Ateísmo, su definición y consecuencias. La creación de una nueva moral que sustituya a la divina y los efectos que eso produce.

Primero, la definición

Para poder comprender las consecuencias del ateísmo, lo primero que debe hacerse en examinar su definición y significado.

«El ateísmo es, en su sentido más amplio, la ausencia de la creencia en la existencia de las deidades.1​2​3​4​ En sentido estricto, es el rechazo de la creencia de que cualquier deidad exista.5​6​ En una definición aún más restringida, el ateísmo es específicamente la postura que defiende que no existen las deidades». es.wikipedia.org

O bien, expuesto de esta manera:

«Por ateo yo entiendo a quien no solamente se mantiene sin afirmar, como el escéptico, sino a quien decide por sí mismo, o es llevado a decidir, a negar todo lo que no se ve, o la existencia de Dios». W. Gladstone, citado en es.catholic.net

Lo contrario

Entender al ateísmo es más fácil si se explica como lo contrario al teísmo, que es la creencia en Dios. O al menos en algunas divinidades y lo sobrenatural.

La ideas, en esencia, puede ser resumida en la dualidad: creer o no creer en Dios. Y eso plantea el tema del ateísmo su definición y las consecuencias que tiene el no creer en Dios.

Segundo, el origen de la moral

Todo empieza con algo común y corriente. Algo a los que estamos acostumbrados. Tanto que no nos damos cuenta. Surge a diario.

Sucede cuando nos damos cuenta de que hay un «deber ser». Algo que indica una obligación percibida y natural y lógica.

Sucede cuando, por ejemplo, queremos quedarnos a ver un partido de futbol, pero vemos que debemos visitar al amigo enfermo. O cuando queremos ir con los amigos, pero debemos quedarnos a estudiar. O cuando queremos descansar, pero debemos terminar un trabajo.

El contraste es muy visible. Está en la oposición entre lo que nos gustaría y lo que deberíamos. Es la existencia de normas morales que indican lo bueno y lo malo.

¿De dónde sale la moral?

La respuesta más simple es nuestra conciencia. Esa voz que tenemos dentro y que nos apunta deberes y obligaciones.

La que dice que no debemos quitar a otros sus propiedades y cosas por el estilo, como no hacer ruidos que despierten a los vecinos. Es lo que indica que es malo matar, engañar, robar, tratar mal a otros y demás.

Pero aún así, ¿de dónde sale esa conciencia? Ella sola es insuficiente. Tiene fuerza, pero no tanta como para impedir que la ignoremos totalmente. La podemos adormilar, como hacen quienes matan a otros, o quienes les roban, o descuidan a sus hijos, o engañan a su esposa.

Un fundamento externo

La conciencia necesita un apoyo externo, algo que es más fuerte y claro.Esto es lo que me parece obvio. El sentido de lo que debe ser viene desde afuera de nosotros.

Cierto que se apoya en la conciencia interna, a la que educa y afina, pero es externo. Es algo fijo, constante, que no cambia. Algo que, en resumen, nos dice que al menos no debemos hacer a otros lo que no queremos que nos hagan.

Muy bien, eso es externo, viene de afuera. Estamos preparados para entenderlo con nuestra conciencia, pero qué es eso externo que establece deberes.

Si alguien dice que es la ley y la fuerza del gobierno, quedaría por establecer qué es eso externo en lo que la ley se apoya. Tiene que haber algo más claro, menos cambiante que las leyes. Algo que explique por qué hay esa idea diaria del deber ser.

La aportación de Nietzsche

Aquí entra en juego un tipo conocido, F. Nietzsche. Muy difícil de leer, sin embargo, tiene una idea realmente drástica y clara. Realmente cruda.

En pocas palabras afirma que si dejamos a Dios, a la religión, fuera, deberemos afrontar las consecuencias que implican la invención de una nueva moral muy distinta. Lo que nos quedaría es, según él, la voluntad de poder. El poder lo justificaría todo.

Digamos que Nietzsche es el más claro de los ateos y eso tiene gran valor. Los ateos suponen que negando a la religión seremos capaces de desarrollar un sistema moral interno que mantenga las cosas más o menos bien.

Que usando nuestra sola razón tendremos un sentido del deber y una moral. La definición de ateísmo, como no creer en Dios, tiene consecuencias y la principal es esta. ¿De dónde entonces se obtiene una moral que guié la conducta?

Y si no se toma la que viene de Dios, entonces serán los humanos quienes tengan que crearla.

Ahora entra Tocqueville

¿Seremos capaces de construir nuestra propia alta moral sin ayuda externa? Otro tipo, Tocqueville dice que no. No tenemos la capacidad de hacerlo por nosotros mismos.

Creo que el punto es claro. Si se deja totalmente fuera a la religión, a Dios, seremos nosotros quienes tengamos que inventar, sin ayuda externa, nuestra propia moral… toda, de arriba a abajo.

En resumen hasta ahora

La definición de ateísmo plantea consecuencias y la principal de ellas se plantea de la manera siguiente:

  • Los mandamientos de Dios son el origen último de los principios morales y éticos que usamos.
  • Si se retira a Dios, también se retiran los principios que surgen de sus mandamientos.
  • Eso crea un vacío moral que se llenará con algo.
  • Las personas, por tanto, crearán esa moral que llene el vacío.

Es un problema de sustitución el que ha creado el ateísmo. La moral que surge de Dios y sus mandamientos, debe ser creada por los humanos. Si le hacemos caso a Nietzsche, el principio moral que a todo guiará será otro, ese de la voluntad del poder.

O si somos más optimistas, quizá algunos produzcan una nueva moral sustentada en la razón y se acerquen incluso a justificar por ese medio la anterior moral sustentada en Dios.

Efectos del ateísmo

La definición de ateísmo, por tanto, ha creado un problema con consecuencias que se resumen en tener que crear un sistema moral nuevo, sin eso que ordena Dios. ¿Cómo crearlo, quién lo hace?

Es engañoso el pensar que las cosas quedarían sin gran cambio. Al contrario, cambiarán totalmente. Lo que pensamos que sería razonable mantener, se abandonará porque ha dejado de tenerse esa fuerza externa que sirve de guía.

Variedad de sistemas morales

Esta es una de las consecuencias que en su extremo se manifiesta en el relativismo moral: cada persona crea su propio código, lo que trae efectos inevitables de choques y diferencias.

Es el efecto moral supernova de C. Taylor. Y origina también a las guerras culturales.

Entre esas consecuencias, hay algunas que ya se viven. La ONU haciendo listas de derechos, el intervencionismo moral de los gobiernos, los tratamientos terapéuticos a faltas morales.

Moral sustituida por poder

Es la atinada intuición de Nietzsche. El poder lo justificará todo y esto da pie a otra moral muy diferente, de la que tenemos claros indicios en el nazismo y el comunismo ruso.

Todo se vale, nada se prohibe, el poder domina. Lo que da pie al totalitarismo. ¿Exagerado? Realmente no, realista. Nietzsche es un ateo honesto que sabe las consecuencias de una idea.

Conclusión

La idea es simple y lógica, pero sus consecuencias reales pasan inadvertidas. Quite usted el apoyo externo de Dios y la religión a nuestro sentido moral del deber, y tendrá que inventar de la nada un nuevo sistema moral sustentado en nada externo.

Todo él dependerá de nosotros y eso significa que será variable y subjetivo, con una sola salida posible, el poder.

Otra manera de ver las consecuencias de la definición de ateísmo es comprender que cuando la verdad es algo que uno decide, sin necesidad de acudir a la realidad externa, la única posibilidad que queda para defender esa verdad personal es el poder.

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Y unas cosas más para los curiosos…

El libro de Markham, I. S. (2010). Against Atheism: Why Dawkins, Hitchens, and Harris Are Fundamentally Wrong (1 ed.). Wiley-Blackwell, tiene un capítulo que trata con mayor profundidad esta idea, Nietzsche, «The Real Atheist».

Conviene ver algunas de estas ideas:

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La frontera del ateísmo

En su definición simple, ateísmo es la postura intelectual que afirma que Dios no existe —que nada sobrenatural existe, que todo lo que existe es lo que se ve y descubre por los sentidos.

El ateísmo, por tanto, tiene dos elementos que forman su esencia, uno negativo, el otro positivo:

  • No existe Dios, ni divinidad alguna; no existe nada que sea sobrenatural.
  • Solo existe la naturaleza; únicamente existe lo material que puede percibirse con los sentidos.

De esos dos principios es sencillo concluir que resulta inútil intentar que el conocimiento llegue más allá del conocimiento de la naturaleza y las leyes que la gobiernan —y nada en esa naturaleza indica que existe lo sobrenatural.

Dentro de esta posición intelectual hay una premisa que debe destacarse: la naturaleza, lo material, es todo lo que puede llegarse a conocer y existe sin que tenga una justificación en sí misma —se toma a la naturaleza como una realidad dada, que sucede, que está allí y nada más que eso.

Una cosa dada y nada más

Este es precisamente el punto que exploro en las consideraciones siguientes, el de que el ateísmo supone la existencia de la realidad como una cosa dada y nada más que eso —lo que tiene sus aspectos, como estos:

• Tomar a la realidad como algo que sucede y nada más que eso, es un freno mental que impide a la razón continuar su camino preguntándose las razones de la existencia de la realidad —no es una postura digna de quien está en busca de conocimiento.

• Suele afirmar el ateo que lo que se sabe de la realidad —las leyes que gobiernan al universo— no muestran nada que exista más allá de lo material, ninguna divinidad. Es cierto lo que dicen porque si se aplica el freno al conocimiento, también se aplica un freno a buscar otras explicaciones por otros caminos.

• El ateísmo enfoca toda su atención a la realidad material y toma a las leyes que rigen al universo, como el máximo conocimiento al que es posible llegar —esta es la frontera que se impone a sí mismo y de la que concluye que nada existe fuera de ella.

Por supuesto es una frontera impuesta a sí mismo, y artificialmente decidida —de la que no puede haber una prueba real, científica, como la quisiera el ateísmo.

• La mentalidad que busca la verdad, que quiere mayor conocimiento, tiene que rebelarse en contra de esa frontera artificial que le impide ir un paso más allá —es como una insatisfacción propia de quien sea que quiera ir más allá de los límites que le impone una postura que censura.

🔎 ¿Por qué no especular sobre algo que vaya más allá de la realidad percibida? Negar esa posibilidad sería miope.

• Usar al conocimiento científico como prueba de que nada existe más allá de lo material es un non sequitur cuando uno mismo se impone esa frontera —como si se negara la existencia de plantas, porque la frontera impuesta es la de que nada verde existe.

Las herramientas usadas para lograr conocer el funcionamiento del universo están diseñadas para conocer lo material, por lo que no es sorpresa alguna que ellas no vean más allá —ni siquiera podrán explicar a la persona humana más allá de químicos y genes.

Concluyendo

Lo que he intentado hacer es mostrar una cara del ateísmo que no suele ser mostrada con frecuencia —la de imponer una frontera artificial a la posibilidad de pensar más allá de ella, por otros medios, con otra manera de pensar.

¿Por qué frenar la curiosidad que es natural a quien quiere ir tras la verdad?

La frontera impuesta por el ateísmo le ha forzado a explicar lo que no puede usando sus propios medios: DNA de bonobos para explicar conductas humanas, genética para explicar altruismo, química para explicar amor —y otros intentos incompletos.

En resumen, el ateísmo crea un mundo de conocimientos limitados e incompletos al actuar como una mordaza que aplica a quien quiere saber más por otros medios —y ese mundo es mucho más restringido y estrecho que lo que sería sin esa frontera artificial.