Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Corazón versus Cerebro
Eduardo García Gaspar
14 enero 2013
Sección: CRIMEN, DERECHOS, LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una muestra de la mentalidad de nuestros tiempos. Esa mentalidad que vuelve a los gobiernos entes hiperactivas.

Se llama Ley General de Víctimas y se aprobó hace unos días de forma unánime por los legisladores federales en México.

Quizá su principal rasgo sea ése, el haber sido aprobada por todos.

¿Quién quiere dar la apariencia de no tener corazón y compadecerse de las víctimas de un crimen?

Pero, ya en serio, no es una cuestión de corazón y sentimientos, es una de mente y raciocinio. Quisieron aparentar tener corazón, terminaron mostrando que no tienen cerebro. Nada nuevo.

La misma historia repetida una y otra vez, que suele nacer del frenesí que crea derechos… lo que hizo surgir una idea, la de que las víctimas del crimen tienen derechos. Obviamente los tienen, todos los tienen, víctimas y no víctimas.

Independiente de otros problemas, la ley tiene dificultades constitucionales por invadir esferas legales de los estados de la federación.

Lo que merece una segunda opinión es, sin embargo, lo que está detrás de las otras fallas de la ley: crea más burocracia y no contiene una definición aceptable de víctimas. A éstas, mal identificadas, les otorga capacidad de reclamo económico por “perjuicios, sufrimiento y pérdidas económicas”.

Un buen incentivo para fomentar la iniciativa de considerarse víctima por parte de quien quiera reclamar algún dinero sin gran esfuerzo.

Pero el fondo es un curioso mecanismo de transferencia de recursos: quien es evaluado como víctima recibirá recursos que son propiedad de otros que no son víctimas. Si su vecino es robado, usted le dará una plata. Así de simple. Usted y otros como usted.

Cuando los gobiernos sucumben al frenesí de crear derechos, en la misma proporción olvidan considerar los costos de hacerlo.

Esta ley no es excepcional y usará dinero en cantidades no calculadas, posiblemente enormes y pondrá presión en las finanzas gubernamentales. En conjunto con otras acciones similares, como regalar artículos escolares, elevará el gasto.

A esta consideración terrenal que pone atención en el pragmatismo de la escasez de recursos, debe añadirse otra, una consideración de justicia. Es injusto que pague las consecuencias del crimen quien no juega un papel en él.

Peor aún, el pago debe ser hecho, si es posible, por el criminal y eso es parte de su castigo. No tiene sentido castigar a todos los ciudadanos por crímenes que no han cometido, que es lo que hace tal ley.

Visto de otra manera, es un reconocimiento claro de un mal servicio de policía y tribunales. Si fuese el adecuado, la criminalidad sería menor y esta ley dejaría de tener sentido, si es que lo tiene.

Pero con una ley de víctimas de este tipo, la víctima tiene un incentivo para canaliza sus quejas al cobro de la indemnización, no a la captura del criminal. Incluso el gobierno consideraría que su tarea culmina con el pago a la víctima, no con la condena del culpable.

Otro aspecto, realmente notable, de la ley es el justificarla como algo necesario, que es parte de un “Estado solidario”, como la calificó Javier Sicilia, un poeta convertido en activista experto en leyes y criminalidad.

No, realmente no tiene nada de solidario la ley, al contrario. Daña a terceros, incentiva efectos secundarios, tiene costos incalculables y está mal orientada. Lo fascinante realmente es que una ley con tales fallas haya pasado por el congreso con aprobación total.

Por supuesto, una causa es la apuntada. Nadie de esos legisladores y sus partidos quieren dar la impresión de no tener corazón, de no tener compasión hacia las víctimas.

Todo un cambio en el rol de los legisladores, a quienes se paga por el uso de su cerebro, no por los sentimientos de su corazón y cuyos gastos se cubren con dinero que podía ir a carreteras, policía, jueces.

De nuevo, otro caso más de una epidemia actual de demasiada televisión y escaso seso. Otra terrible confusión de ideas, que coloca al gobierno como una agencia de caridad dispuesta a ayudar a todos los que reclaman derechos inventados.

La Ley General de Víctimas no es un acto aislado de estupidez gubernamental, es otra acción de una larga cadena de acciones tontas que llevan a injusticias y crisis de finanzas públicas.

Post Scriptum

La declaración de derechos de víctimas, definida por el derecho a recibir compensación por parte del gobierno por el crimen sufrido, es un derecho que altera el derecho a la propiedad que tiene el resto de las personas. Para satisfacer a la víctima, sus supuestos derechos, se altera el derecho a poseer que tiene el resto. A usted le quitan por la fuerza propiedades para dárselas a la víctima.

Una víctima lo es porque fueron violados sus derechos y esa violación no puede ser remediada con la violación de los derechos de otros.

Hay más ideas sobre el tema de ampliación febril de derechos en ContraPeso.info: Lista de Derechos. Véase Derechos Humanos: Etapas Históricas.

Sobre la hiperactividad legislativa, hay más ideas en ContraPeso.info: Exceso de Leyes. Véase la vieja idea de lo negativo que es este exceso.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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