Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Animal Curioso
Eduardo García Gaspar
5 septiembre 2013
Sección: CIENCIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Los hay que dicen ser científicos. Dicen guiarse sola y exclusivamente por la ciencia.

Piensan que lo que la ciencia diga es lo único aceptable.

Lo demás es especulaciones y nociones que no merecen gran atención.

Hay un caso clásico en este campo, el de la Teoría de la Evolución.

Con buenas evidencias en su favor, la evolución es parte de nuestro conocimiento. No hay mucho sentido en negarla.

Obviamente hay cambios en las especies, hay adaptaciones y un dinamismo claro de especies desaparecidas. No tengo ningún problema en aceptarla, al menos temporalmente hasta que surja otra teoría con más poder explicativo, que es lo que suele suceder en la ciencia.

Algunos de quienes toman como cierta a la evolución, toman eso como punto de partida para sacar conclusiones más allá de esa teoría.

Por ejemplo, suelen decir que eso prueba que Dios no existe, que nuestro universo es todo lo que existe. Que somos simples accidentes evolutivos. No estoy tan seguro.

Para explicarme, necesito ir hasta Tomás de Aquino (1225?-1274), hace buena cantidad de siglos. Fue un tipo sin duda inteligente.

Escribió él que los humanos tenemos un “deseo natural” de investigar las causas de lo que vemos. Es como un tipo de curiosidad mental implantada en nuestra forma de ser. Queremos conocer las causas de lo que vemos.

Cuando lo hacemos obtenemos lo que se llama conocimiento. Es lo que alimenta a los exploradores que van a tierras inexploradas, lo que nutre las observaciones de las estrellas.

Es lo que hace que notando diferencias en los animales al viajar en un barco llamado Beagle, uno se pregunte la razón de esas diferencias y del acomodo de los animales a su supervivencia.

No puede ser malo lo que es parte de nuestra naturaleza. Si somos curiosos y queremos saber más, es bueno hacerlo. Es parte del Derecho Natural.

Vayamos ahora con los griegos, que son los usuales referentes del inicio del saber. Curiosos que eran algunos, hicieron una cosa que es natural. Comenzaron a pensar. Comenzaron a filosofar. Y cuando lograban conocer algo, había satisfacción.

Este es el gran punto de Aquino en este terreno: la satisfacción que se siente al lograr saber algo.

Nos ha pasado a todos, como cuando supimos sumar, resolver un problema de álgebra, tener idea de historia, saber de geografía, hacer alguna práctica de biología. O ya más de adultos, al saber la causa de un problema en la empresa, o usar alguna aplicación de computadora, o descubrir un buen libro.

El punto es simple. En nuestra misma naturaleza hay un deseo de aprender, una necesidad de saber. Eso es parte de nuestra humanidad según Aquino.

Por tanto, resulta lógico que el saber y el logran conocimiento nos satisface. Vaya, el saber es una necesidad, con el comer y beber, pero una necesidad de mayor rango y exclusivamente humana.

Ningún chimpancé se siente se siente satisfecho conociendo la órbita de un cometa y haciendo la predicción de su aparición futura. Como el chimpancé, tenemos necesidad de comer y beber, pero esa necesidad de saber nos separa de él y es, por eso, un rasgo más elevado.

Muy bien, somos curiosos, queremos saber más, nos fascina el tener explicaciones de las cosas. ¿Podremos satisfacer totalmente algún día esa curiosidad por el saber?

Aquino dice que estaremos totalmente satisfechos cuando conozcamos la causa final de todo, eso que hace que todas las cosas sean y existan. Esto es el conocimiento extremo y total que haga exclamar algo como “¡Lo sé todo, ahora entiendo todo!”

Comencé hablando del científico que dice que nada fuera de la ciencia es aceptable y que lo que no pueda ser medido no es conocimiento confiable.

Este científico revela sin duda ese rasgo humano de la curiosidad y es un tipo que se toma en serio el querer saber. Obviamente, el conocimiento lo satisface.

Pero ese científico pierde su curiosidad mental cuando se censura a sí mismo, cuando se limita a su propio método, para concluir que nada en lo que no se aplique su método tiene valor. Es como quien tiene un martillo e ignora todo lo que no sea un clavo.

Si fuera más curioso podría pensar en saber si es posible lograr conocimiento por otros métodos. Seguramente se sentirá satisfecho al hacerlo. Posiblemente encuentre algo.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión en esto es apuntar que nuestra curiosidad no se acaba en donde termina la ciencia física, que nuestra razón no finaliza en los experimental y medible. Hay cosas más allá a las que alimenta el amor al saber más.

Post Scriptum

Cuando una persona diga que no cree nada que la ciencia no pueda medir, ver o manipular en un laboratorio, sería conveniente decirle cómo puede probar esa idea, la que no puede medirse, ni verse, ni manipularse en un experimento.

La referencia a Santo Tomás la tomé de Aquinas, T. (1987). St. Thomas Aquinas on Politics and Ethics (Norton Critical Editions). W. W. Norton & Company.

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