Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia. La Original
Eduardo García Gaspar
22 enero 2013
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Para esa persona, la democracia lo era todo. No había nada que la democracia no pudiera realizar.

Podía solucionar conflictos, podía dar bienestar, podía remediar los problemas mundiales.

Muchos piensan así y se convierten a veces en paladines de algo que desconocen.

Porque a esa persona le sucedió algo fascinante.

Cuando se le preguntó qué era democracia, no supo realmente qué responder. Habló de igualdades, de derechos, de bien común y otros supuestos logros democráticos, como las elecciones… pero sin nada sustantivo.

Realmente nunca supo definir en unas pocas ideas qué era eso que defendía con tanto ardor.

Intentemos hacerlo por mera curiosidad. Su origen más básico y simple es el de intentar impedir abusos de autoridad, excesos de gobierno.

Esa es la explicación de Montesquieu (1689-1755) en su libro. Se entiende la idea por los excesos y abusos de los gobiernos en esos tiempos (no muy diferentes de los actuales).

Si ese es el objetivo, lo más curioso de la democracia es el cómo propone evitar los abusos de autoridad. Lo que implanta es simple: dividir al poder gubernamental, evitando su concentración.

Tiene sentido hacerlo, porque conforme se centraliza el poder aumentan los abusos. Y lo hace con la división de poderes que todos conocemos, legislativo, judicial y ejecutivo.

Si cualquiera de esos tres poderes se une a otro, se viola esa división. Esta es una gran idea. Es fácil ver que donde se acumula poder, se dan abusos de poder, como en Venezuela o en Cuba.

Cualquiera puede entenderlo. Pero no queda allí, esa idea de dividir al poder es de largo alcance. ¿Qué hacer en el terreno económico, o en el educativo, o en el cultural?

La respuesta es la obvia y natural, dividirlos también: evitar concentraciones de poder en esos terrenos, pero, sobre todo, algo que sorprende a muchos: evitar que el gobierno tenga poder económico.

Eso sería otra forma de concentración de poder y, por ello, negativo. Un ejemplo claro es la violación del ideal democrático en México, donde el gobierno es propietario del monopolio petrolero.

Toda la esencia democrática es la de obsesionarse con evitar la acumulación excesiva de poder.

Un caso de clara violación de ese principio es el monopolio educativo en manos estatales. Acumular el poder político al poder educativo es simplemente demasiado. Se presta a abusos.

Es en estos momentos cuando muchos adoradores de la democracia comienza a toser. No les agrada esta lucha en contra del poder concentrado.

Pero lo que ella propone es simple: no concentres demasiado poder en quien ya tiene mucho, el gobierno. El poder tiende a ser abusado en la medida en la que se concentra en pocas manos. Divide los poderes gubernamentales, no los unas a los económicos, ni a los culturales, ni educativos, ni artísticos, ni religiosos.

Es demasiado peligroso, tendrás abusos y excesos. Digo que muchos tosen porque se encuentran en un dilema. Ellos han prostituido a la democracia para que signifique lo contrario de lo que es.

Son ellos los que la han transformado en otra cosa, los que creen que la democracia es una concentración de poder en el gobierno para que éste dirija a la sociedad. Por eso le dan poderes económicos y poderes culturales y educativos y demás.

Esta metamorfosis es realmente notable. Puede verla en Cuba o Venezuela, que presumen de ser países democráticos, cuando en realidad no lo son. Pero también en México y en Argentina, como en EEUU y, mucho más, en la UE.

Lo que ha sucedido es comprensible. Lo ejemplifica muy bien esa persona que se lanzó a una letanía de elogios de la democracia sin saber bien a bien que significaba.

La democracia se ha convertido en algo que tiene una connotación muy positiva, pero cuya esencia se ignora. La alaban, pero no saben qué es. La consecuencia es la lógica.

A todo lo que quieren alabar lo llaman democrático y con eso creen convertir a cualquier cosa en algo bueno.

Llaman, por ejemplo, a las educación pública democrática y piensan que por eso es buena, cuando en realidad no lo es. Al contrario. O dicen que una empresa estatal es democrática, cuando de verdad es lo opuesto.

Si se fuese lógico y razonable, la democracia nos llevaría a lo opuesto de lo que tenemos, a un gobierno pequeño con poder dividido. No a gobiernos grandes, excedidos, con demasiado poder, que es lo que padecemos en nuestros tiempos.

Post Scriptum

Recuerdo que cuando existía la Alemania Democrática, la dominada por la URSS, se decía que la Alemania Democrática era precisamente la que no lo era.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Democracia. Véase Más Allá de la Democracia.

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