Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Calidad del Gobernante
Eduardo García Gaspar
14 agosto 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es la tesis obvia de la democracia. La idea de solucionar conflictos y desacuerdos.

O quizá menos que eso, la idea de llegar a acuerdos mayoritarios. La tesis central parte de la idea de que los desacuerdos en política son inevitables.

Ante esto, hay varias soluciones posibles.

La más directa y simple, es imponer una de las opiniones por medio de la fuerza física, digamos un golpe en la cara de quien opina lo contrario a uno, o la voluntad de un dictador que mete en la cárcel a quien piensa diferente. O, también, poner bombas que obliguen al gobierno a hacer algo.

La otra posibilidad es la de votar. Una vez definidas las alternativas, las personas votan, y se aprueba la opinión que obtenga la mayoría. Este es el método democrático. Se usa para la aprobación de leyes, para la elección de gobernantes y en otras ocasiones como un referéndum.

¿Por qué votar y dar la victoria al que tenga más votos? Después de todo, obtener la mayoría no es garantía alguna de haber optado por la mejor alternativa.

Es que no hay otra manera civilizada en política de lograr acuerdos y realizar acciones. Los asuntos políticos se mantendrán siempre como opiniones imposibles de resolver por otros medios, como una prueba de laboratorio.

Vaya, incluso las más sólidas evidencias y los más fuertes razonamientos serán insuficientes para hacer cambiar opiniones en asuntos políticos. Consecuentemente, en estos terrenos, se opta por la fuerza o, mejor, por la votación. No es que sea la mejor opción, sino que es la única posible.

Muy bien, entonces si tenemos un sistema democrático, nuestro problema está parcialmente resuelto: llegaremos a acuerdos de acción gubernamental por medio de votaciones, es decir, la regla de la mayoría.

Ya que sabemos que esa regla no es ninguna garantía de buena calidad de la decisión, ahora nuestro problema es cómo elevar la calidad de los votos de las personas.

Hay una idea en un libro que tiene algunas ideas sobre esto, lo que cómo hacer que el voto sea responsable. La obra de Adler, M. J. y Weismann, M., How to think about the great ideas (2000 Chicago: Open Court), habla de tres puntos.

El primero es menos obvio de lo que parece. Las diferencias de opinión en temas políticos son provechosas. O visto del otro lado, la uniformidad de opinión es algo temible en una democracia. Lo entiendo como que la controversia es un medio para corregir errores y para innovar.

El segundo punto es el de cuidar la calidad de la discusión política. Cuidarla de lo que la destruiría y arruinaría. Concretamente, se trata de evitar propaganda y presiones política. Al contrario, se trata de usar la razón y ser serios.

Esta es la responsabilidad de los gobernantes y revela que mucho de la calidad del voto ciudadano depende de la calidad de la discusión política entre gobernantes.

En tercer lugar, lo más importante. Dice el libro que la discusión debe continuarse mientras eso sea práctico, es decir, hasta que sean escuchadas todas las opiniones. Me imagino que de esta manera, quienes votan tendrán un panorama general del tema y su voto será mejor informado.

No está mal el asunto. Cuidar la calidad del voto es cuidar a la democracia misma en el terreno de su mayor debilidad, el de los desacuerdos de opinión. Sin embargo, al mismo tiempo, hay fuerzas que operan en sentido opuesto y reducen la calidad del voto en las democracias.

Una muy notable es la baja calidad de los gobernantes que se mueven más por ambición de poder e interés propio que por el ansia de una discusión civilizada. Por ejemplo, en Monterrey, México, su alcaldesa asignó 53 millones de pesos para regalar artículos escolares a sus habitantes, en medio de una situación de deuda excedida de la ciudad.

Eso no es dar información al ciudadano, sino comprar su voto con recursos públicos. Una muestra de la reducción de la calidad de la democracia.

Del otro lado, se tiene la realidad de un ciudadano escasamente informado por dos razones. La primera es el uso de propaganda política, responsabilidad de los partidos. La segunda es su falta de preparación para evaluar las diferentes opiniones políticas entre las que tiene que optar. También esto reduce la calidad de la democracia.

Lo que creo que puede concluirse es que las diferencias de opinión en terrenos políticos nunca desaparecerán y que, si queremos mantener la calidad de la democracia, es decir, de muestras libertades, debe ante todo cuidarse la calidad del voto. Y esto es lo que nos lleva a donde radica el problema central, la calidad del gobernante.

Post Scriptum

El problema de la calidad del gobernante es, de acuerdo con lo anterior, una causa central de la calidad democrática de un país. Para entender esto mejor, habrá que considerar lo innegable que es la imperfección del ser humano, lo que significa que los gobernantes son también imperfectos y sólo puede aspirarse a conjuntar dos situaciones:

• La mejor calidad posible de los gobernantes, sin que en esto pueda existir la expectativa del ideal, sino lo opuesto.

• La mejor calidad posible de las instituciones democráticas, cuya labor central es limitar las consecuencias del escenario peor de la democracia, la elección de un gobernante realmente malo.

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