Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Socialista Accidental
Eduardo García Gaspar
26 febrero 2013
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


El cura fue enfático. Cada vez que hablaba de capitalismo, añadía una palabra, “salvaje”.

Sucede con frecuencia.

También he escuchado al que cada vez que menciona la palabra “capitalismo”, agrega otra, “manchesteriano”.

Parece como si hubiera una asociación inmediata entre capitalismo y una lista de adjetivos negativos.

El caso más clásico es la adición de adjetivos como “individualista” y sus consecuentes: anárquico, egoísta, inmoral, codicioso, materialista y otros más de similar naturaleza. No es para tanto.

El tema bien vale una segunda opinión que intente evitar eso del reflejo condicionado.

Cada vez que se toca la campana, el perro saliva. Cada vez que alguien dice “capitalismo”, añade “egoísta” o alguna otra palabra del catálogo usual.

Sucede este reflejo condicionado del otro lado también. Cuando algunos mencionan “socialismo” de inmediato añaden calificativos, como “humano” y equivalentes: compasivo, benigno y similares.

El doble fenómeno es seductor a tal grado que es imposible resistir la tentación de verlo más de cerca.

Como dice un amigo, eso sucede por una razón, “un triunfo impresionante de relaciones públicas de los socialistas, que han asociado a su forma de pensar con beneficencia social, haciéndose ver como lo más parecido a monjas de la caridad”.

Tiene su punto mi amigo, pero hay mucho más que eso. Seamos lógicos.

Primero, veamos al capitalismo y al socialismo como lo que son, dos sistemas político-económicos que buscan prosperidad. En eso son iguales, pero difieren en las premisas de las que parten y las formas de lograr progreso.

Tan simple como eso. Lo que nos manda a algo también sencillo, lo de qué da mejores resultados en la práctica.

Conocemos la respuesta, es el capitalismo el que genera más riqueza. Notablemente más que el socialismo. Las cosas se ponen más interesantes, porque surge la pregunta obvia, la de qué si es moral aplicar un sistema que da malos resultados cuando se puede aplicar otro que da mejores.

Por supuesto que no. No resulta algo justo implantar regímenes socialistas cuando pueden usarse sistemas capitalistas que producen mayor prosperidad.

Hasta aquí, la lógica es aplastante. La elección obvia es el capitalismo. Sin embargo, en la realidad las cosas no han sido tan sencillas.

La defensa de los socialistas toma otras avenidas, especialmente esa con la que comencé, una defensa del socialismo que crea la apariencia de un mayor humanismo compasivo, en oposición al egoísmo destructivo del capitalismo.

Este terreno no es el de resultados prácticos, sino una batalla de relaciones públicas basada en connotaciones. Es la que asocia al capitalismo con eso de ser salvaje, manchesteriano y demás; y al socialismo con benevolencia y compasión.

Por supuesto, uno se pregunta cómo es posible que el socialismo sea bondadoso cuando produce menos bienestar que el capitalismo. Una interrogante que es ignorada totalmente.

La batalla de relaciones públicas en favor del socialismo es inteligente y ha tenido efectos notables. Ha logrado enraizar la idea de que el capitalismo favorece a unos pocos, que son los villanos que acumulan la riqueza, lastimando a la mayoría que son los explotados que no tienen defensa.

Bajo esta forma de pensar, sin mucho notarse se filtra una idea, la de que sólo el gobierno puede defender a los lastimados.

¡Es realmente brillante el truco!

Los gobernantes, entonces, son erigidos como los defensores de los explotados y acumulan un poder extraordinario, el de ser redistribuidores de riqueza. Quitan a unos y dan a otros. La imagen del proceso es de novela: el villano rico y odiado recibe un castigo merecido por parte del héroe gubernamental que reparte lo quitado entre los explotados.

Pocas cosas tan atractivas hay que un argumento de novela, en el que el malo recibe un castigo y el héroe salva a la víctima. Por simplista e ingenuo que sea, el truco funciona y funciona bien, especialmente en tiempos de demasiada televisión y poco seso.

Muchos, por este proceso, se tornan socialistas accidentales y comienzan a hablar de economía. Es así que cada vez que mencionan la palabra “capitalismo” le añaden “salvaje” como un reflejo condicionado del que tienen poca o nula conciencia.

El gran ganador del premio mayor en esta batalla de relaciones públicas no es en realidad ese segmento de explotados, sino el gobernante que se vuelve el más rico y poderoso de todos.

Post Scriptum

Hay otra dimensión que ilumina la discusión entre ambas ideologías y que puede verse esquemáticamente.

• El socialismo, asociado al altruismo, sostiene que el capitalismo es egoísta y codicioso. La idea central es la de que al implantarse el socialismo, la sociedad entera se vuelve compasiva, humanista y benévola, dejando de ser egoísta, codiciosa y materialista.

• Lo anterior es falso, totalmente falso, por una razón. Los vicios y las virtudes no son cualidades de un sistema económico, sino del ser humano. Es decir, el egoísmo se padecerá con socialismo y sin socialismo, con capitalismo y sin capitalismo. Igual que el materialismo y la codicia.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Izquierdas-Derechas. En Miedo al Futuro hay una curiosa idea que explica la extraña unión que sucede en veces entre ambas tendencias.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “El Socialista Accidental”
  1. Crisbio Dijo:

    Un factor que influye en ésto es que la gente cree que lo que actualmente hay en muchos países del mundo es capitalismo de libre mercado, siendo que lo que en realidad hay (incluso en EUA) es mercantilismo, socialismo para ricos ó “capitalismo de cuates”. De ahí que cuestionen el hecho de que en el capitalismo “se concentre la riqueza en unas cuantas manos”.

    Muchos de esos que idolatran al socialismo igualmente pueden ser vistos como personas que no quieren responsabilidad, quieren que alguien les releve de ella y por eso muchos escogen la puerta ancha donde ellos dependen total y absolutamente por completo de los gobernantes y sólo den el más mínimo esfuerzo con tal de que ellos les resuelvan todos sus problemas a costa del precio que sea. Al usar la tendencia socialista estos tipos de gobiernos promueven el “ateísmo” y fomentan la envidia ante el progreso, porque a la pobreza le encanta la compañía. Se inyecta la idea de que el problema es el rico y por esto hay que poner a todos en el mismo nivel de pobreza, vemos que esto es contrario enseñanzas de Jesucristo y la Iglesia Católica, entonces es cuando el pueblo le da el poder total al Estado para que él sea el “dios” que controle esta supuesta injusticia.

    Éste creo es un principio antiliberal y muy relacionado con el socialismo: la pérdida de responsabilidad. Cuando uno no aprende de sus errores porque otro le saca de apuros continuamente, tiende a comportarse negligentemente y a pedir que quien le saca de apuros lo haga siempre, eso ocurre no sólo a nivel de personas comunes, sino también de empresarios y hombres de negocio. Es lo que se llama “riesgo moral”. ¿Cuál es la diferencia entre “rescatar” a una empresa que tiene pérdidas y es ineficiente y un banco en crisis? Ninguna. Si el Gobierno y amigos se dedican a tapar con nuestros impuestos las pérdidas de los bancos negligentes, constructores irresponsables ó empresas que ya no sirven al público, si el gobierno cuida al ciudadano “de la cuna a la tumba”, ¿por qué dedicarse a otro negocio con un riesgo real donde no existe la posibilidad de beneficiarse de las pérdidas? ¿por qué asumir responsabilidades siendo que eso es “problema del gobierno”?





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