Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Mejor Hospital es el Otro
Eduardo García Gaspar
15 octubre 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay casos en los que la mente engaña. Son como los espejismos que engañan a los ojos.

Digamos que son ilusiones ópticas de las neuronas. Ilusiones y fantasías del cerebro.

Es fascinante tratarlas y ver su fondo, como cuando un detective descubre al culpable.

Por ejemplo, alguien le dice a usted que los hospitales de la Edad Media tenían menos índice de mortandad que los hospitales en la actualidad y le ofrece cifras que lo prueban.

Da las cifras y le dice a usted que obviamente la atención de la salud es ahora peor que en el pasado. Las cifras no mienten. Y efectivamente no mienten, son ciertas.

Lo que sucede es que estamos frente a esa especie de ilusión óptica, o mejor dicho, mental.

Si había menos muertos en los hospitales de la Edad Media que en los actuales, es tentador sacar la conclusión directa y errónea: había mejor atención médica entonces que ahora. Pero esto es falso, es decir, la explicación debe ser otra.

Siguiendo con hospitales, digamos que usted necesita una operación complicada urgente y debe decidir entre dos hospitales.

Uno de ellos tiene una mortandad mucho mayor que el otro. ¿Cuál escogería? La opción obvia es irse por el camino de lo simple, aunque sea otro engaño mental, y escoger al hospital en el que hay menos pacientes que mueren.

La forma de justificar esa conclusión es presuponer que el índice de pacientes que no mueren es una medición del éxito de la atención médica del hospital. La realidad es que no, no necesariamente.

Como en el caso de los hospitales de la Edad Media, hay otras explicaciones posibles, las que nos son espejismos.

Regresemos a la Edad Media y obtengamos algo más de información. Los hospitales de aquella época aceptaban pacientes no propiamente enfermos, sino con necesidades de comer y beber. Al día siguiente, después de dormir y tener comida caliente, salían “curados”.

Esos hospitales, en otras palabras, no atendían enfermos propiamente como se hace en los hospitales modernos. Por eso sus pacientes morían en menos número.

Obviamente la tasa de mortandad del hospital que atiende “enfermos ligeros” es menor que la tasa del hospital que atienden enfermos graves. Eso es lo que resuelve el problema de la selección del hospital para la operación complicada que usted va a tener.

El hospital con menor tasa de enfermos fallecidos puede deberse a que atiende enfermos menos graves, que hace operaciones menos complicadas.

Quizá le convenga a usted ir al hospital que tiene más índice de fallecimientos porque allí es donde más experiencia tienen en operaciones complicadas y graves.

Será natural que cuando usted comente a sus amigos que se ha decidido por el hospital con mayor cantidad de fallecidos, ellos piensen que usted está loco. En realidad, usted ha usado un razonamiento mejor.

Los ejemplos de los hospitales están en un libro de un economista y eso no es casualidad. Los economistas son reales estudiosos de la conducta humana y especialistas en encontrar sutilezas en la información sobre nuestros actos.

Y nos dan principios, como el de que un aumento en el precio de un bien, generalmente lleva a una reducción en la cantidad demandada.

Son los que nos explican la razón por la que el agua vale menos que el oro, a pesar de tener una función vital. Y suelen tener razonamientos poderosos.

Es por eso que me parece razonable concluir que si alguna persona decide mejorar sus conocimientos y saber más de la vida, debe acudir sistemáticamente a obras de economistas.

Sí, también debe atender a libros de historia, pero sin descuidar una fuente maravillosa de aprendizaje de la conducta humana.

No me refiero a los libros técnicos, llenos de ecuaciones incomprensibles, sino a los de divulgación sencilla de la ciencia económica. Son, adicionalmente, divertidos y ejercitan las neuronas.

¿Suena extraño recomendar lecturas de economistas? Posiblemente, pero también era extraño decidirse por ser operado en el hospital con mayor índice de pacientes fallecidos.

Post Scriptum

El libro usado fue el de Cipolla, C. M. (1997). Entre la Historia y la Economía. Barcelona: Editorial Crítica.

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