Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Brechas, un Peligro
Eduardo García Gaspar
19 septiembre 2013
Sección: CIENCIA, EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un asunto de brechas y fisuras. Es el contrate que presentan avances por un lado, pero retrocesos del otro.

El resultado es un boquete que crece cada día.

B. Tuchman (1912-1989), la historiadora, lo ilustró al contrastar el avance general del conocimiento contra gobiernos en los que nada se adelanta.

Por ejemplo, conocemos la composición del ADN y ponemos satélites que transmiten televisión, pero ningún avance hay en la mejoría del desempeño de los gobernantes que cometen los mismos errores de hace siglos.

Es una brecha de adelantos y retrocesos.

Un filósofo, M. Adler (1902-2001), habló de una brecha similar, la del conocimiento contra la sabiduría.

Escribió que si se considera a las ciencias y a la sabiduría, desde los tiempos antiguos hasta los actuales, es claro que han existido progresos en la ciencia, pero el avance en la sabiduría es dudoso.

Esta brecha es, según él, quizá el problema más serio de nuestros tiempos. La situación es riesgosa cuando se tiene el gran poder que da la tecnología y la ciencia, sin que haya un aumento similar en el avance de la sabiduría.

Aunque tenemos una idea de lo que es sabiduría, conviene detallarla un poco.

Sabiduría implica virtudes y habilidades, para usar a la razón en la realidad, para pensar mejor y razonar con disciplina.

Es un asunto de discernimiento, sentido común, abstracción de ideas, prudencia, entendimiento. Lo contrario a sabiduría ayuda a entenderla: idiotez, necedad, estupidez.

Las dos brechas, la de conocimiento-gobiernos, y la de conocimiento-sabiduría, tienen explicaciones. Varias de ellas.

Una tiene que ver con la obsesión desordenada por lo nuevo, sea lo que sea. Es lo que hace desechar todo lo que huela a viejo, es decir, con más de cinco o diez años.

Tener el último iPhone no es malo en sí mismo, pero tiene un efecto negativo cuando hace olvidar cosas pasadas que tienen valor, como las experiencias de quienes nos precedieron.

Al poner las experiencias anteriores, nos convertimos en víctimas tontas de errores que fueron aprendidos antes y hoy podían haber sido evitados.

Esto tiene que ver con el conservadurismo. Con reconocer que el progreso depende de aprender de lo sucedido antes, es el error de no conservar las experiencias de quienes vivieron antes que nosotros.

Sí, es ser conservador en el sentido de ser sabio, de aprovechar lo vivido en otros tiempos. Porque queriendo ser modernos nos convertimos en ingenuos que creen que en los tiempos pasados sólo vivieron idiotas.

O tal ver, la brecha puede explicarse por la existencia de dos tipos de inteligencia. Una la científica y tecnológica, que hemos desarrollado ampliamente, la otra la filosófica, la sabiduría que nos da sentido común, reglas para pensar en cosas que no son posible de ver en un laboratorio.

En las ciencias y en la tecnología, se avanza desechando conocimientos menos exactos a los actuales, pero no se ignoran las teorías viejas.

En cambio, en las cuestiones de sabiduría cualquier novedad es tomada como mejor que todo lo viejo, aunque no lo sea. Ni siquiera se voltea a ver lo bueno que se hizo antes.

Reconocer esas brechas es fácil en los sucesos actuales. Conocemos mucho de física, de biología, tenemos medicinas que hace dos décadas eran ideas soñadoras; pero en actos de gobierno, por ejemplo, siguen cometiéndose los mismos errores de hace siglos, como emitir moneda y sus equivalentes.

Es decir, existe un panorama que apunta a un escenario peligroso. Si la tendencia sigue, las ciencias y las tecnologías nos darán un enorme poder para crear todo tipo de adelantos y satisfactores… pero al mismo tiempo, con menos sabiduría no tendremos poder alguno para guiar nuestras vidas.

Seremos quizá como el hombre que conduce un automóvil con todos los sistemas de seguridad, con sistemas de localización satelital, pero que no sabe a dónde va, ni le interesa saberlo.

Tener gran poder científico y tecnológico nos ha deslumbrado, lo que es comprensible, pero la ceguera producida nos ha impedido saber quiénes somos, por qué existimos, a dónde vamos.

El síndrome lo representa bien esa escena en la que personas sentadas frente a frente se ignoran una a la otra mientras atienden a su teléfono inteligente. Son expertas en el uso de la tecnología, pero ingenuas en el trato personal.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Brechas. Los libros consultados son los de:

• Tuchman, B. W. (1985). The March of Folly: From Troy to Vietnam. Ballantine Books.

• Adler, M. J., & Weismann, M. (2000). How to think about the great ideas. Chicago: Open Court.

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