Combatir Desigualdad Económica

La realidad es innegable —existen desigualdades entre los seres humanos y, además, existe la idea de combatir esas desigualdades.

Mi propósito es examinar esa idea de combatir desigualdades humanas. ¿Deben combatirse y hacerlas desaparecer?

Mi opinión es que no cuando se habla tan en general de desigualdades que es imposible saber de qué se habla.

Es obvio que hay desigualdades deseables, como las de diferentes talentos y habilidades, que enriquecen a todos. Y es claro también que hay desigualdades que son indeseables, como la discriminación femenina en algunos países.

Mi primer punto es el de tener que distinguir entre las desigualdades que son bienvenidas y las que son reprobables —una faceta que suele ser poco reconocida en las discusiones sobre el tema.

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Quiero dar atención central a las llamadas “desigualdades sociales”, que por definición son vistas como indebidas. ¿Qué son esas desigualdades? Pueden ellas clasificarse en dos tipos principales.

• Desigualdades legales —que son las que se formalizan en leyes que discriminan a cierto grupo al que tratan como inferior. El impedimento a mujeres para conducir autos o estudiar es un ejemplo actual y claro. La esclavitud legal lo es, al dividir en dos a las personas, igual que la segregación racial.

Lo opuesto a la desigualdad formal es el conjunto de leyes que reconocen los mismos derechos y obligaciones para todos por igual —sin distinción de religión, sexo, creencias, edad y demás.

• Desigualdades materiales —que son las que destacan las diferencias entre posesiones e ingresos de las personas, especialmente comparando a los más ricos con los más pobres. Esta situación se considera injusta, lo que ha producido llamados al combate a la desigualdad económica.

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Son las desigualdades económicas las que quiero ver más de cerca en los siguientes puntos.

• La “desigualdad económica” es un concepto relativo y por eso poco útil para la creación de soluciones. La desigualdad económica entre un billonario y un millonario puede ser sustancial, pero no representa un problema en sí mismo.

Mi punto es que la desigualdad económica es una forma inexacta de comprender el problema de la pobreza —de personas con ingresos tan bajos o nulos que tienen una muy mala calidad de vida. Este es el real problema y no el diferencial de ingresos.

• Cuando se plantea mal un problema, su entendimiento tiene fallas —lo que conduce a soluciones equivocadas. Si el problema se plantea como uno de desigualdad de posesiones de recursos, la solución se sesga hacia la igualación de posesiones.

Una muestra clásica de este error está en implantar políticas gubernamentales que consigan “que los impuestos logren una justa distribución de las rentas o riqueza”. El mecanismo de esta política fiscal implica un proceso con los siguientes pasos.

(1) Cobro de impuestos más altos a los más ricos —una discriminación legal según la definición anterior y que sería similar a la de cobrar más impuestos a las mujeres que a los hombres, o a los jóvenes que a los viejos.

(2) Acumulación de impuestos en el gobierno —no sólo los impuestos normales iguales para todos, sino también los impuestos adicionales cobrados sólo a los ricos.

(3) Otorgamiento de esos fondos a quienes la autoridad ha decidido —fondos que son menores a los recolectados debido a gastos administrativos y, si sucede, corrupción. En este paso, los grupos mejor organizados tendrán más probabilidad de recibir los fondos que quienes no lo están.

Es una política que tiene fallas graves —discrimina contra un grupo en favor de otro y no usa con eficiencia los fondos recolectados. Se presta, además, a formación de grupos de presión.

• Si el problema se planteara no como uno de desigualdad, sino de pobreza, es probable que las soluciones fuesen más productivas. Entendiendo a la pobreza como la incapacidad de la persona para generar recursos (riqueza) que le permita vivir razonablemente, los remedios se enfocarán a otro tipo de medidas.

Medidas como la capacitación, la educación y, sobre todo, el facilitar la apertura y crecimiento de empresas que creen empleos y, por eso, ocasiones para aumentar el ingreso de las personas.

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Lo que he hecho es explorar la idea de combatir la desigualdad económica por medio de políticas fiscales que propicien una distribución justa de la riqueza —concluyendo que se trata de una propuesta que parte de un mal planeamiento del problema de la pobreza y lleva a medidas discriminatorias e ineficientes.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Igualdad. También en ContraPeso.info: Redistribuciones.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


3 Comments

Jaume Jaume

Me parecen muy flojos los argumentos que he leído aquí. Yo veo muy claro que el % de impuestos sobre la renta o el aumento de riqueza de un individuo debe ir aumentando conforme se disparen los beneficios que acumula este individuo. Deben pagar mucho más % por dos motivos: 1) quien gana tanto derrochará más y se debe frenar el derroche ya que los recursos naturales del planeta son limitados; 2) quien gana tanto puede permitirse corromper a políticos, jueces o demás personas con poder y esto es muy peligroso ya que con la corrupción la mayoría de gente se despista y se fija solamente en los corruptos olvidándose de los corruptores que son los individuos más peligrosos para nuestra sociedad.

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droctavion

Atinado el punto central de la columna sobre la desigualdad como una problemática mal planteada desde su base misma que es la de suponer seres humanos uniformes e idénticos, sin variabilidad alguna y que deben ser forzados a un molde igual. Me permito agregar que efectivamente un gobierno no tiene autoridad moral para redistribuir riqueza que ha creado otra persona.

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José Luis Samper

Es cierto que una de las funciones del Estado es redistribuir la riqueza para reequilibrar los desequilibrios sociales. El que tenga que pagar más quien más tenga tiene una difícil justificación racional, salvo que se parta de un principio cristiano que, aunque secularizado, no deja de ser cristiano. Buena parte de esas ideas secularistas no son otra cosa que ideas cristianas que se han vuelto locas. Y tiene razón al decir que el problema que hay que abordar no es el de la desigualdad, sino el de la pobreza, el de aquellas personas que en un contexto de bienestar carecen de lo más necesario o malogran sus talentos por falta de oportunidades. La ley como instrumento para abordar esas situaciones con frecuencia más agranda el problema que lo soluciona.

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