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Convertirse en Europa
Selección de ContraPeso.info
9 enero 2013
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es tratar el fenómeno de europeización de los Estados Unidos.

Es una apuesta segura que cada estadounidense que ha viajado fuera de los Estados Unidos ha escuchado a gente que se lamenta de que sus sociedades están “americanizándose”.

Por lo general, con esto se refieren a la proliferación de cosas tales como la televisión estadounidense y las cadenas de comida rápida (aunque rara vez se abstienen de ver las películas de Hollywood o de comer en McDonalds).

Más recientemente, sin embargo, millones de estadounidenses han empezado a preguntarse si su país se está “europeizando”.

En cierto sentido, parece extraño decir que Estados Unidos está llegando a ser como Europa. Después de todo, cuando se trata de sus ideas políticas dominantes, cultura, instituciones religiosas e historia, Estados Unidos es obviamente una criatura europea.

Sin embargo, eso no es lo que hoy significa la europeización. En su lugar, se trata de la propagación por todo Estados Unidos de expectativas y arreglos económicos en contradicción directa con la fundación de su república.

Esto lleva a la priorización de la seguridad económica sobre la libertad económica; al estado que anualmente consume cerca del 50% del PIB; al envejecimiento y la disminución en número del último recurso económico (es decir, personas); a regulaciones extensas convirtiendo en la norma; y tal vez por encima de todo, a una situación en la que los incentivos económicos no se encuentran en el trabajo, la creatividad económica y la toma de riesgos, sino más bien en el acceso al poder político.

Hay una gran cantidad de evidencia que, desafortunadamente, sugiere que Estados Unidos está yendo por el camino hacia Europa Occidental.

En términos prácticos, esto significa políticas económicas socialdemócratas: las mismas políticas que han convertido a muchos países de Europa Occidental en un sinónimo de desempleo persistentemente alto, de mercados laborales rígidos, de bajo a nulo crecimiento económico, de deuda fuera de control y estados de bienestar, de niveles de impuestos absurdamente altos, de un número creciente de burócratas bien pagados, de casi una obsesión por la igualdad económica a cualquier precio y, sobre todo, de la negativa obstinada a aceptar que las cosas simplemente no pueden seguir así.

Es muy difícil negar que tendencias similares se están convirtiendo en parte del panorama económico de Estados Unidos.

Estados como California ya están allí —sólo pregunte a los miles de californianos y las empresas que han huido de la tierra de Nancy Pelosi.

La europeización también se refleja en la negativa de muchos estadounidenses a tomar en serio la crisis de la deuda del país. Del mismo modo, prácticamente todos los índices de libertad económica y de competitividad muestran que, al igual que la mayoría de las naciones europeas occidentales, la posición de Estados Unidos vis-à-vis otros países está en declive.

Entre enero de 2008 y enero de 2011, por ejemplo, hubo un crecimiento notable en la cantidad de regulaciones en los Estados Unidos —el ritmo es casi un 40% más que la tasa anual anterior entre 1992 y 2008.

Del mismo modo, entre 2008 y 2011, el número de personas que trabajan en las agencias reguladoras del gobierno federal aumentó en un 16% —un total de más de 276,000 personas — en un momento en el empleo del sector privado estaba cayendo.

No es de extrañar que el premio Nobel de Economía Robert E. Lucas preguntara en su conferencia Milliman 2011, en la Universidad de Washington, si Estados Unidos estaba “imitando las políticas europeas en los mercados laborales, de bienestar e impuestos.”

Estas tendencias son profundamente preocupantes. Pero hay buenas noticias.

Primero, sigue habiendo muchas maneras en las que Estados Unidos no ha sucumbido a la euroesclerosis. La asunción de riesgos empresariales y los niveles de emprendedores siguen siendo, por ejemplo, mucho más altos que en Europa.

Los mercados laborales de los Estados Unidos también siguen siendo más flexibles que los de Europa (a pesar de los sindicatos estadounidenses que hacen sus mejores esfuerzos en sentido contrario).

Segundo, los problemas de países como Grecia, Italia, España, Gran Bretaña y Francia están funcionando como una especie de sistema de alerta temprana. Son como el “canario en la mina de carbón” que nos ayuda a tomar las decisiones correctas y volver a los principios que hicieron a los Estados Unidos una superpotencia económica.

Y esta es la opción que cada vez más se enfrenta a Estados Unidos.

Podemos por un lado, continuar nuestra larga marcha hacia una forma de democracia social presidida por una omnipresente clase política al estilo europeo y sus grupos aliados; o bien, podemos adoptar una economía de mercado dinámica que toma en serio a la libertad y entiende que la intervención del gobierno en la economía debe y puede ser limitada.

Por supuesto que la decisión no es sencilla. Se trata de compensaciones, de priorización de valores diferentes y de desacuerdos fundamentales sobre el papel del gobierno.

Y estas discusiones van más allá de la economía. Son argumentos sobre qué tipo de cultura económica queremos que Estados Unidos abrace y refleje a los millones en todo el mundo para quienes este país sigue siendo una estrella polar de la libertad.

Pero no nos engañemos, el tiempo se acaba para Estados Unidos. No tenemos que llegar a ser Europa.

Sin embargo, a más grande deuda, a mayores reclamos [entitlements], a mayores regulaciones y a más estadounidenses que miran al gobierno como su salvación económica, más difícil será que Estados Unidos dé reversa a su camino hacia la decadencia económica permanente.

Un gran europeo y ciudadano estadounidense honorario, Winston Churchill, dijo una vez: “Siempre se puede contar con los estadounidenses para hacer lo correcto —después de que han intentado todo lo demás.”

Espero y rezo que aún sea cierto.

Nota del Editor

Aunque con Obama la europeización estadounidense es clara y notable, no es más que la profundización de ideas que han crecido en ese país bajo sus gobiernos recientes. Ideas que hacen pensar al ciudadano en la conveniencia de depender de favores gubernamentales.

Hay más ideas sobre la región, en ContraPeso.info: Europa. Véase, por ejemplo, Europa, el Continente Injusto, o Memo: a Europa.

También hay ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Estado de Bienestar, especialmente Estado de Bienestar: Una Definición.

A principios de 2009, se publicó en LibertadDigital.com que,

“La pregunta planteada por el científico social Charles Murray en la cena anual del American Enterprise Institute (AEI) no podría haber sido más simple: ¿Quieren los americanos que Estados Unidos sea como Europa?…

“Murray está convencido de que la europeización de Estados Unidos es una mala idea, y no sólo porque el modelo europeo crea “economías escleróticas” crónicas. Lo más significativo, según dice, es el hecho de que aceptar el modelo europeo significa desechar la revolucionaria reinvención del concepto de Gobierno que los Padres Fundadores americanos establecieron y de la relación entre el Estado y el ciudadano. Murray argumenta que esto inevitablemente “debilitará” las instituciones y costumbres que han sido responsables de que Estados Unidos sea una nación “robusta y vital”: en pocas palabras, una nación “excepcional”.”

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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