Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ateísmo: Las Consecuencias
Eduardo García Gaspar
24 abril 2013
Sección: ETICA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo empieza con algo común y corriente. Algo a los que estamos acostumbrados.

Tanto que no nos damos cuenta. Surge a diario.

Sucede cuando nos damos cuenta de que hay un “deber ser”.

Algo que indica una obligación percibida y natural y lógica.

Sucede cuando, por ejemplo, queremos quedarnos a ver un partido de futbol, pero vemos que debemos visitar al amigo enfermo. O cuando queremos ir con los amigos, pero debemos quedarnos a estudiar. O cuando queremos descansar, pero debemos terminar un trabajo.

El contraste es muy visible. Está en la oposición entre lo que nos gustaría y lo que deberíamos.

Lo que bien vale una segunda opinión es eso del deber. ¿De dónde sale? La respuesta más simple es nuestra conciencia. Esa voz que tenemos dentro y que nos apunta deberes y obligaciones.

La que dice que no debemos quitar a otros sus propiedades y cosas por el estilo, como no hacer ruidos que despierten a los vecinos. Quizá sea que dentro de nosotros tenemos construido un sistema de alarmas de deberes por cumplir.

Pero aún así, ¿de dónde sale esa conciencia? Ella sola es insuficiente. Tiene fuerza, pero no tanta como para impedir que la ignoremos totalmente. La podemos adormilar, como hacen quienes matan a otros, o quienes les roban, o descuidan a sus hijos, o engañan a su esposa.

La conciencia necesita un apoyo externo, algo que es más fuerte y claro.

Esto es lo que me parece obvio. El sentido de lo que debe ser viene desde afuera de nosotros. Cierto que se apoya en la conciencia interna, a la que educa y afina, pero es externo. Es algo fijo, constante, que no cambia. Algo que, en resumen, nos dice que al menos no debemos hacer a otros lo que no queremos que nos hagan.

Muy bien, eso es externo, viene de afuera. Estamos preparados para entenderlo con nuestra conciencia, pero qué es eso externo que establece deberes.

Si alguien dice que es la ley y la fuerza del gobierno, quedaría por establecer qué es eso externo en lo que la ley se apoya. Tiene que haber algo más claro, menos cambiante que las leyes. Algo que explique por qué hay esa idea diaria del deber ser.

Aquí entra en juego un tipo conocido, F. Nietzsche (1844-1900). Muy difícil de leer, sin embargo, tiene una idea realmente drástica y clara. Realmente cruda.

En pocas palabras afirma que si dejamos a Dios, a la religión, fuera, deberemos afrontar las consecuencias que implican la invención de una nueva moral muy distinta. Lo que nos quedaría es, según él, la voluntad de poder. El poder lo justificaría todo.

Digamos que Nietzsche es el más claro de los ateos y eso tiene gran valor. Los ateos que conozco y los ateos modernos que he leído suponen que negando a la religión seremos capaces de desarrollar un sistema moral interno que mantenga las cosas más o menos como ahora. Que usando nuestra sola razón tendremos ese mismo sentido del deber que ahora tenemos y que viene de preceptos religiosos (concretamente del Cristianismo).

¿Seremos capaces de construir nuestra propia alta moral sin ayuda externa? Otro tipo, Tocqueville (1805-1859) dice que no. No tenemos la capacidad de hacerlo por nosotros mismos.

Creo que mi punto es claro. Si dejamos totalmente fuera a la religión, a Dios, seamos serios y aceptemos las consecuencias inevitables. Tendremos que inventar, sin ayuda externa, nuestra propia moral… toda, de arriba a abajo.

Es engañoso el pensar que las cosas quedarían sin gran cambio. Al contrario, cambiarán totalmente. Lo que pensamos que sería razonable mantener, se abandonará porque ha dejado de tenerse esa fuerza externa que sirve de guía.

Y, si le hacemos caso a Nietzsche, el principio que a todo guiará será otro, ese de la voluntad del poder.

El poder lo justificará todo y esto da pie a otra moral muy diferente, de la que tenemos claros indicios en el nazismo y el comunismo ruso. Todo se vale, nada se prohibe, el poder domina.

¿Exagerado? Realmente no, realista. Nietzsche es un ateo honesto que sabe las consecuencias de una idea.

Entre esas consecuencias, hay algunas que ya se viven. La ONU haciendo listas de derechos, el intervencionismo moral de los gobiernos, los tratamientos terapéuticos a faltas morales.

Post Scriptum

La idea es simple y lógica, pero sus consecuencias reales pasan inadvertidas. Quite usted el apoyo externo de Dios y la religión a nuestro sentido moral del deber, y tendrá que inventar de la nada un nuevo sistema moral sustentado en nada externo. Todo él dependerá de nosotros y eso significa que será variable y subjetivo, con una sola salida posible, el poder.

Otra manera de ver las consecuencias es comprender que cuando la verdad es algo que uno decide, sin necesidad de acudir a la realidad externa, la única posibilidad que queda para defender esa verdad personal es el poder.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Vacío Religioso. Véase Reemplazos de Dios.

El libro de Markham, I. S. (2010). Against Atheism: Why Dawkins, Hitchens, and Harris Are Fundamentally Wrong (1 ed.). Wiley-Blackwell, tiene un capítulo que trata con mayor profundidad esta idea, Nietzsche, The Real Atheist, del que tomé esta idea.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Ateísmo: Las Consecuencias”
  1. Celia Palacios Dijo:

    Interesante tu columna. Sin embargo, difiero contigo en un punto. Si uno tiene alguna convicción religiosa, no se puede sacar a Dios de la ecuación. Yo creo en Dios, ciertamente, como el UNO, el Absoluto, el creador de todo. Con tu argumentación sobre una moral sin Dios no concuerdo, pues la voluntad de poder que propones la matizas únicamente como algo negativo. Kant la menciona como algo positivo: la llama buena voluntad y él da una buena argumentación en cómo fundamentar una moral sobre ella. Porque sí existe y equilibra al mundo, de hecho. En mi caso, mi visión del mundo es más positiva: no hay “exceso” de maldad ni de bondad. Todo está en perfecto balance y equilibrio. La voluntad de poder es creadora también, así como destructora. Sí coincido contigo en que no podemos sacar a Dios de la vida, de la moral y del cosmos. Y sólo me parece hipotético tener una moral basada en algo-sin-Dios. Si así fuera, yo pondría a Kant como el que iluminó el camino con la “buena voluntad”, que existe en todos, dormida o despierta, pero existe. NOTA DEL AUTOR:buen comentario, gracias; creo que el punto es que una moral no basada en mandatos de Dios es una débil, con escaso respaldo más allá del tener esperanzas en la buena voluntad humana.





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