Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia, Tiene Fallas
Eduardo García Gaspar
2 julio 2013
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es un síntoma común de un trastorno poco conocido.

Me refiero a las alabanzas sin fin que recibe la democracia.

Una y otra vez, sin temor a parecer exagerado, se cantan las virtudes democráticas sin darse cuenta de sus peligros, de sus riesgos.

Los halagos sin fin de la democracia son parte de la retórica política, pero también de la imaginación popular.

El tema bien vale una segunda opinión, para poner las cosas en una mejor perspectiva.

Comencemos por el principio: nada en nuestro mundo es perfecto ni libre de defectos. Ningún sistema político, ningún régimen económico, puede decir que es tan magnífico que no tenga errores.

Es cierto que hay sistemas políticos y económicos que son claramente superiores a otros, pero ninguno de ellos puede reclamar la magnificencia de la perfección.

Esto tiene una conclusión poco tratada: si seleccionamos al mejor de los sistemas políticos haremos muy mal si decidimos ignorar sus riesgos y defectos. La democracia no es excepción.

El más obvio de ellos es ése precisamente, el creer que una vez establecida la democracia, ello garantizará una vida mejor para todos. La decepción inevitable que sigue es obvia y entonces ese desencanto producirá deseos de abandonarla y moverse a un régimen manos libre, que no es tan bueno como la democracia.

Otro defecto, uno menos obvio, es el olvido del fondo de la democracia, del valor en el que se sustenta. Creyendo que la democracia es perfecta en sí misma, se ignora la columna que la sostiene, que es la libertad, llegando a creerse posible que la democracia podrá existir sin libertad. Sólo de nombre subsistirá.

Tercero, la democracia tiene a ser definida de muy diversas maneras, a gusto del que hable de ella. Por ejemplo, en México, ella se redujo a la creencia de tener elecciones en las que el voto sea respetado. Eso fue todo y se olvidó la esencia de la libertad junto con las nociones republicanas. El resultado es el régimen existente ahora, una lucha de poderes entre partidos.

Otro defecto de la democracia reducida a emitir votos por parte de ciudadanos. El ciudadano recibió un derecho que es respetado, pero éste no comprendió la obligación que su derecho le impone: el elegir a los mejores candidatos para gobernar, no a los candidatos que más prometen dar.

Es decir, la democracia tiene el riesgo de ser convertida en un sistema político de concurso de dádivas a la población: becas, ayudas, subsidios, tratos preferentes. Esto tiene una consecuencia grande, pues hará que los gobiernos crezcan en poder y manejo de recursos, lo que va en contra de la mentalidad democrática que quiere gobiernos limitados.

Quinto, la democracia, con su énfasis en la libertad humana, es realmente un cambio de forma de pensar, un cambio en la cultura del país que la implanta. Será difícil que la democracia dé sus buenos frutos en donde las personas mantengan ideas del antiguo régimen.

Un caso es muy claro en México, el del mantenimiento de la idea del presidente que todo lo puede como en el régimen anterior. Es una democracia el presidente no tiene ya el poder enorme del pasado. No maneja al legislativo, ni al judicial a su antojo. No tiene control absoluto sobre los gobiernos estatales. Y, sin embargo, se sigue pensando que mantiene ese poder.

Otro caso similar es el de los grupos corporativistas, sobre todo, sindicatos. Fueron ellos creados para el sostén de un régimen centralista y presidencialista, no para una democracia. En realidad, la democracia atenta contra su forma de vida y su misma existencia. Las huelgas de maestros en México ilustran esto.

No es como para desesperar, pero sí es para entender que los halagos a la democracia le hacen más mal que bien. Creyendo que ella es una herramienta que por arte de magia todo lo hará mejor, inevitablemente producirá desencanto. Todo por no entender que a eso a lo que hay que cuidar no es la democracia, sino la libertad humana.

En donde eso no sea entendido, la democracia logrará lo opuesto de lo que se propone, el crecimiento sin medida del aparato gubernamental y, por eso, la pérdida de libertades.

Sí, es un problema serio, cuyo fondo está en esa confusión, la de creer que al ser democrático un país ya tiene todo resuelto.

No, de hecho es cuando empiezan los retos y los problemas para los ciudadanos. Pueden ellos vivir en una dictadura con tan sólo obedecer a sus amos, pero en una democracia tendrán ellos que valerse por sí mismos.

Post Scriptum

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