Un examen del clisé de los 10 culpables y 1 inocente. Un ejemplo de frases hechas que son aprobadas rápidamente y tomadas como dogmas innegables. Algo desafortunado porque tienen un sustento débil, muy débil.

Introducción

Sucede a menudo que frases y expresiones sin contenido sólido se repiten suponiendo que ellas contienen dosis de gran sabiduría. Es el caso del clisé de los 10 culpables y 1 inocente.

«Es mejor que 10 culpables estén libres a que un inocente sea condenado».

¿Lo es realmente? No, no lo es, al menos si la frase es interpretada literalmente y aplicada fuera del contexto del caso concreto al que quiere referirse.

De aquí la utilidad de examinar con profundidad el fondo de esas frases y expresiones, lo que hace de la obra de Goldberg algo realmente útil para el interesado en asuntos políticos.


La idea fue encontrada en Goldberg, J. (2012). The Tyranny of Cliches: How Liberals Cheat in the War of Ideas. Sentinel HC., pp. 153-158.


La ayuda del clisé y la frase hecha

Es un recurso en las discusiones. Es el uso de frases hechas, clisés que suponen tener un contenido profundo y razonable, cuando no lo tienen.

Hay muchas de esas frases y conocerlas es útil para quienes tienen el deseo de ir más allá de la superficie del tema discutido. El libro de Golberg ayuda a esto.

Esta sustentado en una gran idea: las discusiones de temas importantes pueden ser ganadas usando trampas, esos clisés, esas frases huecas. El libro analiza muchas de las frases más populares usadas en la actualidad.

Frases que explotan engañosamente nociones sobre pragmatismo, dogma, violencia, juventud, democracia, espiritualidad y otras, expresadas en frases que se colocan a gusto en cuanto se pierde una argumento.

En lo que sigue se ilustra la idea general de Goldberg con uno de los clisés. Por eso es útil e instructivo examinar el clisé de los 10 culpables y 1 inocente.

Un análisis sencillo

La frase usada es la de que más vale que diez culpables estén libres a que un inocente sea condenado. La idea es clara, aunque los números puedan variar en cada caso.

La comparación supone que más vale que X número de culpables sean liberados que un solo inocente sea condenado. Donde X puede ser cualquier número.

El autor inicia el capítulo con un caso, el de un hombre que es acusado de asesinato. Se sabe que es un buen hombre, que ha vivido con decencia y honestidad.

Los medios cubren la noticia y debaten su inocencia y culpabilidad. Las evidencias y pruebas lo acusan. Ese buen hombre es condenado y algunos en su defensa usan esa frase.

La frase, «Es mejor que 10 culpables estén libres a que un inocente sea condenado».

No es una idea reciente. Se le conoce como la fórmula de Blackstone, de 10 a 1, formulada en su origen como la de que más vale que 10 culpables escapen su condena a que 1 inocente sea condenado.

Incluso tiene un antecedente bíblico, en la discusión de Abraham con Dios, en el Génesis, sobre la destrucción de Sodoma.

Es un clisé, una frase fácil y falsa

Goldberg sostiene que la frase es falsa, que no es verdad, Es un clisé decir que sea mejor que 10 culpables sean liberados a que 1 inocente vaya a la cárcel.

La noción puede ser «mejor» por razones dogmáticas, porque en realidad no es mejor que 10 culpables permanezcan libres.

Volviendo al caso inicial, el del hombre que ha llevado una vida decente. Ha trabajado y se ha dedicado a tareas como cualquiera, cuidar a su familia, ahorrar. ¿Qué han hecho los 10 culpables mientras tanto?

Sabemos que han cometido delitos y son culpables porque eso mismo acepta la frase. Culpables de crímenes que no son aclarados. No es posible suponer que sean culpables de faltas como exceso de velocidad o similares.

Sabemos cosas sobre los criminales. La gran mayoría no son culpables de un crimen solamente. Sabemos que los criminales violentos cometen más crímenes después de ser liberados. Su conducta es repetitiva. Un pequeño número de criminales es responsable de un gran número de crímenes.

No solo está el número de crímenes cometidos, también debe considerarse en costo de ellos. Sabemos que esos costos llegan a millones de dólares por el total de la vida de un criminal.

Con estas consideraciones, en el caso de la persona de vida honesta acusada de un crimen se dice que es mejor que ella sea considerada inocente a costa de liberar a diez criminales que mantendrán su carrera criminal dañando a centenas de futuras víctimas.

Ir hasta el extremo

El dilema lleva al extremo de proponer que si se quiere evitar totalmente la condena de un inocente ello solo puede lograrse no condenando a absolutamente nadie.

Esta es la conclusión de la frase cuando se lleva al extremo interpretándola de manera literal.

Si en cambio se interpreta como un principio, la cosa se vuelve algo muy diferente. Significa que si se yerra en el juicio, el yerro debe favorecer al acusado.

Está inspirado en la idea de que las personas no deben ser castigadas por crímenes que no cometieron. Esto es natural y obvio. Algo a lo que nadie se opone y se trata de proteger a quienes han sido acusados falsamente.

Una sociedad en la que se considere aceptable castigar al inocente no puede prosperar. Pero tampoco lo puede hacer una sociedad en la que se considere que no debe castigarse al culpable.

Por eso es que es absurdo soltar a una armada de asesinos a cambio de asegurar que no se condene a un inocente. Un gobierno que haga esto no cumple con su obligación de proteger a los ciudadanos.

El mundo imperfecto

El examen del clisé de los 10 culpables y 1 inocente es comprendido con facilidad con lo anterior. Y entonces se comprende también que en un mundo imperfecto son imposibles de evitar los errores.

Para evitar condenar a absolutamente todo inocente se requeriría poder condenar al culpable más allá de toda y cualquier duda, en lugar de condenar cuando exista culpabilidad más allá de una duda razonable.

En pocas palabras, dice el autor, «hacemos lo mejor que podemos».

A los acusados se les dan abogados, se les pide demostrar culpabilidad sin duda razonable, frente a un juez encargado de ver que se haga justicia, usando a un tribunal; se permiten apelaciones. Aún así, los errores son posibles.

El clisé de los 10 culpables y 1 inocente tiene riesgos cuando es usado sin especificidad. Ella cambia los planos, del específico al general, cuando se discute la inocencia o culpabilidad de un caso concreto.

Si la persona acusada de asesinato, que ha llevado una vida decente, es inocente, no tiene sentido qué es lo que se haga con los 10 culpables. Y si es culpable, pues lo es.

Cada caso es específico y concreto. Introducir el tema de otros 10 casos de culpables es igual a cambiar el tema, buscando un mecanismo que permita darse a sí mismo la razón.

A quien eso diga, la mejor respuesta que puede dársele es decir¿ «¿Y qué con eso?»

Conclusión

El valor de la idea de Goldberg está en la utilidad de lo que dice. El caso del clisé de los 10 culpables y 1 inocente es sólo una ilustración de lo que sucede.

Una frase hecha, de apariencia razonable, resulta vacía y cuando se usa impide el progreso de una discusión que podría ser productiva.

Frases y expresiones y nociones que tienen un efecto negativo en conversaciones y discusiones que de otra manera podrían producir riqueza para las partes.

Cosas como acusaciones de dogmatismo, de separación de iglesia y estado, de diversidad, de justicia social, de leyes vivas, de violencia generando violencia y otras más.

Y solo unas cosas más…

Debe verse:

Interés personal y bien común. El dilema

Otras ideas:

[Actualización última: 2020-11]

Notas extras sobre otro clisé: hablo, luego no pienso

Por Eduardo García Gaspar

La persona hablaba del combate al narcotráfico en México y lo hacía con más emoción que racionalidad. Se quejaba de las muertes, la inseguridad, las víctimas. En un punto dijo algo que me llamó la atención y se convirtió en una tentación.

Hay tentaciones que son irresistibles. Muchas de esas tentaciones toman la forma de un clisé: frases e ideas repetidas una y otra vez y que despiertan la pasión al cuestionarlas. Como Goldberg analizó el clisé de los 10 culpables y 1 inocente.

Fue lo que esa persona, quejándose de la inseguridad en el país, dijo: «la violencia sólo engendra más violencia».

No me negará usted que lo ha escuchado una y otra vez. Esta frase cumple con los requisitos del clisé.

Es repetida sin cansancio, usada como argumento suficiente para ganar discusiones, lo suficientemente breve para ser recordada y lo suficientemente vaga para ser interpretada de maneras alternas.

¿Es cierto que la violencia engendra más violencia?

Comienzo con lo obvio: la ausencia de violencia es mejor alternativa. No hay duda de eso.

Es mejor que en una cámara de diputados no se agarren a golpes, que en una ciudad no existan robos ni asesinatos, que en una familia no se golpeen, que no existan atentados terroristas, que los gobiernos no ataquen a otros países.

De eso estamos seguros y podemos sacar una regla general: cometer actos de violencia es reprobable.

Lo es por una razón lógica. Los humanos tenemos todos una igual dignidad, lo que hace que el atacar a uno de ellos sea ir en contra de esa dignidad. La violencia es negativa por causa de la esencia o naturaleza humana.

Una regla absoluta o un clisé

Pero hay algo indeterminado en eso de que «la violencia sólo engendra más violencia». ¿Es una regla absoluta e inamovible?

Decir que sí es absoluta lleva a conclusiones inevitables que harían moralmente reprobable el usar la fuerza para repeler un ataque. Sería malo que un padre de familia golpeara a quien ataca a sus hijos. Habría sido malo detener la invasión nazi en Europa.

Lo que podemos concluir es que el decir que «la violencia sólo engendra más violencia» tiene excepciones claras. No es una regla absoluta, pues llegaría a absurdos como prohibir detener a criminales y ponerlos en la cárcel.

Daría pie a permanecer pasivo ante todo acto de violencia, el que sea. No tiene sentido, por tanto, decir que «la violencia sólo engendra más violencia».

Evita el esfuerzo de pensar

Hay ocasiones en las que de hecho es conveniente usarla, como cuando se actúa en defensa propia, como un medio para detener la agresión.

La frase al final de cuentas en un clisé sin aplicación realista. Quien la repite en realidad no sabe lo que dice. En verdad, la violencia puede detener a la violencia y ser buena. Pero eso no es lo importante, sino el saber la razón.

Si la violencia no es en sí misma reprobable en toda ocasión sin excepciones, pero sí es vista como indeseable en general, debe satisfacerse la curiosidad de por qué. Creo que es relativamente fácil de explicar.

Para eso hay que hacer un esfuerzo sencillo, igual que el anterior acerca del clisé de los 10 culpables y 1 inocente.

Lo único que podemos considerar como absoluto es el valor de la vida humana y esto efectivamente no tiene excepciones. Es éste valor o regla absoluta lo que domina el uso de la violencia, pudiendo llegar a hacerla deseable.

Es obvio, por ejemplo, que un atentado terrorista como el de Atocha en Madrid es un caso de violencia reprobable. Lo es porque se atacó el valor de la persona, se provocó la muerte intencional de muchos.

Pero el mismo valor de la persona puede en ocasiones justificar violencia, como cuando se responde al ataque que hace una persona a otra.

El uso de la violencia, por tanto, está condicionada a otro valor que sí es absoluto, el valor de la persona. La reprobación universal del uso de la violencia no puede ser una regla sin excepciones.

Repetir creyendo cierto eso de que «la violencia sólo engendra más violencia» es un error fácilmente demostrable. A pesar de serlo, y esto es realmente curioso, es repetido una y otra vez como si fuera una verdad revelada e incuestionable.

No puedo explicármelo. Ignoro la razón de su popularidad y aceptación.

Un amigo tiene una explicación a este tipo de creencias sin base, repetidas una y otra vez: pereza mental. Según él, muchas personas han renunciado a pensar y se limitan a repetir frases contagiosas.