Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Burbuja de Estudiantes
Eduardo García Gaspar
9 septiembre 2013
Sección: ECONOMIA, ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Su significado es intuitivo. Algo que explota de repente.

Algo inflado e inestable. No puede durar mucho. Lo aplicamos a la economía.Son las burbujas.

Describe una situación artificial, precario. Algo prendido por alfileres, que en cualquier momento cae.

Supongamos un ejemplo. En un país, su gobierno juzga que todos deben tener casa propia, que es un derecho humano.

A continuación, implanta una política con ese objetivo: facilitará el crédito hipotecario. Reducirá tasas de interés y relajará las condiciones para otorgar el crédito.

El resultado, por supuesto, es el esperado, un aumento en el número de personas que comprar casas por medio de hipotecas. La construcción de casas se dispara y hay un boom en la construcción.

Las casas, cuya demanda ha aumentado, suben de precio, lo que quiere decir que dan más capacidad para crédito.

Todo es color de rosa hasta que algo sucede y la burbuja explota. Los créditos, muchos de ellos, no puede pagarse. Las deudas de vuelven incobrables, las casas reducen su valor y valen menos que sus hipotecas.

Ahora hay una crisis que empezó a crearse años antes.

El mecanismo es simple en realidad: fueron manipuladas condiciones normales o naturales de las tazas de interés y del cuidado con el que las hipotecas se daban.

Todo inició con un buen deseo, el de que todos tuvieran casa propia. Lo malo es que se hizo alterando la normalidad con la que la gente compra casa.

Ese mecanismo se repite con frecuencia. Un ejemplo notable es el del derecho a la educación universitaria. Sí, es un buen deseo que muchos la tengan.

Y con ese objetivo en mente se hace lo que parece debido: se abaratan los costos de las universidades, se reducen los requisitos de admisión y aprobación de cursos, e incluso se crean carreras y estudios más ligeros.

Como en las hipotecas, el resultado en el lógico. Aumentan los estudiantes, incluso las universidades llegan a sus capacidades totales. Hay más alumnos y más graduados.

La apariencia es color de rosa, pero hay un problema. Se crean más profesionales de los necesarios.

Se desbalancea la oferta de trabajo: hay más graduados de carreras no tan necesarias, menos de las necesarias. La preparación profesional ha disminuido su calidad. Se amplían los estudios a maestrías y doctorados, para tener ventajas adicionales.

La burbuja truena, pero de manera distinta: desempleo profesional, gente trabajando fuera de su especialidad, descontento juvenil.

Todo empezó de la misma manera, con un buen deseo que quiso hacerse realidad usando los medios equivocados. Medios que tienen buenas intenciones, pero que producen malos resultados a la larga (esos que no suelen importar a los políticos en busca de aplausos).

Una buena cantidad de jóvenes, con estudios universitarios, mal preparados, con carreras poco demandadas, suelen un foco de descontento importante.

Les dijeron que tenían derecho a estudiar y ya con estudios encuentran nada que hacer. Desempleo, subempleo, empleo frustrante. Un buen caldo de cultivo para protestas y marchas.

La supuesta buena política gubernamental de implantar el derecho a la educación superior acaba por crear una fuente de inquietud social.

Y, sucede, que algunos de estos jóvenes, generalmente adoctrinados en la mentalidad estatista de sus profesores, terminan demandando más de lo que les daña: intervencionismo estatal y piden derecho al empleo.

Si se les cumplen sus deseos, vendrán legislaciones que encarezcan al trabajo y reduzcan su demanda, lo que lleva a un desempleo mayor, totalmente artificial, creado por políticas gubernamentales que han querido hacer el bien pero han errado notablemente los medios.

Dos ejemplos de burbujas, la obra distintiva y peculiar del gobierno inquieto que quiere hacer el bien sin preocuparse por sus efectos posteriores.

Y es que el intervencionismo económico que acompaña al activismo social tiene esa inconfundible naturaleza, la de ser insostenible.

Crea burbujas en pensiones, en seguridad social, en hipotecas, en deuda pública. Y es muy curioso que en buena parte lo haga por presión de algunos de sus propios ciudadanos, esos de los que se esperaría más inteligencia.

“La economía mexicana necesita del impulso proveniente del gasto público, cuyo impacto beneficiaría la percepción de los empresarios y la confianza de los consumidores, lo mismo que las ventas del mercado interno, la inversión productiva y la creación de oportunidades de trabajo”, Francisco Funtanet, Confederación de Cámaras Industriales, CNNExpansión, 21 julio 2013.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Crisis Económicas.

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