Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Fallo que Falló
Eduardo García Gaspar
14 marzo 2013
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Si su cerebro fuera dinamita, no sería suficiente como para hacer explotar su sombrero”. Kurt Vonnegut.

Es el terreno de la libertad. En concreto, de la libertad de expresión.

Uno en el que pocos se sienten cómodos. Sí, se alaba y exalta, pero turba e incomoda.

Un caso reciente es muestra clara de lo complejo del campo.

La Suprema Corte de Justicia en México es el protagonista.

“Las expresiones homófobas, esto es, el discurso consistente en inferir que la homosexualidad no es una opción sexual válida, sino una condición de inferioridad, constituyen manifestaciones discriminatorias, ello a pesar de que se emitan en un sentido burlesco, ya que mediante las mismas se incita, promueve y justifica la intolerancia hacia la homosexualidad”

Eso dice el fallo de la corte (Excélsior, 7 marzo 2013). El origen es un pleito entre periodistas y se refiere en específico al uso de dos palabras, “maricón” y “puñal”.

Lo más interesante del asunto es la razón del fallo. En el mismo fallo se explica:

“Las manifestaciones homófobas son una categoría de discursos del odio, los cuales se identifican por provocar o fomentar el rechazo hacia un grupo social. La problemática social de tales discursos radica en que, mediante las expresiones de menosprecio e insulto que contienen, los mismos generan sentimientos sociales de hostilidad contra personas o grupos”.

Vayamos paso a paso, que esto bien vale una segunda opinión.

Primero, se determina que existen palabras que contienen “menosprecio e insulto”. No es ninguna sorpresa hasta aquí. El lenguaje está lleno de ese tipo de palabras y expresiones, algunas muy ingeniosas y otras realmente tontas.

En resumen, es real esta parte del fallo de la corte.

Segundo, esas palabras insultantes se consideran “manifestaciones homófobas” cuando se refieren a los homosexuales. Esta consideración de la corte no se comprende.

Toma ella insultos como “maricón” y las interpreta como negativas porque “generan sentimientos de hostilidad” contra ese grupo. La pregunta surge. ¿Por qué ese grupo nada más y no otros?

Después de todo, no es ése el único grupo que puede sufrir insultos que creen hostilidad. Un religioso y un ateo, muchas veces, suelen lanzarse insultos entre sí sin que pidan ellos protección legal por mal uso de lenguaje.

Los liberales y los socialistas se insultan entre ellos usando expresiones insultantes sin que creer que se se ha producido una hostilidad injusta.

El problema del fallo es su exclusividad: protege, sin causa justificable, a un grupo sin extender la misma protección al resto. Es un fallo discriminatorio en contra del resto de la sociedad.

Se ha dicho que esos insultos van contra el ejercicio de la homosexualidad, que se dice es una opción válida en una sociedad plural. Muy bien, pero también son opciones válidas otras, como ser religioso o ateo, ser socialista o liberal, ser conservador o progresista, ser de un partido o del otro.

No tiene sentido. El fallo falló. Erró por falta de sentido.

Los insultos, mucho me temo, no pueden ser sujeto de acciones legales por causa de la dificultad en su definición. Puede pensarse, por ejemplo, en insultos más grandes a los homosexuales, sin que se usen esas esas dos palabras. ¿Como legislar eso?

El fallo tiene otra falla. Su aplicación sólo puede ser selectiva. Sólo en algunos medios pero no en todos. Otro problema de selectividad.

Será imposible censurar legalmente conversaciones privadas. Los libros tendrían que pasar por un imprimatur gubernamental. Habría inspectores y vigilantes en obras de teatro y películas. Periodistas, columnistas, reporteros podrían insultar a todos, menos a un grupo.

El fallo de la corte tiene el problema que tiene toda legislación que intente regular la expresión libre. Al tratarlo de hacer se enfrentan problemas de definición, intención, contexto y sensibilidad, que complican las cosas hasta el punto que las disposiciones se relegan por inaplicables.

Quizá sea esto como el embarazo. O se está embarazada o no.

Y se tiene libertad de expresión o no se tiene. Y si se tiene, no creo que haya otro camino que aceptar las cosas malas que tiene por causa de los bienes que ella produce.

Este fallo es, como escribió George Orwell, “un hoyo en el aire”. Lo digo mientras no se considere que no puedo decir cosas como ésta porque generan hostilidad contra alguien.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Libertad de Expresión y en ContraPeso.info: Límites de la Ley.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “El Fallo que Falló”
  1. Oscar Recio Dijo:

    Muy interesante y como siempre constructivo análisis del Sr. García Gaspar; sin embargo, la existencia de un corta visión o mente en los miembros de la Suprema Corte me resulta difícil de aceptar como explicación a la decisión. ¿Cuál es la agenda de los Jueces? ¿Qué intereses los mueve a tomar decisiones aparentemente inexplicables? ¿Cómo afectará esta decisión, decisiones futuras que seguramente deberán tomar: aborto, eutanasia, etc.? Si es en verdad una falta de análisis, Dios nos agarre confesados.





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