Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ciudadano: Desgano y Pereza
Eduardo García Gaspar
17 diciembre 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La diferencia es grande. Es como la diferencia entre quien está sentado y quien camina. al revés.001

Entre hacer y esperar. Entre lo pasivo y lo activo. Entre lo que se mueve y lo que está inmóvil.

Puede esto verse en la política de nuestros tiempos.

Una política que nos provee con dos mentalidades distintas, bien ilustradas en dos tipos de gobierno.

Uno nos entiende como entes pasivas e inmóviles, el otro como entes activas y en movimiento. Veamos esto más de cerca.

Hay un tipo de gobierno que nos invita a la inmovilidad, a la pasividad. Que nos dice “no te muevas”, “no te esfuerces, yo haré las cosas”. Nos pide quedarnos sentados. Nos pide confiar en el gobierno, esperar a que él nos ayude.

“No te preocupes”, nos dice, “yo resolveré tus problemas y te haré feliz”.

Esta forma de gobernar es una invitación a la abulia del ciudadano, a la que quiere premiar. Es una solicitud a la apatía y la inactividad. Este gobierno invita a la gente al desgano y la indolencia.

Ve a las personas como gente desidiosa e impotente. La ciudadanía no es nada más allá que un cuerpo aletargado de incapaces a los que debe cuidarse.

Es la autoridad que actúa creyendo que es su deber proteger al ser humano, desde que nace hasta que muere, de todo riesgo y peligro. Quiere aislarlo de toda preocupación e incertidumbre.

Quiere hacerlo feliz creyendo que la felicidad es no tener vicisitudes, ni asumir riesgos; que la felicidad se encuentra en la impasibilidad y la lasitud.

Es el tipo de gobierno que se sostiene diciendo al ciudadano, “no lo hagas tú, lo haré yo”. Y es así que otorga la garantía estatal de ingreso, pensión, casa, salud, educación, empleo, diversión. Todo lo que se espera de la gente es el desgano de esperar a que le sean otorgadas esas dádivas.

Hay otro gobierno, muy distinto. Uno que entiende al ciudadano y a la sociedad como capaces de vivir, como seres vigorosos, pujantes, briosos. Personas que gozan en resolver problemas y tener iniciativas propias, animadas, fogosas, apasionadas, activas, briosas. Con potencial para hacer e imaginar.

Personas que encuentran su realización personal en la asunción de riegos, en la búsqueda de sus metas propias, en la emoción de la posibilidad de fracasar o tener éxito.

Es como si se entendiera a la sociedad como algo caliente, en movimiento, activa y efervescente; y no como algo frío, inactivo y apático.

Este gobierno no intenta hacer felices a las personas, sino que las deja libres para que ellas sean felices por sus propios medios, con sus propias ideas. Lo único que intenta es crear condiciones para facilitarles la tarea, no sustituirlas.

Estos dos tipos de visión de gobierno parten de la manera diferente es la que comprenden al ciudadano.

Para uno es un pobre diablo que sólo puede quedarse inmóvil esperando que alguien más le ayude. Para el otro, es un ser capaz que puede hacer grandes cosas si se le deja libre.

Es el contraste entre un gobierno que fomenta el desinterés y otro que promueve la energía. Uno quiere una sociedad apática, el otro una ávida. Uno forma ciudadanos impotentes, la otra crea seres animados.

Conocemos bien al gobierno que fomenta la apatía ciudadana. Lo conocemos como estado benefactor, estado de bienestar, welfare state.

Nombres curiosos porque si algo crean no es bienestar, sino letargo y pasividad. Buscando dar la garantía estatal de la felicidad general, producen una sociedad estancada y abúlica, donde el único esfuerzo es pedir favores.

Esto es lo que plantea algo que bien vale una segunda opinión.

¿Podrá una sociedad producir bienestar y riqueza cuando el ciudadano es pasivo, lánguido y desganado? Porque ése es el tipo de persona que crea el estado de bienestar cuando premia la despreocupación y la impasibilidad del que debe esperar el favor estatal de su pensión, o su casa, o su educación, o su doctor.

¿No progresará más la sociedad de personas activas, exaltadas, vivas, que saben que su bienestar propio dependerá de su trabajo y el logro de sus metas? Porque este tipo de persona no es el que crea el estado de bienestar, al contrario, lo penaliza y castiga.

El corazón de la diferencia está en la manera en la que se entiende al ser humano, de lo que se concluye la responsabilidad del gobernante.

Si el gobernante comprende a sus ciudadanos como incapaces, inhábiles, irresponsables, tontos, inmaduros, entonces querrá protegerlos, ser un padre para ellos, jamás dejarlos en libertad, al contrario.

Su conducta será como la de los padres que protegen demasiado a los hijos y nunca les dejan hacer nada por sí mismos. Los querrá consentir, les hará regalos. Lo que obtendrá es hijos incapaces, holgazanes, que sólo saben hacer rabietas cuando no obtienen lo que quieren.

El pronóstico es ahora más claro. La sociedad que sea gobernada por un estado de bienestar tendrá a la larga menos bienestar. La causa principal es el haber supuesto que el ciudadano es tonto e incapaz, lo que convertirá en realidad.

Post Scriptum

El punto llega a ser dramático y de consecuencias severas: un estado de bienestar altera a la persona, afectando las creencias que ella tiene sobre sí misma. Le hará verse como inútil, como incapaz, como alguien cuya única tarea es exigir que el gobierno le otorgue favores para poder sobrevivir.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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