No existe el déficit comercial. Es una ficción de la contabilidad económica nacional que ignora que en el comercio hay intercambios y que ellos son de beneficio para todos.

Quizá sea una maldición. Quizá sea sólo la persistencia de un engaño. Una idea repetida hasta la saciedad. Pero la realidad es innegable: no existe un déficit comercial (tampoco un superávit).

El porqué subsiste esa idea, la verdad, es inexplicable. ¿No me cree? Déme una oportunidad. Comienzo con la contabilidad de una empresa.

Una empresa y su «déficit comercial»

Digamos que ella compra un camión de reparto, que cuesta mil pesos. Su contabilidad refleja esa compra en dos partes. Hay una salida de efectivo y hay una entrada a activos.

La empresa no ha sufrido ningún déficit, ni el vendedor del camión tiene un superávit.

Esa es la contabilidad normal de cualquier empresa. Es un registro de una decisión económica como millones hay al día. La empresa consideró más valioso al camión que a los mil pesos.

Juzgó que le sería de más utilidad usar el camión que tener ese dinero en el banco. Y quien vendió el camión decidió que era mejor tener ese dinero en la caja que seguir poseyendo el camión.

Si la empresa que compró el camión y la que lo vendió están a unos metros de distancia, nadie tiene la ocurrencia de hablar de déficits comerciales. No existe el déficit comercial de una y un superávit de la otra.

Tampoco cuando ambas empresas están dentro del mismo país. Sería visto como un loco quien propusiera calcular déficits comerciales entre el estado de Chiapas y el de Sonora, dentro de México.

La empresa compra en el extranjero

Supongamos que ahora la empresa compra el mismo camión en otro país y que paga por él también mil pesos.

La contabilidad de ambas empresas sigue igual, no se afecta por el número de kilómetros entre ellas, ni por la existencia de una frontera entre ambas.

Una registra la salida de metálico y la otra una entrada. Una registra la salida de un producto y la otra la entrada de un activo.

Nada hay en eso que signifique un déficit ni un superávit. Ni entre las empresas que están a unos pocos metros, ni entre las que están una al otro lado del mundo de la otra.

El origen del problema

Un déficit comercial no existe, es una ficción contable, algo que surge de la manera siguiente.

Si usted sólo pone atención en la salida de dinero de la empresa y nada más que en eso, verá que una parte tiene menos dinero y que la otra tiene más.

Entonces podrá decir que la empresa que pagó por el camión ha perdido y tiene un déficit. Y que la que vendió el camión, entonces, tiene un superávit.

Pero eso es miopía. Se ha olvidado ver al camión que ha pasado de unas manos a otras. Ahora, una de las partes tiene un camión y la otra no. También una de las partes tiene más dinero en caja y la otra menos. Entre las dos cosas, no puede haber déficit comercial, ni superávit.

Y si alguien insiste en hablar de déficit (por salida de dinero), entonces habrá que añadir un superávit (por entrada de camiones).

Una conclusión clara

Creo que el punto queda claro y en realidad no existe un déficit comercial, ni su contrario.

Todo lo que ha sucedido con el comercio entre empresas y personas de países diferentes es exactamente igual a lo que sucede entre empresas del mismo país. Entre ellas han intercambiado bienes. Eso es todo.

Pero si usted pone atención solamente en el movimiento de efectivo, verá un panorama miope y parcial. Verá que de un país ha salido dinero y que ha entrado a otros y que eso es injusto.

Y se rasgará las vestiduras creyendo que uno de empobrece y el otro se enriquece. Una mentira por supuesto, la que olvida que también hubo un traslado de bienes de un sitio a otro, en el sentido opuesto al del dinero.

Más aún, suponga que se registra un déficit comercial, que el país A ha mandado más dinero al país B, que el país B ha mandado al A, en sus importaciones y exportaciones.

Todo lo que eso significa es que en el país A existen más productos del país B que el B tiene de A. Eso es todo y ninguno sufre un déficit, ni un superávit.

Son personas no países

Más aún, el comercio internacional no lo realizan los países entre sí. México no hace comercio con EEUU.

Quienes lo hacen son personas y empresas dentro de cada uno de esos países, las que llevan sus propias contabilidades, en las que no existen déficits ni superávits por comprar a otros.

El error de creer que existe el déficit comercial es que da pie a medidas malas, como la idea de que prohibiendo importaciones se mejorará a la economía del país, al evitar que salgan divisas.

Creer eso es lo mismo que pensar que usted mejorará su vida dejando de comprar nada que no sea producido a unos pocos metros de su casa, para evitar que haya déficit comercial en su barrio. Un aislacionismo total.

Y unas cosas más…

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Libre Comercio.

La explicación contable del déficit comercial la tomé del libro de Cox, J. (1997). The concise guide to economics. Savannah-Pikeville Press, pp. 129-131.

Bonus scriptum: más sobre el tema

Déficit comercial inexistente

Por Leonardo Girondella Mora –   5 agosto, 2014

En las discusiones acerca del libre comercio entre países, sus opositores argumentan de varias maneras.

Superávit bueno, déficit malo

Un saldo positivo en la balanza comercial es bueno y un saldo negativo de la balanza de pagos es malo.

Esta balanza comercial contiene un registro de las importaciones y exportaciones de mercancías entre un país y el resto de los países.

El ideal sería exportar todo lo posible e importar lo menos posible, incluso nada.

Los déficits en la balanza comercial se explican por la falta de competitividad del país, lo que puede tener varias causas. Entre las que cada quien selecciona sus favoritas: demasiados impuestos, falta de un plan para apoyar las exportaciones y muchas más.

Los déficits de la balanza tienen un remedio unilateral, el imponer tarifas a las importaciones —o incluso prohibirlas—, de forma que su precio se eleve y la cantidad demandada se reduzca.

Las razones se sustentan en los registros de la balanza comercial y sus dos resultados posibles, el mostrar superávit o déficit en el caso típico —aunque podría mostrar un resultado de “cero”.

La percepción general actual es considerar positivo al superávit y malo al déficit reportado en la balanza.

Esto lleva a tener discusiones cuyo sentido es encontrar medios para reducir el déficit y aumentar el superávit. Algo que es absurdo porque el déficit comercial no existe.

Y aún así…

A eso se reduce la discusión derivada de la balanza de pagos y sus resultados —una discusión que se repite en medios, columnas y diálogos personales.

«Ecuador espera bajar al mínimo su abultado déficit comercial en el 2014 tras fijar nuevas normas de calidad para el ingreso de más de un millar de productos comprados en el exterior, dijo este martes un funcionario». eluniverso.com

«Con base en datos disponibles de la dependencia desde 1990 respecto a este indicador, la balanza comercial con China nunca ha sido favorable para México y por el contrario, año con año aumenta el déficit comercial». informador.com.mx

«La Argentina mantiene una balanza comercial negativa con 29 países, seis naciones más que en 2009. Así, pese al cepo importador impuesto por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, actualmente el comercio es deficitario con uno de cada tres países». iprofesional.com

«Si la crisis está trayendo algo bueno a España es que está reduciendo nuestro elevado déficit comercial. En los dos primeros meses del año el déficit comercial se redujo, frente al año anterior, casi un 40%, debido a que las importaciones cayeron más que las exportaciones. Es decir, nuestra bajada de consumo está afectando fuertemente a nuestras importaciones». elblogsalmon.com

En resumen

Creo que es claro un par de cosas: (1) el déficit comercial es un tema en el que se pone atención y (2) se le considera un problema que amerita una solución.

Mi posición al respecto comienza apuntando la falta de sentido que tiene esa forma de enmarcar el comercio entre personas que, accidentalmente, se encuentran en dos países distintos. La única variable que justificaría llevar un registro comercial entre países.

Si la balanza tiene sentido, también la tendría en los casos siguientes.

La persona sola

La persona individual llevaría ese registro de salidas y entradas de mercancías de su casa, encontrando que sería deficitaria.

Su déficit con los supermercados serían como para ponerlo en un estado frenético de alarma.

La ciudad o región solas

•Si se contabilizara las salidas y entradas de mercancías entre una ciudad y el resto de las ciudades del mismo país, se encontraría el mismo problema.

Los déficits con muchas de ellas, lo que alarmaría a su alcalde.

El caso es que no acontece tal alarma dentro de un país por déficits en la balanza comercial entre personas, entre barrios, entre ciudades, entre provincias, entre regiones. Solo alarma entre naciones, lo que no tiene sentido.

Si las dos personas que comercian entre sí están una en Mérida y la otra en Toluca —dentro de México— y no hay en esto un cálculo de déficits, tampoco tiene sentido que ellos se calculen cuando una persona está en Buenos Aires y la otra en Lima.

La variable de localización geográfica no altera la naturaleza del intercambio comercial entre personas. Solamente entre ellas puede hacerse, jamás entre naciones. Y el intercambio de bienes es lo que muestra el error que se comete.

Si quien está en Santiago vende vinos a uno que está en Quito, la balanza contabiliza solamente el pago hecho a la persona en Santiago y declara un deficit en la balanza de Perú. Con una ausencia importante: en Quito tienen ahora ese vino importado y no los chilenos.

Si la balanza se calculara en botellas de vino, el déficit iría en sentido opuesto y lo padecerían los chilenos —con los peruanos teniendo un superávit.

Todo lo que he intentado hacer es resaltar la curiosa atención que se le pone a un concepto irrelevante en el comercio exterior. No, el déficit comercial no existe, es una ficción.

Y una cosa más

Las tres razones argumentadas en contra del libre comercio las tomé de la obra de Friedman, D. D. (2000). Law’s order: what economics has to do with law and why it matters. Princeton, N.J: Princeton University Press.