Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Encontrar a Aristóteles
Eduardo García Gaspar
9 mayo 2013
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
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La libertad va antes que ella. La libertad es su razón y justificación.

La libertad es el valor a defender, la otra es sólo un medio imperfecto para defenderla.

Hablo de la democracia, cuya razón de ser es sólo la defensa de la libertad.

Sin libertad, la democracia es nada, realmente nada. Tomemos un caso concreto, el de la libertad de expresión.

Ha sido llamada “democracia del intelecto”, una expresión no muy satisfactoria. Es más bien la posibilidad de pensar, hablar, escuchar lo que uno quiera. Es libertad de hacer sin frenos externos.

Y tiene un apoyo sorprendente es la invención de medios de difusión. Tome usted, por ejemplo, la invención de la imprenta.

Desde ese momento, fue posible tener una plataforma que difunde lo que alguien dice. Toda una revolución que tiene un efecto sustancial: crea opciones de selección para todos, o casi todos.

Opciones para hablar, escribir. Opciones para escuchar, leer. Luego vino la multiplicación: folletos, pasquines, periódicos, revistas. Un mundo de alternativas para difundir lo que está en la mente de quien publica.

La posibilidad de amplió aún más con otra innovación, la Internet. Con costos bajos, casi inexistentes, las opciones se multiplicaron. Ya no sólo autores contratados por editoriales y medios, ahora todos pueden difundir sus ideas.

Por supuesto, antes habían estallado otros adelantos electrónicos, como la radio y la televisión, después del telégrafo.

Muy bien, todo esto ya lo sabemos y es repetitivo de lo dicho por muchos con mucha frecuencia.

Igual de repetido que el problema que acarrea la difusión, esa libertad de hablar y escuchar, el del conflicto con la autoridad. Es como un enfrentamiento entre el que habla y la autoridad, a la que puede no agradar lo dicho. Es la censura, incluso presente ahora en los esfuerzos gubernamentales por controlar la Internet.

Lo que en esto bien vale una segunda opinión es algo poco dicho. Me refiero a la multiplicación de opciones. Millones y millones de posibilidades de expresar lo que hay en nuestras mentes y de seleccionar lo que queremos que entre en ellas.

Si antes, en tiempos idos, lo difundido era casi único y prevenía de gobernantes y autoridades, en el presente el problema es un de selección. Un nuevo problema para el ser humano.

Un problema de tiempo. Cada selección consume tiempo y este es escaso. Leer cierto libro, o ver el fútbol, o escuchar la radio, o ver una revista, o navegar en Internet. Y luego está seleccionar la opción específica, qué libro, qué revista, qué programa, qué página de Internet.

Es posible que no tengamos la preparación suficiente como para seleccionar sabiamente, pero no importa, lo hacemos todos los días.

Lo que quiero enfatizar es eso, la posibilidad de estar perdidos en un océano de opciones de expresión, una situación que no tuvieron generaciones anteriores.

Un amigo lo describe bien, al narrar cómo en familia veían todos ciertos programas, “porque no había otros”. Con cientos de canales, la situación es muy distinta. Y eso sólo en televisión.

Estar perdidos en el océano de opciones, me parece, es una realidad. Y tiene consecuencias. Una profesora narró una de ellas, la extrema credibilidad de sus alumnos.

Creían ellos que una novela histórica contenía una realidad absoluta, que lo que estaba en Internet era cierto totalmente. La ingenuidad en ese océano de opciones es peligrosa, produce pérdida de rumbo.

Otra consecuencia es la igualación aparente de calidades de los contenidos de las opciones. Lo bueno y lo malo se confunden. Lo razonable con lo loco. Lo importante con lo trivial.

Es un problema de poder discriminar, de falta de guías para seleccionar con sabiduría lo más conveniente. La trivialidad en ese océano de opciones es riesgosa, causa pérdida del sentido de lo trascendente.

Una solución para el manejo de elecciones casi infinitas es valorar todo por igual, un remedio fácil, cómodo y erróneo, que deja el problema sin resolver.

¿Cómo discriminar entre tantas fuentes creadas por la libertad de expresión? El problema se ha invertido. Si antes el problema era de la fuente que busca su diseminación, ahora es del receptor que tiene más fuentes de las que puede manejar.

Antes la recuperación de los textos clásico de los griegos, por ejemplo, fue un hallazgo impresionante. Ahora quizá sea el mismo problema. Si Aristóteles viviera hoy mismo y publicara en Internet, sería también una formidable tarea el encontrarlo.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Libertad de Expresión y en ContraPeso.info: Internet.

El corazón de la columna nació al equiparar dos situaciones muy distintas que producen un resultado similar:

  • Las obras de Aristóteles tienen copias escasas, fácilmente posibles de perder, ocultas en bodegas abandonadas y ruinas desconocidas, en lugares lejanos.
  • Las obras de Aristóteles tienen copias abundantes, posibles de acceder, están en todas partes, en todos los medios, pero están mezcladas con miles de otros materiales de muy diversas calidades.

Las dos situaciones presentan la misma dificultad, la del descubrimiento de esas obras.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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