Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Apología del Absolutismo
Eduardo García Gaspar
11 enero 2013
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La causa está en los libros. Libros con ideas que lo producen y fomentan.

Ideas que caen en manos de quienes tienen adicción al poder.

Y esos las reciben con los brazos abiertos, porque les dan una justificación a lo que más ambicionan, mandar sobre otros.

Así es que los gobiernos crecen sin cesar.

Vayamos con Mises, el economista de la Escuela Austriaca. Sobre otro economista, Keynes, dijo algo valioso.

Dijo que la principal contribución que hizo fue dar una justificación teórica, en su libro, para tener gasto público deficitario. Keynes proveyó a los gobernantes con una excusa científica para gastar más de lo que tienen.

Interesante idea que no podría ser aplicada a una familia. No puedo imaginarme cómo recomendar que una familia gaste más de lo que recibe para así mejorar su situación.

Pero, no importa, esa es la valiosa teoría que al final de cuentas los gobernantes abrazaron con un deleite enorme. Podían ahora gastar de más y eso era bueno. Es como decirle al obeso que puede comer más y eso lo mejorará.

Otro economista, anterior, hizo el mismo favor a los gobernantes. Les dio aún más, todo un sistema económico, una teoría universal que aplicaba a la humanidad entera, y que justifica la existencia de un gobierno grande, enorme, gigantesco.

Fue Marx quien realizó esta proeza, creyendo que el paso anterior a la felicidad total es la existencia de un gobierno todopoderoso. Palabras dulces para un gobernante. Todo mejorará si él tiene más poder.

El resto son quizá anotaciones y variaciones sobre esas ideas en libros de personas que han creado todo un paradigma: todo será mejor, todo se resolverá, si se cumple con una condición, tener gobiernos más poderosos y grandes.

Gobiernos que se encarguen de hacer felices a sus ciudadanos, dándoles todo. Seguridad social, pensiones, educación, diversión, todo.

Y si algo les sale mal, no importa, la solución es dar aún más poder a ese gobierno. Decirle que debe gastar más, que debe emitir más regulaciones, que la culpa es de otros que no se comportan como debieran.

Mi punto es señalar que la noción de gobiernos con demasiado poder, la que en otros tiempos resultaba nauseabunda, tiene ahora la aureola de santidad que le proporcionan teorías y libros. Un suceso realmente curioso.

Si vamos atrás un par de siglos o algo más, veremos luchas en contra de gobiernos excedidos, de monarquías absolutas, de impuestos excesivos, de falta de libertades, de abusos de autoridad.

Pero ahora, en nuestros tiempos, el exceso de gobierno ha resurgido y se ha popularizado. No sólo ya no resulta odioso, sino que se anhela y apetece ese gobierno con anula a la persona.

El giro es notable y, creo, se debe a ideas en libros que casi nadie ha leído, como los de Marx y Keynes, pero que han sido popularizados con tal intensidad que se ha alterado la manera de pensar. Es como la historia del esclavo que ansía su libertad y la logra para su hijo, para que más tarde su nieto anhele ahora convertirse en esclavo.

Personalmente no llego a comprender ese cambio de mentalidad que ha dado un giro de 180 grados. Lo acepto como una realidad, pero no sé qué puede llegar a hacer ahora que economistas, columnistas, profesores y otros pidan un gobierno que los convierta en servidores dóciles.

Sé que existen muchos libros con ideas como las anteriores. Sé que existen gobernantes que los reciben con arrebatos y éxtasis.

Pero no sé qué es lo que hace que personas que no están en el gobierno, ni ligadas a él, piensen que volver a los gobiernos absolutistas de antes sea algo deseable.

Un amigo intenta explicar esto diciendo que en lo general la ignorancia de muchos es tal que con inocencia aceptan las ideas más absurdas e disparatadas. “Quien concentra su atención en la vida de Justin Bieber”, dice él, “no tiene la preparación para refutar el regreso al absolutismo”.

Lo preocupante es otra cosa. Imagine que algún autor de ideas que justifiquen con una teoría benévola las invasiones de Atila, las conquistas de Alejandro, las guerras de Napoleón.

Los malos gobiernos, irresponsables y abusivos, resultan ahora justificados y colocados sobre un altar como modelos a seguir. Seguir ese camino tiene resultados, como los de Grecia, como los de la URSS.

Post Scriptum

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