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Derechos Que Asfixian
Selección de ContraPeso.info
29 mayo 2013
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Fernando Pascual. Agradecemos a Arcol.org el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es examinar los derechos de propiedad en nuestros tiempos.

Al estudiar el mundo de la Edad Media quedamos sorprendidos al descubrir cómo los textos se copiaban y se difundían sin grandes problemas, muchas veces con un extraño desinterés sobre quién hubiera sido el autor de este o de aquel escrito.

Es cierto que en aquel tiempo no había imprentas ni oficinas para el registro de obras.

Pero también es cierto que entonces el saber era algo que no pertenecía a los particulares: una idea buena (válida, verdadera) merecía ser difundida, sin tener que indicar quién la había descubierto o expresado con estas o con aquellas palabras.

El mundo moderno es mucho más complejo. Existen derechos de autor sobre escritos, sobre obras de arte, sobre páginas de Internet, sobre programas de radio y de televisión, sobre descubrimientos científicos, sobre medicinas.

Incluso sobre la fotografía de una obra de arte reciente pueden existir problemas de “copyright”: aunque uno mismo haya tomado la imagen, si se publica sin el permiso del artista a veces inician los problemas.

Notamos así el peligro de caer en normativas sobre los derechos de autor que asfixian.

Porque una verdad, sobre todo si es beneficiosa para los más necesitados, no puede tener límites de difusión: bloquear la producción de una medicina necesaria para millones de personas carentes de recursos por culpa de patentes excesivamente complejas y costosas es algo que raya en la injusticia.

Alguno dirá, con razón, que el extremo opuesto tiene sus desventajas. ¿Qué ocurriría si todo pudiese ser copiado y difundido sin límites?

¿Qué incentivos habría para los laboratorios si cualquier descubrimiento se convirtiera automáticamente en usable por las empresas, sin ninguna remuneración para quienes trabajaron seriamente en encontrar una importante fórmula química apta para curar enfermedades de gravedad?

Encontrar un justo equilibrio no es fácil. En estos temas, como en la mayoría de los asuntos humanos, hay que valorar bien los puntos a favor y en contra de cada opción.

Pero un aspecto que jamás debería ser dejado de lado es el que nos lleva a reconocer que la verdad, el bien y la belleza no son propiedad exclusiva de nadie, ni siquiera de quienes los “descubren” y “elaboran” con escritos o con aparatos sumamente complejos.

Por eso, hace falta corregir aquellas normativas que ahogan una sana difusión de las ideas. Quizá haya autores y descubridores que ganen menos dinero.

Pero ese “menos” estará compensado por algo mucho más grande y bello: la alegría de ver cómo algo conquistado, a veces tras un largo esfuerzo, sirve para ayudar a otros y para promover un mundo más justo, más acogedor y más abierto.

Nota del Editor

El tema que trata F. Pascual es realmente vital. El dilema fuerte que se presenta entre la propiedad del creador y el uso de esa creación por parte de terceros. No es, al final de cuentas, algo muy distinto a la situación diaria que enfrentamos al entrar a un supermercado.

Llego yo a la tienda y compro una creación de alguien, por ejemplo, una cerveza Heineken. O entro a una librería y compro una obra de Stephen King. O a otro comercio y compro un disco de la Sinfónica de Berlín. O a una farmacia y compro un Alka-Seltzer. O a otra, la AppStore de Apple y compro un juego de Angry Birds. O a una galería de arte y compro una pintura de un nuevo artista.

En todas esas acciones hay un supuesto: la traslación de la propiedad de un bien, creado por otro, a quien lo adquiere (podría ser un regalo también, con el consentimiento del dueño original). La propiedad del bien cambia de manos, de ese bien concreto comprado, la cerveza por ejemplo.

Pero ese traslado no es nada más que un cambio de propiedad de esa botella de cerveza, o de ese libro. No es un cambio de propiedad del para poder crear esos bienes. No tengo la propiedad de fabricar Heineken, ni de hacer copias del disco, ni de la App y venderlas por mi cuenta.

Es verdad, como dice Pascual que “la verdad, el bien y la belleza no son propiedad exclusiva de nadie”, pero no es tan claro lo que también él dice, que la verdad, el bien y la belleza tampoco son propiedad “de quienes los ‘descubren’ y ‘elaboran’ con escritos o con aparatos sumamente complejos”.

Un bello cuadro es en primera instancia propiedad de su autor y de nadie más que él. Puede venderlo o regalarlo, en cuyo caso habrá otro propietario incuestionable del original, el que podrá venderlo… hasta que llega el caso del propietario actual. No es difícil de determinar esto.

La sencillez del esquema comienza a oscurecerse con el caso de grabaciones de música, donde comprar el disco es tener propiedad sobre una copia exacta de un original como la interpretación de una obra de Mozart. Puedo usar esa copia como yo quiera, pero no como propietario del original. Es decir, puedo regalarla, tocarla, destruirla, prestarla, pero no copiarla con el objetivo de distribuirla masivamente y alterar la propiedad del original.

Más oscuridad hay en los derechos de propiedad de patentes de medicinas, por ejemplo, donde se vende la medicina pero no los derechos de propiedad original. Puedo usarla, pero no reproducirla alterando la propiedad original de su creador. Puedo citar a un autor cualquiera, pero no puedo pretender hacer pasar sus ideas como si hubieran sido creadas por mí.

No fue Poe propietario de la belleza de El Cuervo, ni León Felipe de la belleza de sus poemas, pero sí lo fueron de su creación específica y concreta. Sería injusto no reconocer su genio aceptado su autoría y, por eso, su propiedad. Si quiero difundir la belleza de algunas de las arias cantadas por Plácido Domingo sería injusto hacerlo de manera en la que él no participara en esa difusión.

Es posible pensar en una posibilidad realmente Cristiana: dejar a la libre decisión del propietario de una patente medicinal la opción de donarla para su libre uso, igual que hace quien dona dinero a una institución caritativa.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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