división social

El odio a los ricos. Un análisis del sentimiento explotado por el gobernante en su provecho. Formas de lograr riqueza justificada e indebida.

Introducción

De muy diversas maneras suele expresarse eso que muestra odio a los ricos. Son expresiones como «los malvados ricos», o «los codiciosos millonarios».

Ilustraciones de las numerosas maneras que expresan un sentimiento fuerte de odio de la situación de ese tipo de personas. Es la «animadversión que despiertan los ricos», a lo que me refiero.

O como se ha expresado:

«El odio a los ricos parece estar detrás de las principales catástrofes políticas ocurridas en la historia. Suele ser el sentimiento más explotado por los populistas para hacerse con el poder […]» juandemariana.org

Odio a los ricos, un análisis

En lo que sigue pretendo examinar los elementos de esa frase. Demostrando con ello que se trata simplemente de una expresión al estilo de los clisés o frases hechas que poco significado tienen.

Grupo indeterminado

El sujeto de la expresión es un grupo general. Es definido por una característica limitada a la riqueza. Una característica que carece de una definición siquiera aceptable; podría incluir a muchos, o a unos pocos.

Si llegara a proponerse que puede ser definido como rico a quien posea propiedades valuadas en un millón de dólares o más, sería en extremo difícil justificar la no inclusión de personas con mil menos que esa cifra, o con mil más.

Igualmente difícil sería dar significado a «ser rico». Podría referirse a ingresos anuales, propiedades, riqueza neta, o cualquier parámetro adicional, como nivel de consumo.

Una clase aparte

A ese grupo, definido como reprobable por su riqueza, se le conoce con varios nombres. Pueden ser los «ricos», el «1%», los «millonarios». O bien calificativos como «explotadores», «burgueses» y demás.

Forman una clase social distinta y merecedora de odio.

El papel de la envidia

Con frecuencia se menciona que parte de ese odio a los ricos es la envidia, muy institucionalizada por el socialismo. Lo que ha tomado la forma de un resentimiento ante el éxito ajeno.

Retórica fuerte, acusación global

La expresión aplica adjetivos negativos al grupo vagamente definido. Se les llama «malditos», «codiciosos», «explotadores».

Es decir, una actitud clara de rencor y odio, lo que implica una acusación de ser todos culpables de algo reprobable. Es un juicio de culpabilidad universal que condena por entero a todos los clasificados en esa categoría.

Volverse rico, tres formas

Esquemáticamente, hay tres maneras de llegar a acumular una riqueza o tener un ingreso de tal magnitud que haga a la persona merecedora de ser calificada como rica.

1. Recibir regalos fabulosos

Esto es obtener la posición de rico por medio de regalos voluntarios de terceros. Como la herencia de un tío rico de Australia a su único pariente, un sobrino en Argentina.

Son actos libres de traslado de bienes y posesiones de una persona a otra, y que convierten a esta en un rico. Su riqueza tiene una causa accidental, independiente de la calidad personal.

No existe un merecimiento necesario de la riqueza recibida, pero esos regalos son producto de la voluntad libre de un propietario legítimo. Podrá haber casos que sean vistos como inmerecidos sin duda alguna, pero poco más habrá que argumentar.

Podrá tener odio a esos ricos, pero nada habrá que justifique prohibir esos regalos por voluntad libre.

2. Forzar el traslado de la propiedad

Esto es obtener la posición por medios que no suponen el traslado voluntario de bienes a la parte beneficiada. Como el ejemplo del ladrón que con una pistola obliga a la entrega de la billetera.

En este caso, una de las personas es obligada a la entrega de sus posesiones. Puede usarse cualquier medio que signifique un traslado no voluntario de propiedad.

Existen variaciones de esta posibilidad, como el engaño que supone un fraude y logra el traslado de bienes; o el chantaje. La característica esencial de este tipo de obtención de riqueza está en la falta de voluntad de una de las partes, por medio de la fuerza, el poder, o el engaño.

Es claramente un caso de riqueza inmerecida, con casos célebres como los de B. Madoff y A. Stanford.

3. Acordar traslados mutuos de propiedad

Esto es obtener la posición de rico por medio de traslados voluntarios mutuos de bienes. Son los que resultan en intercambios libres de posesiones mutuas.

Como cuando la persona vende su automóvil a otro, a cambio de una cantidad de dinero acordada por ambos. O la venta de teléfonos inteligentes que hacen Apple y Samsung.

La naturaleza de los intercambios es un beneficio a ambas partes. Esos beneficios mutuos son legítimos y justos. Si de ellos sale riqueza a personas, no hay justificación de odio al rico que se haya producido.

Por tanto

La única que resulta reprobable es la segunda forma de hacerse rico, la del uso del poder y el engaño. En donde una de las partes actúa sin libertad para evitar el traslado de sus bienes a otras manos.

Obviamente quien así actúa merece castigo y puede también ser calificado con rencor por quien resultó dañado. Ese rico puede ser odiado, como el caso del gobernante corrupto, pero el odio es lo de menos. Esos actos deben ser castigados legalmente.

En los otros dos casos, no existe ese problema de no merecimiento. La suerte del heredero no es más que la expresión libre de la voluntad del propietario original. Nada hay en ella que signifique un daño a terceros.

La habilidad del que está en la tercera posibilidad, la de intercambios voluntarios de un bien por otro, nada tiene de criticable. Al contrario, significa un beneficio mutuo entre las partes. Una de ellas ha logrado realizar tantos intercambios que en su conjunto le han permitido llegar a ese grupo considerado rico.

Concluyendo

Lo anterior arroja luz sobre lo inválido de las expresiones que manifiestan odio a los ricos, Ese sentimiento solo podría justificarse en los casos en los que su riqueza sea producto de traslados no voluntarios de bienes  —en los que se usa la fuerza, el poder, o el engaño.

La posibilidad de juzgar con odio a los ricos en general —la única posible— es la de suponer que los tratos entre personas son siempre un juego en el que lo que uno gana el otro pierde. Una situación causal, en la que quien llega al grupo de los ricos solamente lo pudo lograr quitando a otros.

Esto es cierto en la posición del traslado de bienes en el que una de las partes actúa en contra de su voluntad, como en el caso del ladrón. Pero no aplica al caso en el que las dos partes actúan de manera voluntaria y no hay engaños entre ellas.

El anterior fue sólo un ejercicio en el que se analizó una expresión común, como muchas otras que resultan lugares comunes, clisés sin gran sentido que no soportan un análisis siquiera breve.

Aún así, en política no es excepcional usar a los sentimientos del electorado. El argumento del odio a los ricos es excepcionalmente exitoso. Vende la idea de que «tú estás eres pobre porque hay ricos».

Es un uso de la envidia como política de Estado que justificará popularmente acciones confiscatorias.

Y unas cosas más…

Al releer lo anterior me di cuenta de una omisión que debo corregir.

El mundo no es perfecto y sin duda habrá casos problemáticos en muchos de los intercambios voluntarios, especialmente sujetos a dudas cuando de un lado están grandes empresas o gente de gran riqueza, y del otro personas con menor riqueza.

Sí se presentarán casos de abusos, engaños y fraudes —pero debe entenderse que eso es inevitable y no da legitimidad al rencor sistemático a un grupo de personas.

Hay más exámenes de ideas simplistas en ContraPeso.info: Clisés. Más, desde luego, Envidia una política de Estado.

[La columna fue revisada en 2019-07]