Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entre Genética e Historia
Eduardo García Gaspar
8 agosto 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La persona fue clara. En todas sus afirmaciones decía lo mismo.

Decía que los humanos somos como somos por nuestros genes, producto de la supervivencia de nuestros ancestros.

Cosas como que nuestra inclinación por el pensamiento intuitivo se debe a la vida de los primitivos que actuaban de inmediato, sin casi pensar, pues de lo contrario serían devorados por un animal.

Era una de esas personas que todo lo ven a la luz de los rasgos genéticos del sobreviviente en épocas remotas, como el matrimonio que sólo es el querer tener descendencia que sirva al grupo.

Es cierto seguramente. Debemos tener una buena influencia en los genes de ancestros que gracias a ellos sobrevivieron.

Pero de allí a que todo pueda ser explicado por medio de los genes que ayudaron a sobrevivir a esos de los que descendemos, hay mucha distancia.

Es posible que se trate de un tipo de falacia, la de la causa única: el creer que fenómenos complejos tienen una sola causa. ¿Somos solamente el producto de una historia biológica?

Me refiero a cosas que quieren explicar la tendencia a unirnos a las mayorías porque en tiempos ancestrales sin pensarlo hacíamos lo mismo que los otros que empezaban a correr, a los que nos uníamos porque eso significaba un peligro inminente del que se huía. Quien no se unía al grupo que huía era devorado por algún tigre prehistórico y sus genes desaparecían.

No digo que se pongan de lado esas explicaciones, pero sí digo que sean consideradas otras adicionales.

No hacerlo es sucumbir a otra forma de error, el de la persona que tiene un martillo y por todas partes ve clavos. Querer entender a los humanos como seres que son así por razones de genes heredados no es indebido, pero de allí a ser la explicación final, hay un gran paso que es equivocado.

El asunto puede exponerse como lo hizo Mortimer Adler (1902-2001), un filósofo estadounidense, en una de sus obras: los animales pasan de una generación a otra una herencia física, biológica y con los humanos sucede lo mismo, pero también existe otra herencia humana que no tienen los otros animales. Los humanos tenemos una herencia cultural.

Es esa “transmisión de generación a generación de ideas e instituciones”. Esto es lo que hace que el humano tenga una herencia histórica, además de biológica. En realidad somos un “animal histórico”, dice Adler.

Ahora es cuando las cosas se ponen interesantes.

Los animales luchan por sobrevivir, por satisfacer sus necesidades biológicas. Unos lo logran, otros no. Los rasgos biológicos de los sobrevivientes son la única herencia posible para la siguiente generación. Su vida es netamente biológica. La única que realmente tienen.

Pero el humano tiene dos vidas, no una. Una es la del “hombre prehistórico que lleva una vida al nivel de la bestia o el bruto”. La otra es la del “hombre histórico que lleva a una vida civilizada”. Esas dos vidas hacen una naturaleza humana fundada en principios animales y principios racionales.

La consecuencia es gigante: somos muy diferentes a los animales, precisamente por esa razón de ser racionales.

Eso es lo que explica el por qué, por encima de aspectos biológicos, somos una especie que piensa tener derechos por ser personas, que adorna sus casas, que escribe libros y otras cosas que no explicarían los genes de los sobrevivientes en la prehistoria.

Más aún, hay cosas del hombre histórico que se oponen al hombre prehistórico y su lucha por sobrevivir, como su ansia por curar enfermedades o atender enfermos terminales. Una lucha eficiente por sobrevivir optaría por abandonarlos.

Además, la verdad es que no puedo encontrar una causa genética de herencia de genes que me explique la existencia de Mozart, ni de Shakespeare, ni de Velásquez. Como tampoco de Paris Hilton, o Justin Bieber.

Quizá pueda especularse una variación del instinto de supervivencia, sobrevivir no biológicamente sino en otro plano distinto. Puede ser que ese hombre histórico tan diferente a los animales, quiera ahora luchar por sobrevivir espiritualmente y para eso necesita otras cosas adicionales a las físicas, como el arte, la filosofía, la religión.

Puede ser, pero lo que parece indudable es que la explicación genética por sí misma tiene un valor sin duda, pero no puede adjudicarse el mérito de ser la única explicación, si siquiera la principal. Una vez superada la supervivencia biológica, entramos a los terrenos de la historia, eso que ha creado la civilización.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Naturaleza Humana.

El libro del que hablo es el de Adler, M. J. y Weismann, M. (2000). How to think about the great ideas. Chicago: Open Court.

Un sacerdote católico, hace tiempo, me dijo que el destino del ser humano es regresar a Dios, a su creador. Es decir, hay aquí también ese elemento de supervivencia pero en otro nivel, el del alma. Concretamente dijo que “tenemos grabada en el corazón la idea de la bondad de la vida física, a la que valoramos, pero también la gloria de la vida espiritual, a la que queremos llegar y que es eterna”.

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