Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ayn Rand y el Aborto
Leonardo Girondella Mora
28 enero 2013
Sección: ETICA, Sección: Análisis, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Lo que intento hacer en este texto es exponer las ideas de Ayn Rand sobre el aborto y sobre ellas hacer mis propios comentarios.

Dice que “Un embrión no tiene derechos” —no los tiene porque,

“Los derechos no son propios de un ser potencial, sólo de uno real. Un niño no puede adquirir derecho alguno hasta que no nace. Los vivos tienen precedencia sobre los aún no vivos (o los no nacidos)”.

En otras palabras, el suceso que declara la vida, según Rand, es el nacimiento. Antes de eso, el niño lo es en potencia solamente y no puede, por eso, poseer derechos. A eso añade una conclusión que es lógica si lo anterior es cierto:

“El aborto es un derecho moral —que sólo debe ser dejado al criterio de la mujer involucrada; moralmente, nada más que su deseo en el asunto debe ser considerado. ¿Quien puede reclamar tener el derecho de dictarle a ella qué debe hacer con las funciones de su propio cuerpo?”

Decir que el aborto es un derecho que sólo concierne a la mujer embarazada es una afirmación que deriva de otra afirmación —la de que no se es un ser real hasta inmediatamente después del nacimiento, que es cuando se adquieren los derechos que impedirían matar al bebé.

Rand insiste en el punto:

“Un pedazo de protoplasma no tiene derechos —y tampoco vida en el sentido humano del término. Puede uno argumentar sobre las etapas últimas del embarazo, pero el asunto esencial concierne sólo los primeros tres meses”.

Y vuelve a insistir con otras palabras:

“Si alguno de ustedes se confunde o es convencido con el argumento de que las células de un embrión con células humanas vivas, recuerde que también lo son las celulas de su cuerpo, incluyendo las células de su piel, las de sus anginas, las de su apéndice roto —y que cortarlas es un asesinato de acuerdo con la propuesta ley [contra el aborto]. Recuerde también que potencialidad no es el equivalente de realidad —y que la vida humana comienza con el nacimiento”.

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El apoyo que Rand da al aborto se sustenta en una premisa clara —la de que el embrión, especialmente antes de los tres meses, es un mero conjunto de células que potencialmente es un ser humano y que se convierte en real ser humano, con derechos, en el momento del nacimiento.

Exploro esto paso por paso.

• Dice que un conjunto de células no es un ser humano, como no lo es el conjunto de células que forman un apéndice roto.

Esta afirmación es débil en extremo: si se deja continuar el proceso de desarrollo de esas células, ellas terminarán por ser un bebé y más tarde un niño y luego un joven, un adulto, un anciano; no le sucede lo mismo al apéndice roto por mucho que sea preservado.

Hay más realismo en el considerar a ese conjunto de células un ser humano, en una de las etapas de su desarrollo.

• Dice que el embrión es un ser potencial, pero que ser potencial no tiene significado porque lo que cuenta es la realidad de un ser humano.

Tampoco esta afirmación tiene fuerza —puede ser aprovechada en su contra: ese conjunto de células es potencialmente un bebé recién nacido, pero también ese bebé recién nacido es potencialmente un joven, un adulto y un anciano.

Si tiene derechos como joven, adulto y anciano, resulta difícil justificar que no los tenga dentro del vientre, una de las etapas del ser humano.

Más aún, es una argumentación tramposa que define al feto como un ser humano potencial y luego por ser potencial solamente le justifica el no tener derechos. El feto no es un ser humano potencial, es un ser humano ya, verdadero y real.

• Dice que el momento del nacimiento es el que convierte al conjunto de células en un ser humano con derechos.

No hay fuerza en este argumento tampoco. ¿Qué hace al nacimiento tan especial como para dictar que el bebé se convierte en ser humano después de salir del vientre, pero no una hora antes —o tres meses antes, o seis, u ocho.

Es cierto que el nacimiento es uno de los sucesos centrales en la vida de cualquiera, pero no es él único —existen acontecimientos importantes en otras ocasiones, como el momento del matrimonio, el del nacimiento de un hijo, el de la graduación universitaria, el de una conversión religiosa. Ninguno de ellos provoca la adquisición de derechos no tenidos antes.

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En breve, ninguna de sus argumentaciones tiene solidez ni firmeza —más bien parecen opiniones fundadas en premisas falsas o al menos dudosas.

La argumentación de Rand en pro del aborto no se detiene allí. Entrando a otro campo, dice ella:

“Obsérvese que al atribuir derechos a los no nacidos, es decir, a los no-vivientes, los antiabortistas destruyen los derechos de los vivos: el derecho de los jóvenes a decidir el curso de sus propias vidas. La tarea de criar a un niño es una gran responsabilidad, de por vida, que nadie debe emprender sin saberlo o sin quererlo.

“La procreación no es un deber: los seres humanos no son animales de granja. Para las personas de conciencia, un embarazo no deseado es un desastre; oponerse a su terminación es abogar un sacrificio, no en aras del beneficio de nadie, sino por el bien de la miseria por la miseria, en aras de prohibir la felicidad y plenitud a seres humanos vivos”.

Es un argumento de naturaleza muy distinta a los anteriores —y muy congruente con la mentalidad de Rand, la de que nadie puede ser sacrificado en aras de otro. La embarazada, por tanto, puede sacrificar al feto porque éste no es un ser humano, al menos de acuerdo con Rand.

El planteamiento de Rand contrapone al derecho a decidir el bienestar propio frente a la obligación que representa el criar un niño —y que sólo admite dejar vivo al feto deseado, no al indeseable. Obligar a respetar la vida del feto no deseado es condenar a la mujer a un “gran horror” y manifiesta un buen “grado de odio”, según sus propias palabras.

“[Ese odio] se dirige contra los seres humanos como tales, en contra de la mente, contra la razón, contra la ambición, contra el éxito, contra el amor, contra cualquier valor que trae felicidad a la vida humana… ¿Con qué derecho alguien tener el poder de disponer de la vida de los demás y de dictar sus decisiones personales?

Me parece claro que esta línea de argumentación en pro del aborto se mueve en un terreno muy distinto al anterior —uno en el que el entendimiento de las relaciones con otros tiene mucho más que ver con el poder que con el amor y el sentido de solidaridad con terceros, una cuestión de definición antropológica reducida al egoísmo o ampliada con la inclusión de la posibilidad de actuar voluntariamente en beneficio de otros.

No creo que esta posibilidad ampliada sea siquiera comprensible para Rand.

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He querido mostrar la defensa que Ayn Rand hace del aborto —demostrando que sus argumentos centrales no son precisamente sólidos y que su definición del ser humano es reducida.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Aborto.

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1 comentario en “Ayn Rand y el Aborto”
  1. carlos eduardo Dijo:

    no hay nada mas inmoral que creer que la vida y la procreación son instrumentos para el disfrute emocional, excelente articulo.





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