Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cadenas de Consecuencias
Eduardo García Gaspar
23 abril 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Me gustaría que me explicara la noción de la prudencia de la que creo tener alguna idea pero que en mi opinión no es una idea popular entre mis amigos y conocidos”, un lector.

Son cosas de responsabilidad. También de prudencia.

Lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer tiene efectos en nosotros mismos y en los demás.

El papá que no tuvo un seguro de vida y murió produjo la consecuencia de que sus hijos no pudieran seguir estudiando. El estudiante que no se preparó bien para el examen sacó una calificación baja.

Sería más fácil y sencillo vivir sin esas consecuencias y hacer lo que se nos venga en gana. La razón principal para preocuparnos, creo, es que los efectos de nuestras acciones afectan nuestra vida y la de los demás.

Tan sencillo como pensar en que si hago tal cosa produzco tal efecto y eso es malo para mí, o para otras personas; consecuentemente, pienso que no lo debo hacer.

Pero, la cuestión no es tan clara por varias razones. No sabemos con seguridad cuál es el efecto específico de lo que hacemos. No sabemos con certeza si habrá un efecto. No sabemos las consecuencias siguientes de ese efecto.  Explico cada una de estas razones.

Primero, es cierto que en gran cantidad de ocasiones no podemos anticipar el efecto concreto de lo que hacemos. Por ejemplo, puede ser que sepamos que descuidar un trabajo ocasione un problema que en la realidad fue mucho mayor de lo que creíamos.

Eso le pasó a un amigo que pospuso la revisión de los frenos de su carro porque pensó que eso podía esperar y resultó que los frenos fallaron y tuvo un accidente que le costó buen dinero.

Segundo, es una realidad que muchas veces tampoco conocemos con certeza si habrá o no un efecto. Esto sucede a diario en todas nuestras decisiones.

Sabemos que al cruzar la calle existe una probabilidad de ser atropellados, lo que no nos detiene y por eso salimos de casa. Sabemos que al tomar un avión tenemos un riesgo de sufrir un accidente, pero a pesar de eso salimos de viaje.

También, sabemos que al beber unas copas en una fiesta aumentamos la probabilidad de tener un accidente en el carro al regresar a casa. Y, sin embargo, no dejamos de tomar esa copa.

Lo que sucede es que somos seres que calculan riesgos y consecuencias de sus actos. Si vemos que las probabilidades de algún suceso malo son bajas, podemos aceptar ese riesgo, especialmente si lo que hacemos nos produce felicidad. Por eso conducimos un auto, porque nos es útil a pesar de significar la posibilidad de un accidente.

Mi punto aquí es el de una regla sencilla. Si sabemos que hacer o no hacer algo implica un riesgo, no veo razón para aumentar por voluntad propia la probabilidad de ese riesgo.

Si sabemos que conducir a gran velocidad aumenta la probabilidad de un accidente, no hay razón para elevar la velocidad por encima de la que es razonable. Si sabemos que las drogas tienen efectos de adicción, no veo la razón por la que las probemos y corramos el riesgo de convertirnos en adictos.

En todas nuestras acciones hay riesgos que son inevitables y no tiene sentido aumentar más allá de lo razonable esos riesgos con acciones propias.

Tercero, nuestras acciones tienen consecuencias, pero esas consecuencias tienen a su vez otras consecuencias. Muchas veces no pensamos en esas segundas consecuencias.

Hace ya tiempo escuché la siguiente historia que es un buen ejemplo de esto. El segundo hijo de una familia contrajo SIDA por haber tenido relaciones sexuales durante sus vacaciones en Europa. Es fácil ver la consecuencia primera, que fue la de la enfermedad y, por lógica la eventual muerte de ese hijo.

Pero eso tuvo otra consecuencia que fue el tremendo gasto que hizo la familia al tratar de mantener vivo al hijo. Fue tal la cantidad de dinero gastada que esa familia vendió su casa. Los otros hijos ya no pudieron seguir sus estudios por falta de dinero.

Estoy seguro que al estar de vacaciones, ese hijo no pensó en que lo que él hizo acabaría haciendo que sus hermanos ya no fueran graduados universitarios, con todas las consecuencias que después eso tiene.

No es esto algo para volvernos temerosos y decidir no hacer nada, porque el no hacer nada también tiene consecuencias.

Lo único que podemos hacer es intentar pensar en las consecuencias de lo que hacemos y actuar de acuerdo a lo que pensamos es mejor a la larga para nuestra felicidad y para la de los demás. Por eso, la prudencia tiene un alto contenido moral y requiere de una conciencia afinada y recta.

Post Scriptum

La anticipación sabia de las consecuencias de los actos propios y ajenos es una manera de entender qué es prudencia. Una especie de arte y habilidad que previendo los efectos de las acciones deja ver el escenario de sus efectos en el tiempo. Quizá sea como la facultad de ver el futuro posible al que llevarían las conductas presentes.

Va más allá de los efectos inmediatos de una acción concreta. Es simple saber qué sucederá si alguien se tira del décimo piso. La habilidad de la prudencia comienza es el razonar sobre lo que sigue como efecto después de lo que sucede después de tirarse. Es en la cadena de efectos siguientes donde la prudencia ilumina.

Véase Prudencia y Gobernantes para más detalle y donde se dice que,

Un tanto simplificada, la prudencia puede entenderse como una virtud a ser usada en el momento de tomar decisiones, para mejorarlas. La prudencia supone elementos: pensar, calcular, analizar, deliberar. No estaría lejos de ser un hábito muy deseable.

Más aún, la prudencia… no debe ser confundida con otras cosas, como el ingenio, la agudeza, la astucia , la perspicacia, o la habilidad. La prudencia no está destinada a ser un instrumento en busca del bien propio como tal, sino para disponer de los medios apropiados que son necesarios para alcanzar los fines que la virtud moral indica.

La aseveración introduce otro elemento, el moral y por eso, una evaluación inevitable de lo bueno y de lo malo, algo a lo que se oponen a las visiones actuales que exaltan la tolerancia absoluta de todas las ideas independientemente de sus méritos morales. La prudencia, por eso, contiene un elemento esencial moral. No es la astucia que por medio de engaños, falsedades y apariencias ayuda a lograr objetivos personales.

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