Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Problema del Dolor
Eduardo García Gaspar
29 marzo 2013
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un problema que fascina. Lo ha hecho por siglos, milenios.

Una y otra vez sale a la superficie. Las respuestas que se le dan, varían.

Las hay realmente inteligentes, pero también verdaderamente imbéciles.

Existen las complejas e incomprensibles y, por supuesto, las simples y comprensibles.

Es el problema del dolor, del sufrimiento. Que lo padecemos es una realidad innegable, incluso para Candide, el personaje célebre de Voltaire. Porque padecemos dolor, sea físico o espiritual, conocemos lo opuesto. Llamémosle felicidad.

Sabiendo la existencia de felicidad y dolor, obviamente preferimos la primera e intentamos evitar el segundo. Nada que no se comprenda con sencillez.

Pero entonces surge la pregunta. ¿Por qué sufrimos y padecemos dolor? La pregunta se complica indeciblemente con un factor. Si existe un Dios que nos ama, ¿por qué permite ese sufrimiento?

No creo que existe una respuesta satisfactoria para todos. Unos concluyen que es una prueba de que no existe Dios, al menos el que dice amarnos. Quizá exista ése al que no le importamos, o quizá no exista.

Quienes mantienen la creencia en Dios, a pesar de permitir el sufrimiento, suelen tener algunas ideas interesantes.

Una de ellas es la que dice que el dolor es inevitable por causa de la libertad humana. Podemos hacer el bien, pero también el mal y es el mal el que causa dolor. Como el que sufre quien padece un robo, o es golpeado por un ladrón.

No está mal y explica, por ejemplo, el dolor que causa el terrorismo en personas inocentes. Pero no es una respuesta total.

Queda por explicar el sufrimiento causado por actos que nada tienen que ver con la voluntad humana. Por ejemplo, los muertos por una calamidad natural, como un sismo o un tsunami. También, los enfermos por un virus.

Casi podemos dividir en dos las causas del dolor y del mal.

Una, las acciones humanas indebidas, como una matanza en una escuela por parte de un trastornado, o los asesinatos de los narcotraficantes. O, también, las guerras por ambición y los actor terroristas. Claramente son actos humanos que producen dolor y su causa última es la posibilidad de optar por el mal.

La otra, todos esos sucesos que nada tienen que ver con la voluntad humana, como terremotos e inundaciones. O cosas como pandemias y enfermedades que no son consecuencia directa de la voluntad humana. No son intencionales, como un accidente aéreo. ¿Por qué las sufrimos y, si Dios existe, por qué las permite?

No hay una respuesta fácil, ni aceptable para todos. El Libro de Job, en la Biblia, trata esto de manera genial, pero no es una respuesta clara. Simplemente podemos decir que Dios lo permite, o que porque existen esos males, Dios no existe.

Mi punto es que esa decisión es de cada uno, por supuesto, pero que no debe ser tomada a la ligera. Debe pensarse y pensarse muy bien. Tiene consecuencias enormes en nuestra vida. Para mí es una realidad que me inquieta. Se le llama incluso una tensión en nuestras creencias.

Comparto con usted algunas ideas mías al respecto, advirtiendo que no son una respuesta que sea aceptable para todos.

Como católico creyente y practicante, me inquieta, pero no me hace dejar de creer en Dios. Y en las cosas que he leído sobre religión, se intuyen algunas cosas razonables.

Una de ellas es el mero origen de nuestro mundo después del Paraíso. Dios sí creó ese mundo de felicidad total, pero ese mundo sufrió una perturbación que continúa: ya no vivimos en ese mundo perfecto, pero podemos volver a él si queremos.

Lo que debemos hacer es seguir a Cristo, que es el camino religioso (o algo similar en otras religiones). Si no se cree en esto, no hay otro remedio que aceptar esta vida y sus dolores, sin aspirar a nada más.

Y, creyendo en Cristo, sé que Él pasó por sufrimiento y dolor en esta tierra. Es decir, no somos los únicos, también Dios ha pasado por lo mismo. Eso me lleva a no poder considerarme excepción y reclamarle la felicidad total para mí en este mundo.

En fin, son esas ideas mías y las comparto con gusto. No pretendo persuadirlo de nada, excepto de una sola cosa: este tema es uno que merece nuestra atención, mucha de ella, y obliga a usar nuestra razón.

No sé a qué conclusión llegue usted, pero créame que no lo criticaré por volverse ateo, sino sólo en caso de no haber razonado y aprendido sobre este problema. Busque la verdad.

Post Scriptum

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Dios.

Otra idea al respecto, la de voltear el argumento y decir: Dios permite el dolor y lo que maravilla es que no permita más sufrimiento en este mundo a seres que están destinados a la gloria feliz de una vida eterna sin dolor alguno.

 

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