Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dinero: Historia Inevitable
Eduardo García Gaspar
6 marzo 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


Tenemos maravillas a nuestro alrededor. Solemos no apreciarlas.

Las damos por hecho. Creemos que siempre han existido, que vienen sin esfuerzo.

Una de ellas es el dinero. Piense usted en cómo comprar una cerveza sin la existencia de dinero.

No digo que usted no tenga dinero, sino que el dinero no exista.

Para comprar la cerveza usted tendría una sola posibilidad, la de intercambiar una de sus posesiones por la bebida. Quizá ofrezca un paquete de cigarrillos, pero puede ser que el propietario de la cerveza no fume.

Entonces tendrá que encontrar otra cosa, quizá un peine, pero el de la cerveza ya tiene uno. Las dificultades son tremendas en intercambios sin dinero, lo que llamamos trueques.

Su problema es simple, el de coincidencias poco probables. Lo que usted quiere necesita encontrar un propietario que concuerde con lo que usted ofrece. Toda una dificultad.

Imagine comprar así una casa, o un lápiz, o una medicina urgente. Sabemos que la solución es una cosa que se llama dinero. Un bien que tiene aceptación por parte de todos.

El dinero es un común denominador del valor de los bienes, algo que puede expresar en equivalencias el precio de una cerveza comparado con el de un tractor. Más aún, es transferible de unas manos a otras y puede guardarse.

Si usted vende su casa y no necesita comprar nada con ese dinero, puede almacenarlo. Mejor aún, es portátil, puede llevarse a todas partes por si acaso encuentra usted en venta la estatuilla de Baco que siempre quiso.

Con esto en mente, podemos ver lo que permite crear dinero, el material que lo produce. El caso típico es el oro, o la plata: divisibles sin perder valor. Podría ser otra cosa, pero eso ha sido lo acostumbrado.

En este caso, ese dinero o monedas de oro o plata, tienen un valor real, reconocido por todos en todas partes. Usted lleva consigo la cosa que vale.

Pero, en nuestra experiencia cotidiana no llevamos monedas de esos metales. Tiempo atrás se usaban papeles que representaban esos metales, lo que es más cómodo.

Los papeles circulaban y se confiaba en ellos por una razón: usted podía ir al banco central y cambiarlos por el metal. Eso si quería.

Ya no sucede eso. Ya no se puede ir al sitio donde guardan el oro y pedir que le den el equivalente. Lástima, pero eso es lo que pasa hoy y, entonces, el dinero tiene una naturaleza distinta, muy distinta.

Hoy el dinero que usted y yo tenemos en la cartera es en realidad un acto de fe. Fe en que los pedazos de papel, que suelen ser muy artísticos y tecnológicos, sean aceptados por el resto de la gente.

Y lo son, que es lo que les hace valer. Por eso este tipo de dinero se llama fiat (como la marca de automóviles, y connota la idea de que “así sea”). En otras palabras, ese dinero tiene valor por un acto de autoridad gubernamental y nada más que eso.

No tiene valor en sí mismo, ningún valor. No tiene respaldo físico, como reservas en oro. Su único respaldo es la confianza que puede tenerse en una autoridad política. Una evolución interesante, que coloca un gran poder en manos de quien ya tiene mucho.

Me imagino que la creación del dinero fue progresiva, producto de ingenio y ensayo-error, hasta llega a usar metales preciosos. Todo iba bien hasta que sucedió lo de siempre.

Se consideró que el dinero era importante y que por eso tenía que estar en manos de los gobernantes quienes garantizarían su valor constante acuñándolo con su signo. Lo que sucedió fue lo natural.

Todos conocemos que el vicio y la adicción de todo gobernante es gastar más de lo que tiene. Teniendo el dinero a su cargo, la tentación fue irresistible: reducir la cantidad de oro en las monedas y emitir más monedas. Así el gobernante podía pagar sus guerras y sus lujos.

Pero sucedió algo imprevisto: la moneda bajo de valor a los ojos de la gente. Con menos oro, se necesitaban más monedas para comprar lo mismo que cuando la moneda tenía más oro.

Eso mismo sucede ahora, no con monedas de oro reducido, sino con más papel impreso como dinero. O con más dinero virtual en los bancos, abonado en sus cuentas por el banco central. Una repetición de de la historia inevitable. Los gobiernos toman lo que consideran que es lo más importante y lo abusan en su provecho.

En fin, tenemos en el dinero una historia inevitable. Tenía que ser inventado y creado por ser una necesidad absoluta.

Y, lo malo, tenía que ser mal usado como consecuencia de haber caído bajo el poder del gobierno y producir eso que se llama inflación.

Post Scriptum

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