Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ciencia y Religión
Eduardo García Gaspar
6 septiembre 2013
Sección: EDUCACION, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El tema es fascinante. Muestra muy bien las batallas que se dan en las llamadas guerras culturales.

Es el combate entre la razón y la religión. Se les da una posición contraria.

Quien confía en la razón, se dice, no puede creer en la religión, al menos en las tradicionales.

No tendría lógica que lo hiciera.

Es algo que bien vale ver algo más de cerca y que traté ayer de otra manera.

El argumento afirma que las creencias religiosas van contra la razón porque en ellas hay cosas inexplicables, misterios que piden ser creídos sin cuestionarse.

Los ejemplos más obvios son los milagros, pues ellos van contra lo que puede entender la razón.

Pero el más claro de los ejemplos de lo inexplicable es el Dios hecho hombre, cosa que parece ridícula si se piensa en esa posibilidad.

La cosa no queda allí, pues del poco o nulo respeto a la razón se deriva el autoritarismo religioso.

Ya no es que la religión ortodoxa esté en contra de la razón y la ciencia, sino que también está en contra de la libertad.

Se nos dice que la religión quiere imponer sus normas y su moral, lo que viola las libertades. La instancia más usada en estos tiempos es la sexualidad, donde se reprueban ideas de castidad y autocontrol.

Parte de ese autoritarismo combinado con lo que no tiene explicación racional, es el tema del fin del mundo. El Cristianismo, por ejemplo, cree en la existencia de un mundo futuro, en el que cada quien tendrá lo que merece.

Una creencia que, se nos dice, es absurda y oculta los terribles males e injusticias de este mundo. El programa de Doctor House trató el punto repetidamente.

Lo anterior resume razonablemente los puntos centrales que nacen de una idea, la de que la religión y la razón son incompatibles. Que ellas son opuestas y contrarias.

El ejemplo usado una y otra vez es el de la Evolución, la idea nacida con Darwin, y su choque con la creación del mundo narrada en la Biblia. No es un problema sencillo.

¿Cómo tratar el tema? Partiendo del principio, yendo a la premisa central primero.

¿De verdad hay oposición entre ciencia o razón y religión? La premisa, mucho me temo, ha sido repetida hasta la náusea y se toma como cierta. Pero si somos racionales, hay que examinarla.

Primero, por supuesto, aceptar que entre ambas puede haber choques y diferencias, la más utilizada de ellas es el caso de Galileo. Pero vayamos más allá de lo anecdótico.

Es cierto que fueron religiosos hombres de ciencia, como Newton. Y que hombres de ciencia llevaron hábitos religioso, como Copérnico.

Eso nos indica que para algunos al menos, no hay tal oposición. Tome usted a Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, y verá un hombre que no le tenía miedo a usar la razón en sus escritos, ni a filósofos paganos.

Hay otros casos de gente que usó la razón sin concluir que la religión es incompatible: Pascal, Descartes, Mendel y otros.

En fin, parece como si en realidad la contraposición entre religión y razón no fuera más que una postura exagerada y extrema de otra posible: la religión y la razón son dos formas complementarias de entender y conocer la realidad.

Es como la idea de A. Einstein de la imposibilidad de un universo no creado.

Llego así a lo que creo que merece una segunda opinión. Quienes nos dicen que la ciencia y la religión son contrarias y opuestas, y que por lo tanto la religión debe desaparecer, están en una posición extrema y poco confiable.

Una posición que en realidad es la misma de quienes reprueban a la ciencia o a la razón y sólo quieren religión. Ellos también creen que la ciencia y la religión son enemigas sin posibilidad de conciliación.

Si uno piensa bien las cosas, con menos agitación y cerrazón, veremos la conveniencia de no quitarnos oportunidades de conocimiento haciendo de lado a cualquiera de las dos, religión o ciencia.

A quienes niegan a la razón y quieren sólo la revelación religiosa, les diría que Dios nos dió ese don de pensar y que por eso no puede ser malo. Dios no nos habría hecho racionales si eso no fuera también uno de las facultades de Dios mismo.

A quienes niegan la religión y confían sólo en la razón, les diría que no desperdicien una fuente adicional que explica nuestro mundo y que no lo hace nada mal. Sería una posición contra la razón misma el poner de lado otra fuente de conocimiento.

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