Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Burbujas y Locura
Eduardo García Gaspar
29 abril 2013
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Pero yo no quiero estar entre gente loca”, comentó Alice. “Oh, no puedes evitarlo”, dijo el Gato: “todos estamos locos aquí. Yo estoy loco. Tú estás loca…” “¿Cómo sabes que estoy loca?” dijo Alicia. “Debes estarlo”, dijo el Gato, “o no habrías venido aquí“. Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.

Suelen recibir un nombre. En nuestros tiempos, se les llama “burbujas”.

En tiempos idos se le conocía como locuras.

Tienen una naturaleza muy especial, son masivos.

Los crea la conducta acumulada de millares de personas.

Su idea central es simple: las masas pueden tener conductas irracionales, descabelladas.

El ejemplo legendario es el del siglo 17, la manía de los Tulipanes. Un suceso en Holanda. La euforia alocada que llevaba a comprar tulipanes al precio que sea.

Es como una fiebre contagiosa que lleva a querer participar en algo que promete ser bueno: comprar tulipanes caros podrá dar beneficios cuando se vendan aún más caros. Todos querían tulipanes que venían de Constantinopla.

Era la moda irresistible. Había variedades de colección. Se hicieron fortunas.

La locura, por supuesto, se espera que dure por siempre. Esta es la premisa no examinada de las chifladuras de este tipo. Cuando comenzó a dejar de ser moda, la atracción disminuyó y comenzó la fiebre en el otro sentido: había que deshacerse de los tulipanes a cualquier precio, antes de que bajaran aún más. No es el único caso.

Recientemente disfrutamos de la burbuja de las empresas tecnológicas, las dotcom, además de la burbuja de las hipotecas de baja calidad.

La estructura de ellas es una secuencia de eventos.

Comienza con algo que sucede. Un cambio de las cosas, una moda repentina, una modificación de algo.

Esto causa un cambio en los precios de un sector, sean tulipanes, casas, empresas.

El fenómeno es al principio poco conocido, pero su difusión se amplía poco a poco hasta volverse una oportunidad para todos. Los medios la tratan con frecuencia, es parte de toda conversación.

Llega el punto en el que se considera que es un idiota a todo aquel que no está “dentro” de la nueva cosa, sean tulipanes o tener una hipoteca barata sobre una casa que siempre sube de precio. Se presupone lo que dije antes, que la tendencia continuará sin término.

Este es quizá el punto máximo de la chifladura masiva. Las compras se hacen a precios que son irreales, exorbitantes, sin que haya mucha conciencia de la realidad.

Hasta que llega el punto de la burbuja que explota. Los precios no pueden seguir hacia arriba. Comienza la desconfianza y el retiro, poco a poco, hasta que se vuelve una huída masiva.

Todo se viene abajo. Los tulipanes ya nadie los desea. La gente se queda pagando hipotecas que valen más que sus casas.

La esencia de estas chifladuras está en la renuncia a la razón, al sentido común. Es el dejar de pensar que es demasiado bueno para ser cierto.

Y requiere valor, el de dejar de ser parte de la masa y ser visto como un idiota que no sigue lo que hacen todos los demás. El idiota que no aprovecha las tasas subsidiadas de las hipotecas que permiten tener una casa que no habría podido pagar normalmente.

El fenómeno de la locura masiva recuerda la imagen de las estampidas de animales. Y las hay no sólo grandes, también hay pequeñas burbujas, como la de compañías de inversión que ofrecen tasas inexplicables, demasiado altas. Son las inversiones piramidales, o el esquema Ponzi.

De las burbujas, sean grandes o pequeñas, sean o no económicas, hay cosas que aprender. La más obvia de ellas es la insensatez que hay en ellas.

Su origen está en creer que la conducta masiva es muestra de racionalidad, cuando en realidad puede ser exactamente lo contrario. La lección más clara es sospechar de fenómenos de popularidad masiva, de cosas que son demasiado buenas para ser verdad.

La otra, que es menos obvia, es el suceso que hace arrancar a la locura. Puede ser una moda como la de los tulipanes, que inició con la importación de ellos.

O puede ser una medida gubernamental, como subsidiar hipotecas y facilitarlas incluso con riesgos superiores a los razonables.

O el ofrecimiento de una oportunidad que sólo los tontos dejarían pasar. Es la especulación llevada a su extremo chiflado.

Imagine usted comprar acciones de empresas recién fundadas, con ventas bajas o sin ellas, sin ganancias, que se hacen atractivas porque están en el sector de Internet.

Comprar y comprar aún más alto cada vez esas acciones por el hecho de que no comprarlas es dejar de participar en algo que es el futuro, que nunca parará en tendencia hacia arriba. Se perdieron 7 billones en esa burbuja.

Cuando la razón es sustituida por la codicia que deja atrás a la razón, entonces nace una burbuja.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema general, en ContraPeso: Bobadas.

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