Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cambios de Incentivos
Leonardo Girondella Mora
23 agosto 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Las personas actúan con inteligencia, razonando las circunstancias en las que se encuentran para llegar al objetivo que pretenden —y que es la elevación de su bienestar personal.

Bajo una circunstancia de precio normal de, por ejemplo, tomates, la persona se comportará de una manera, quizá adquiriendo sólo un kilo de ellos —pero si el tomate se encuentra en rebaja, a mitad de precio, la persona quizá altere su decisión y compre tres kilos, no uno solo.

El ejemplo anterior es una situación cotidiana que muestra la valoración que las personas hacen de las circunstancias bajo las que toma decisiones —un cambio de precio le hará probablemente cambiar su decisión inicial.

Este fenómeno de valoración de circunstancias —que es al final un asunto de incentivos— funciona en toda decisión humana. El incentivo que siente alguien de poder ser el heredero de un tío millonario le hará seguramente tratarlo con mayor consideración que al tío que no es rico.

Quien crea en la existencia de Dios, tiene frente a sí un poderoso incentivo para comportarse de acuerdo con las creencias cristianas, que le harán merecedor de una vida eterna feliz.

Otro caso en el que quiero enfocarme, el del estado de bienestar —el sistema de gobierno que cuida del ciudadano desde que nace hasta que muere— no es una excepción a esta manera de decidir de las personas.

Por ejemplo, la protección que se da a madres solteras en un estado de bienestar y que suele incluir ayudas como un ingreso mensual, pago total o parcial de renta, alimentos para el hijo y otras más.

La madre soltera en este caso recibe con agrado la ayuda y se cuidará de no perderla —lo que quizá suceda si se casa, por lo que tenderá a evitar el matrimonio, pero no necesariamente el tener otro hijo, lo que le daría derecho a más ayuda que con uno solo.

O también, el caso de ayudas a personas de la tercera edad —gente de más de 65 o 70 años a las que el gobierno otorga una cantidad mensual con sólo presentarse en sus oficinas.

Si no hay requisitos adicionales, esa ayuda motivará a gente que no la necesita a obtenerla. En los hijos reducirá la ayuda que ellos puedan dar a sus padres.

Como regla general, el estado de bienestar introduce incentivos —o circunstancias— que cambian la manera en la que las personas toman sus decisiones: modificarán sus conductas de tal manera que pueden recibir sus favores.

Un ejemplo clásico es el seguro de desempleo —el que dependiendo de sus reglas suele tener el efecto de prolongar el desempleo: sin urgencia monetaria para encontrar trabajo, las personas tenderán a permanecer desempleadas más tiempo del que lo harían bajo otras circunstancias.

Un estado de bienestar crea un ambiente general de incentivos a un cierto tipo de comportamiento en la gente —una conducta más pasiva, indiferente e inmóvil que crea hábitos de dependencia y sujeción al gobierno, del que se espera toda solución a la vida propia.

Por ejemplo, en el caso de la educación universitaria gratuita, se crea una demanda enorme de lugares en esas instituciones —que no puede ser satisfecha en su totalidad y que dada la gran cantidad de estudiantes reduce estándares de calidad produciendo profesionales de baja preparación y con pocas oportunidades de empleo.

Mi punto es sencillamente resaltar que un estado de bienestar produce cambios importantes en los incentivos de las personas y que el cúmulo de medidas de ese tipo de gobierno crea ciudadanos pasivos y dependientes. Una sociedad de ese tipo no podrá tener dinamismo y perderá el que haya tenido.

Nota del Editor

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