El cura fue enfático. Cada vez que hablaba de capitalismo, añadía una palabra, “salvaje”.

Sucede con frecuencia.

También he escuchado al que cada vez que menciona la palabra “capitalismo”, agrega otra, “manchesteriano”.

Parece como si hubiera una asociación inmediata entre capitalismo y una lista de adjetivos negativos.

El caso más clásico es la adición de adjetivos como “individualista” y sus consecuentes: anárquico, egoísta, inmoral, codicioso, materialista y otros más de similar naturaleza. No es para tanto.

El tema bien vale una segunda opinión que intente evitar eso del reflejo condicionado.

Cada vez que se toca la campana, el perro saliva. Cada vez que alguien dice “capitalismo”, añade “egoísta” o alguna otra palabra del catálogo usual.

Sucede este reflejo condicionado del otro lado también. Cuando algunos mencionan “socialismo” de inmediato añaden calificativos, como “humano” y equivalentes: compasivo, benigno y similares.

El doble fenómeno es seductor a tal grado que es imposible resistir la tentación de verlo más de cerca.

Como dice un amigo, eso sucede por una razón, “un triunfo impresionante de relaciones públicas de los socialistas, que han asociado a su forma de pensar con beneficencia social, haciéndose ver como lo más parecido a monjas de la caridad”.

Tiene su punto mi amigo, pero hay mucho más que eso. Seamos lógicos.

Primero, veamos al capitalismo y al socialismo como lo que son, dos sistemas político-económicos que buscan prosperidad. En eso son iguales, pero difieren en las premisas de las que parten y las formas de lograr progreso.

Tan simple como eso. Lo que nos manda a algo también sencillo, lo de qué da mejores resultados en la práctica.

Conocemos la respuesta, es el capitalismo el que genera más riqueza. Notablemente más que el socialismo. Las cosas se ponen más interesantes, porque surge la pregunta obvia, la de qué si es moral aplicar un sistema que da malos resultados cuando se puede aplicar otro que da mejores.

Por supuesto que no. No resulta algo justo implantar regímenes socialistas cuando pueden usarse sistemas capitalistas que producen mayor prosperidad.

Hasta aquí, la lógica es aplastante. La elección obvia es el capitalismo. Sin embargo, en la realidad las cosas no han sido tan sencillas.

La defensa de los socialistas toma otras avenidas, especialmente esa con la que comencé, una defensa del socialismo que crea la apariencia de un mayor humanismo compasivo, en oposición al egoísmo destructivo del capitalismo.

Este terreno no es el de resultados prácticos, sino una batalla de relaciones públicas basada en connotaciones. Es la que asocia al capitalismo con eso de ser salvaje, manchesteriano y demás; y al socialismo con benevolencia y compasión.

Por supuesto, uno se pregunta cómo es posible que el socialismo sea bondadoso cuando produce menos bienestar que el capitalismo. Una interrogante que es ignorada totalmente.

La batalla de relaciones públicas en favor del socialismo es inteligente y ha tenido efectos notables. Ha logrado enraizar la idea de que el capitalismo favorece a unos pocos, que son los villanos que acumulan la riqueza, lastimando a la mayoría que son los explotados que no tienen defensa.

Bajo esta forma de pensar, sin mucho notarse se filtra una idea, la de que sólo el gobierno puede defender a los lastimados.

¡Es realmente brillante el truco!

Los gobernantes, entonces, son erigidos como los defensores de los explotados y acumulan un poder extraordinario, el de ser redistribuidores de riqueza. Quitan a unos y dan a otros. La imagen del proceso es de novela: el villano rico y odiado recibe un castigo merecido por parte del héroe gubernamental que reparte lo quitado entre los explotados.

Pocas cosas tan atractivas hay que un argumento de novela, en el que el malo recibe un castigo y el héroe salva a la víctima. Por simplista e ingenuo que sea, el truco funciona y funciona bien, especialmente en tiempos de demasiada televisión y poco seso.

Muchos, por este proceso, se tornan socialistas accidentales y comienzan a hablar de economía. Es así que cada vez que mencionan la palabra “capitalismo” le añaden “salvaje” como un reflejo condicionado del que tienen poca o nula conciencia.

El gran ganador del premio mayor en esta batalla de relaciones públicas no es en realidad ese segmento de explotados, sino el gobernante que se vuelve el más rico y poderoso de todos.

Post Scriptum

Hay otra dimensión que ilumina la discusión entre ambas ideologías y que puede verse esquemáticamente.

• El socialismo, asociado al altruismo, sostiene que el capitalismo es egoísta y codicioso. La idea central es la de que al implantarse el socialismo, la sociedad entera se vuelve compasiva, humanista y benévola, dejando de ser egoísta, codiciosa y materialista.

• Lo anterior es falso, totalmente falso, por una razón. Los vicios y las virtudes no son cualidades de un sistema económico, sino del ser humano. Es decir, el egoísmo se padecerá con socialismo y sin socialismo, con capitalismo y sin capitalismo. Igual que el materialismo y la codicia.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Izquierdas-Derechas. En Miedo al Futuro hay una curiosa idea que explica la extraña unión que sucede en veces entre ambas tendencias.

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