Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Libros al Libro
Eduardo García Gaspar
28 marzo 2013
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La conversación era interesante. Muy interesante.

Se hablaba de libros. Especialmente de los más recientemente leídos por parte de un grupo de amigos.

Había de todo, pero especialmente novelas.

Algunas de ellas muy recientes y muy populares. La conversación giró a otra cuestión.

La de los libros leídos hace ya tiempo. Fueron momentos con algo de nostalgia.

Se mencionaron los que me imagino sean clásicos de la juventud de hace no mucho. Obras como Los Tres Mosqueteros, los de Sandokan, de Julio Verne, Bradbury y cosas por el estilo. Hasta Kipling salió a la conversación.

Creo que hubo conclusiones implícitas.

Una, leer es un gran placer, realmente grande. Más que otros que ocupan demasiado tiempo en comparación, como ver televisión. La conclusión es penosa, porque muestra que en estos tiempos seguramente la lectura es menor y las personas se pierden una gran diversión. Una que generalmente es de más altura que las alternativas.

Pero que en un giro perverso hace que los libros quieran competir con la televisión ofreciendo más vulgaridad y trivialidad, donde lo trastornado quiere hacerse ver como normalidad.

Otra conclusión fue la inocencia de algunos, esos que creen que lo escrito, por estarlo, es verdad irrefutable. Es el síndrome de El Código de Vinci, que afecta al lector incauto que confunde a una novela con Historia.

La conversación llegó a un punto fascinante cuando se habló de la Biblia. Todos pensaron que ella debía leerse, pero que pocos o nadie lo hace. Nos contentamos con conocer algunas partes célebres y algunas historias famosas y algunas frases que se repiten sin conocer su origen.

El problema es simple, el de cómo leer la Biblia. Obviamente no es un libro normal, como cualquier otro.

No puede abrirse la Biblia y empezar a leerse como si fuera una novela, o una colección de cuentos, o un tratado filosófico.

Es algo distinto, no por lo extenso del Antiguo Testamento, que lo es realmente. Ni por lo breve del Nuevo, que ocupa una pequeña parte. La conversación no finalizó con alguna conclusión clara sobre el tema, excepto por el reto de un amigo, que dijo, ¿si no se lee como un libro, entonces cómo se lee?

Es una buena pregunta, creo. Las siguientes son algunas ideas al respecto y de seguro cometen algún error a los ojos del teólogo experto.

En fin, primero la Biblia es una colección de libros de extensión variada, de diversos autores y de muchas épocas. Más aún, sus libros son de naturaleza diferente.

Los hay claramente históricos, que relatan sucesos y eventos, muchas veces de importancia nacional, otras de sucesos personales. Los hay que dan consejos y piezas sabias. Otros son proféticos, en el sentido de contener las palabras de Dios, casi literales. Otros son cantos y oraciones.

Por supuesto, no es una mezcla simple, que un novato pueda comprender de inmediato.

Todo está unido por un concepto claro, el de Dios. Y esto se toma por el creyente como un libro inspirado por Dios, lo que complica las cosas aún más.

Sí, realmente no es un libro como cualquier otro. En el Antiguo Testamento todo está centrado, además, en el pueblo judío. En el Nuevo, el tema da un giro a lo universal. En fin, leerlo es como entrar a una tierra desconocida que hace necesario un guía.

En las partes complejas, como con los profetas, llega a ser incomprensible sin esa guía. En las partes narrativas, como en los evangelios, la riqueza del contenido es tal que sin guía puede uno perderse.

Y con todo, en mi experiencia, es un terreno en el que debe entrarse, incluso sin guía. La simple curiosidad de conocer el libro más leído de todos los tiempos debería ser suficiente para curiosear sus contenidos.

La leí, casi completa, hace cerca de cuarenta años. Como si fuera un libro, por una mezcla de curiosidad y obligación. Comprendí muy poco.

La estoy leyendo ahora poco a poco, en dosis muy pequeñas y en orden. Trato de entender qué dice, a veces lo logro. Pero la parte más interesante es tratar de entender qué me dice a mí en el sentido de saber qué hacer con mi vida.

También lo logro en ocasiones. Y eso es precisamente lo mejor, porque, al final de cuentas, siendo creyente, pienso que está inspirada por Dios y que es una manera en la que El me habla, lo que me resulta francamente sorprendente cuando lo pienso. No, no es otro libro más.

Post Scriptum

En lo general, la creencia de que la lectura personal de la Biblia es suficiente para conocer a Dios y actuar de acuerdo con su palabra, es la base del Protestantismo: la sola escritura basta para que cada cristiano se acerque a Dios. Nada más es necesario.

La otra posición es la que dice que no basta la sola escritura, que es necesaria una tradición interpretativa de los textos sagrados. Esta es la base del Catolicismo.

Entre las dos, me parece mucho más razonable la católica. Pensar que yo puedo leer la Biblia y entenderla lo suficiente como para creer que mi interpretación es la verdadera, es demasiado soberbio. Y, peor aún, me enfrentaría al problema de otro como yo que haya hecho lo mismo y entendido las cosas de forma diferente.

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