Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Chavismo: Una Narrativa
Leonardo Girondella Mora
15 marzo 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La muerte de Hugo Chávez fue el origen de una serie de explicaciones de su gobierno —y produjo una narrativa que expongo en lo que sigue:

Chávez ha sido criticado en vida y en muerte, por sus ideas y acciones. Se le acusa de populista, totalitario, megalómano, comprador de votos, enemigo de la libre expresión y corruptor de la democracia.

Sin embargo, él trató de distribuir la riqueza que concentró el antiguo régimen y logró igualar a la sociedad hasta donde pudo, teniendo menos pobres y distribuyendo la riqueza petrolera. Su gobierno y sus ideas tuvieron un saldo positivo a pesar de luchar contra intereses poderosos.

Se trata de una defensa de Chávez y que rechaza los comentarios negativos —los que apuntan, muchas veces con razón, las fallas de su gobierno: inflación, corrupción, imprudencia financiera, concentración de poder, ataques a la libertad, expropiaciones caprichosas, caída en la producción y demás.

A esos comentarios los hace de lado y arma un flanco de defensa usando un razonamiento de dos tiempos —antes y después de Chávez:

1. Antes de Chávez, se narra, sólo unos pocos se beneficiaban del petróleo, sólo en unos pocos estaba concentrada la riqueza —en cambio, eran muchos los que padecían pobreza y marginación.

2. Después de Chávez, se sigue narrando, la pobreza ha sido abatida y muchos han salido de la miseria teniendo ahora casa propia y alimentación mejor —y los que antes se beneficiaban con el petróleo y la concentración de la riqueza han sido los únicos afectados.

No pretendo, en esta columna, dilucidar si Chávez fue el héroe que esta narrativa sostiene —a ello puede ayudar un análisis reciente de sus efectos netos. Lo que intento es examinar la estructura de esa narrativa usada por los defensores de Chávez.

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• Esa defensa de Chávez no es nueva —es un tipo usual de defensa política, usada por la izquierda y la derecha, para avalar gobernantes que coinciden con su ideología.

La apología usual del Fidel Castro sigue el mismo patrón de la Cuba antes de Castro y después de él —con la acostumbrada mención de servicios médicos y educación. No es infrecuente tampoco una defensa de Pinochet del otro lado del espectro.

• Lo que más distingue a estas narrativas de defensa es la parcialidad —una generalmente pesada falta de objetividad seguramente ocasionada por la necesidad de defender la ideología propia y que coincide con la de, en este caso, Chávez.

Esto funciona así: si la persona tienen una mentalidad socialista, ella tenderá a defender a gobernantes que también lo sean, como Chávez, Castro, o Correa —y realizará esta defensa con una gran falta de objetividad. Será esa persona impermeable a las más sólidas evidencias que la contradigan.

No es único de la izquierda este sesgo subjetivo —también lo sufren los de derecha, los comunistas, liberales, conservadores, progresistas; y lo padecen en mayor o menor grado casi todos.

• Se trata, según lo anterior, de una especie de mecanismo de defensa —uno que busca apoyar a las propias ideas las que han sido aplicadas por tal o cual gobernante; y que hace ver, buscar o inventar sólo los aspectos positivos del gobierno defendido y que son siempre mayores a cualquier defecto que pudiera tener.

No importa lo malo que pueda tener ese gobierno —esas cosas se niegan, se ignoran, o se justifican como un costo inevitable de los grandes bienes conseguidos. El sesgo puede ser casi absoluto y consiste en colocar toda la atención en lo percibido como bueno.

• Este tipo de defensas se sostienen en dos columnas igualmente sesgadas —la deformación simplificada de la situación anterior que se convierte en una caricatura de maldad y perversión; y el falseamiento ingenuo de la situación presente que se convierte en una caricatura de bondad y gloria.

Quien ha hecho posible ese cambio es, por supuesto, la persona a la que se defiende —el gobernante cuya apología de hace.

Se muestra en esto el punto realmente débil de estas narrativas laudatorias de regímenes cuya ideología se quiere defender —están ellas basadas en simplificaciones irreales e incompletas de una realidad mucho más compleja.

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Lo que he intentado hacer es examinar la estructura de narrativas que defienden a gobernantes particulares —como la que mencioné de Chávez— y que son argumentos de una debilidad mayúscula. Quien así razona imposibilitará la oportunidad de examinar con objetividad una situación que lo merece.

Todo lo anterior es un caso de un fenómeno conocido en Psicología, la atención selectiva —la que tiene la persona para ubicar los elementos que requiere en una situación determinada y, al mismo tiempo, desechar los que no son necesarios en esa situación.

Nota del Editor

El mérito de la columna es poner sobre la mesa quizá la razón mayor de la inutilidad de tantas conversaciones políticas de nuestros tiempos: esa terquedad mental que impide ver la realidad de las imperfecciones de nuestro mundo.

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Conversaciones.

Un clímax pocas veces visto de narrativas sesgadas fue reportado ayer. Fueron las declaraciones del presidente encargado en Venezuela, Nicolás Maduro hablando sobre Hugo Chávez:

“… sabemos que nuestro comandante ha ascendido hasta esas alturas y está frente a frente a Cristo. Alguna cosa influyó para que se convoque a un Papa sudamericano… alguna mano nueva llegó y Cristo le dijo: ‘bueno llegó la hora de América del Sur’… en cualquier momento [Chávez] convoca una Constituyente del cielo para cambiar la Iglesia en el mundo…”

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