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Educación Ética
Selección de ContraPeso.info
27 agosto 2013
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Fernando Pascual. Agradecemos a Arcol.org el amable permiso de publicación.

La idea central del escrito es apuntar que la educación ética parte necesariamente de una suposición sobre la naturaleza humana. El título original de la columna es La Educación Ética y el Ser Humano.

Ofrecer una buena educación ética es un ideal y un deseo de muchos. Para alcanzarlo, un punto fundamental consiste en entender un poco mejor lo que significa vivir como seres humanos.

Como las teorías sobre el hombre son muchas, no resulta fácil encontrar parámetros condivididos para elaborar proyectos de educación ética que sean buenos y, en la medida de lo posible, eficaces.

• Pensemos, por ejemplo, lo que ocurría (por desgracia ocurre también hoy) en sistemas totalitarios que veían al ser humano como un simple engranaje del Estado.

Estos sistemas enseñaban una ética de sumisión al partido, a la ideología, a los principios de la “revolución” o de la “raza”. Toda opción diferente a la “oficial” era considerada como dañina y, por lo tanto, castigada. La ética del partido se convertía en la ética enseñada e impuesta a todos y cada uno.

• Otro modo de entender al ser humano consiste en dibujarle como un animal sofisticado que busca sobrevivir en un mundo hostil o, al menos, complejo.

Esta perspectiva antropológica, que tiene raíces en el darwinismo social y en ideologías de tipo materialista, concibe la ética como algo funcionalístico que se orienta simplemente a sobrevivir en este mundo, sin apertura a horizontes tras la muerte, y según criterios que pueden aprenderse, en parte, al observar comportamientos de animales.

• Hay quienes, en una visión contraria al totalitarismo o al biologicismo, han negado cualquier idea de naturaleza humana y han concebido la ética como un camino para realizarse sin normas, sin tabúes, en la máxima libertad y espontaneidad.

Cierto existencialismo, como el de Sartre, sería incapaz de enseñar normas éticas basadas en una naturaleza humana, precisamente porque negaba la idea misma de naturaleza, por lo que la única educación ética sería aquella que promoviese la libertad y la autorrealización de las personas.

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Con estos tres ejemplos se hace patente la variedad de antropologías que existen en el mercado de las ideas.

Lo importante, entonces, es emprender un camino que sepa individuar aspectos verdaderos de la condición humana que fundan criterios éticos válidos para todos, de forma que se supere el peligro de visiones reduccionistas que se fijan en un aspecto y olvidan otros.

El camino no es fácil, porque algunas sociedades manifiestan actitudes de incomprensión hacia razonamientos que a veces son vistos como abstractos o difíciles.

Sin embargo, no podemos quedarnos con los brazos cruzados ante un pluralismo que no solamente crea confusión, sino que ha permitido y permite el que surjan propuestas de educación ética claramente injustas o libertarias, hasta el punto de orientarse hacia la destrucción de la convivencia social.

Para dejar abierto un horizonte a ulteriores reflexiones, podemos reconocer inicialmente este principio: una buena antropología será aquella que permita individuar las dimensiones centrales de la condición humana y explicarlas en su totalidad, sin exaltar algunas a costa de postergar otras, y sin construir teorías interpretativas que no lleguen a entenderlas de modo adecuado.

Se trata de un principio muy genérico, pero fecundo.

En el fondo, consiste en desear tener una mente abierta hacia los datos y una actitud interpretativa adecuada, con el fin de responder a una pregunta insoslayable: ¿qué lectura sobre la condición humana permite elaborar un buen programa de educación ética?

Nota del Editor

El punto de F. Pascual podrá dar la impresión de ser demasiado abstracto y, por eso, poco útil, especialmente para el pragmático. La realidad, sin embargo, es que la ética que se enseña revela la idea del ser humano que se tiene.

Aunque no exista una idea explícita al respecto, toda idea ética supone algo sobre la persona. De esto deriva la importancia de tener una respuesta razonable y acertada y completa sobre el quiénes somos. Sin ella, ninguna ética será real.

Por otro lado, ha sido dicho también que la educación no debe ser dogmática, que ella debe estar libre de ideas de ese tipo. La verdad, como apuntó G. K. Chesterton, es que eso mismo es un dogma y que ninguna educación puede estar libre de dogmas.

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