la descripción de Benedicto XVI:

“… frágil y como extraviado en medio de esas multitudes… ”

• Otro elemento descriptivo del pontífice se refiere a sus aspectos intelectuales:

“… un hombre de biblioteca y de cátedra, de reflexión y de estudio…”

• Tercero, el elemento que describe a la situación actual de la Iglesia:

“Le ha tocado uno de los períodos más difíciles… La secularización de la sociedad avanza… escándalos de pedofilia… blanqueo de capitales y de corrupción… las intrigas… ”

• De lo anterior —un intelectual mal acomodado en un rol público y que enfrenta problemas serios—, Vargas Llosa concluye:

“… Benedicto XVI trató de responder a estos descomunales desafíos con valentía y decisión, aunque sin éxito”.

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• El elemento más interesante, sin embargo, es uno que describe a Benedicto XVI, según Vargas Llosa, como un anacronismo:

“En una época en que las ideas y las razones importan mucho menos que las imágenes y los gestos, Joseph Ratzinger era ya un anacronismo, pues pertenecía a lo más conspicuo de una especie en extinción: el intelectual”.

En otra parte, repite la idea:

“Sus ideas, alineadas con el ala más conservadora, hacían de él un anacronismo dentro del anacronismo en que se ha convertido la Iglesia…”

Y la define de manera clara —el anacronismo es entendido como:

“… se fue alineando cada vez más con el ala conservadora… fue un adversario resuelto de la Teología de la Liberación y de toda forma de concesión en temas como la ordenación de mujeres, el aborto, el matrimonio homosexual e, incluso, el uso de preservativos…”

O bien, al Benedicto XVI quien,

“Estaba convencido que si la Iglesia católica comenzaba abriéndose a las reformas de la modernidad su desintegración sería irreversible…”

Vargas Llosa concluye de manera constructiva sus observaciones —su renuncia, dice, no justifica celebrarse como una “victoria del progreso y la libertad”:

“Él no sólo representaba la tradición conservadora de la Iglesia, sino, también, su mejor herencia… aquella cultura que impregnó al mundo entero con ideas, formas y costumbres que acabaron con la esclavitud… hicieron posibles las nociones de igualdad, solidaridad, derechos humanos, libertad, democracia, e impulsaron decisivamente el desarrollo del pensamiento, del arte, de las letras, y contribuyeron a acabar con la barbarie e impulsar la civilización”.

Y esto le lleva a expresar una idea inquietante —la renuncia papal como una prueba de “la soledad de Benedicto XVI y la sensación de impotencia que parece haberlo rodeado en estos últimos años” —y más aún, esa renuncia es,

“… un inquietante atisbo de lo reñida que está nuestra época con todo lo que representa vida espiritual, preocupación por los valores éticos y vocación por la cultura y las ideas”.

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De lo anterior, puede verse una idea prometedora para explorar —la del anacronismo, que en esa columna se sustenta en dos ejes, el del intelectual y el de la preservación del dogma y la tradición.

El intelectual como anacronismo, presentada en la columna, es una fuerte crítica a los tiempos actuales —cuando los hombres de reflexiones e ideas son vistos como fuera de lugar. Sin ellos, piensen o no como Benedicto XVI, la vida humana se moverá sin dirección. Esta observación es un halago para Benedicto XVI.

La preservación del dogma y la tradición como anacronismo, puede ser interpretada como otra crítica devastadora a los tiempos actuales —en el sentido de tener una admiración indiscriminada por lo que sea moderno, por el solo hecho de serlo; lo que lleva a un rechazo irracional de lo pasado, sólo por serlo. Esto puede o no ser un halago para él, dependerá de la interpretación de cada lector.

Finalmente, la columna de Vargas Llosa me ha hecho pensar que ella roza la superficie del tema central —el de las ideas— y no penetra en ella lo suficiente por un desafortunado uso de una palabra, “anacronismo”, que no es aplicable ni de utilidad en el mundo de las ideas, de la razón y del intelectual.

Menos aún en el tema de la “preocupación por los valores éticos y vocación por la cultura y las ideas”, en el que no creo que el criterio de extemporaneidad, que usa el autor, sea aplicable —supondría que por definición lo más reciente es mejor, una premisa injustificable.

Creo que el espíritu de la personalidad de Benedicto XVI está mucho mejor capturado en la calificación de revolucionario que en la que le da Vargas Llosa de anacrónico —dos calificativos totalmente opuestos. La  noción de anacrónico es igualmente inaplicable a Francisco que al mismo San Pedro.

El tiempo no es una variable de consideración en los asuntos cristianos. No se trata de estar al día y moverse con el viento de las más recientes ideas. Se trata de sser custodio, guardián de las palabras de Dios yy darlas a conocer a todos.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Iglesia Católica. Véase Vaticano: Narrativa Crítica.

En ContraPeso.info: Benedicto XVI, se han agrupado las columnas que tratan sobre él.

Pregunta, ¿si las votaciones dentro del cónclave son secretas, cómo puede saberse que en el cónclave anterior el ahora Papa Francisco obtuvo el segundo lugar? Mientras no se cite la fuente, la repetición de ese “hecho” es un buen ejemplo de lo que obtiene validez por simple repetición.

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