Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Ardid de la Exageración
Eduardo García Gaspar
25 febrero 2013
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


De cierta manera es afortunado. Puede tomarse como algo desesperante, pero también constructivo.

A lo que me refiero es a temas anexos a los de la renuncia de Benedicto XVI.

Claramente algo importante, según la cobertura intensa en los medios.

Adjuntos a la noticia están cosas interesantes.

Por ejemplo, el caso de una persona, no hace muchos días, que dijo algo digno de mención. Claramente un agnóstico, o ateo, no lo pude precisar, tomó el asunto a chunga.

Nada que valga la pena repetir, excepto por decir más o menos esto: “Otro Papa que se cree infalible en lo que dice y escribe. Si se creen infalibles, yo les demuestro lo contrario leyendo cualquier encíclica y mostrando errores claros”.

Su posición u opinión era muy simple. Dijo que los Papas se habían declarado a sí mismos infalibles. Que era una cosa de risa el pensar que lo que dice un Papa es la verdad absoluta. Que era imposible aceptar la infalibilidad papal cuando había habido Papas tan malos y tan poco capaces (lo que es cierto).

En resumen, dijo, no puede aceptarse que lo que diga un Papa sea absolutamente cierto y verdad que obliga a ser creída.

Si aclaramos las cosas, la infalibilidad papal nunca ha significado que lo que él diga sea un dogma que obliga a creer. No se está obligado, por ejemplo, a creer totalmente lo que se dice en una encíclica, o en un sermón papal.

La infalibilidad papal sucede sólo en ocasiones muy raras, que tienen que ver con asuntos de fe que son centrales al Catolicismo, como la transubstanciación. Y eso sucede al hablar ex cathedra, y en declaraciones básicas, como la divinidad de Jesucristo.

Pero lo básico no es tanto esa aclaración, la que resulta útil, incluso para los mismos católicos, sino ejemplificar así un truco sucio en las discusiones de cualquier tema. Aquí se demuestra bien y el truco consiste en llevar al extremo la opinión que quiere ser criticada.

En este caso, la infalibilidad papal se lleva al extremo de interpretarla como “todo lo que dice cualquier Papa es dogma que obliga a creer en él”.

Obviamente, como vimos, esa exageración es incorrecta, pero si llega a sonar creíble la crítica es aceptada y correcta. Sin embargo, ya que la exageración lleva a una definición falsa de infalibilidad, la crítica es desatinada.

El truco no se da de un sólo lado. Puede suceder que el católico lleve a la exageración la posición de su enemigo y use el mismo truco en el otro sentido.

Es como una especie de falacia que se sustenta en la trampa de la exageración de la posición del contrario, su caricaturización. Criticar una exageración es una tarea fácil. En México, por ejemplo, se usa actualmente en el caso de las reformas y mejoras que se pretenden hacer al monopolio estatal petrolero.

Los enemigos de tales reformas y cambios exageran la posición de su opositor y la llevan al extremo. Le llaman privatización de Pemex y critican a la privatización, la que desde luego es inexistente. No hay tal privatización, como no hay tal infalibilidad papal. Este truco de exagerar la posición del opositor es muy común y popular.

Tiene una ventaja muy grande, la de ayudar a la comprensión de un tema complejo. Por supuesto, es una comprensión errada, pero fácil de entender por quienes no tienen un pensar medianamente refinado.

Entre gente de escasas luces, los problemas se entienden con facilidad cuando se explican con extremos exagerados, siendo uno de ellos el alocado y sin sentido.

Otra ventaja sustancial del truco de la exageración es la garantía de una victoria fácil. Las discusiones entre socialistas y liberales son un caso que ilustra un término favorito, el “fundamentalismo”.

Varias veces se me ha llamado fundamentalista del mercado libre por parte de más de un socialista. También lo he escuchado en la otra dirección. Lo que esto hace es impedir una discusión sana con posibilidad de acuerdos.

La persona que criticó la infalibilidad papal es simplemente otro caso entre muchos del truco de la exageración caricaturizada del contrario. Y la discusión la gana porque lo que critica es realmente criticable. El problema es que lo que critica es irreal. La infalibilidad papal no es lo que él dice. Ni la privatización de Pemex es lo que sus enemigos dicen.

Sucede mucho en las discusiones políticas y económicas, pero donde más lo he visto es en los asuntos morales y religiosos. Siendo católico, dejaría de serlo si tuviera que creer lo que me dicen los anticatólicos que mi Iglesia me obliga a creer.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Falacias. El truco de ganar la discusión por medio de la exageración de la posición del opositor es en realidad una falacia de caricaturización.

Consiste esquemáticamente en hacer lo siguiente:

  1. Tomar la opinión contraria a la propia y llevarla hasta su extremo, incluso cambiando palabras y significado de ellas.
  2. Proceder a la crítica, no de la opinión contraria original, sino a la extrema creada por su enemigo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras