Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es la Libertad
Eduardo García Gaspar
30 mayo 2013
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Sucede en ocasiones. No tan frecuentes como uno quisiera.

Es el encontrar ideas que expresan nociones nuestras.

Que lo hacen en pocas palabras, bien seleccionadas. Párrafos que uno quisiera haber escrito.

Uno de ellos dice lo siguiente:

“… el libre albedrío es en sí mismo lo más noble que podemos tener porque nos hace de una cierta manera iguales a Dios y nos exime de ser sus súbditos; así que su uso legítimo es el más grande de todos los bienes que poseemos y más aún, nada es más nuestro propio, ni que más nos interese. De todo ello se sigue que nada más que el libre albedrío puede producir nuestros mayores contentos”.

Eso lo escribió R. Descartes (1596-1650), el filósofo que murió de neumonía en Suecia (¿o envenenamiento?).

Es parte de una carta dirigida a la reina Cristina, de ese país, fechada el 20 de noviembre de 1647. Tomado así, aislado de su contexto, contiene una idea fenomenal.

La libertad es lo más grande, “noble”, que podemos tener los humanos. No creo que esté alejado de la verdad. Nuestra naturaleza es libre en esencia.

Lo que nos haga libres es bueno para nosotros y lo opuesto: eso que ataque nuestra libertad va contra nuestra naturaleza. No para allí Descartes. Añade un elemento central.

Dice que la libertad nos asemeja a Dios y nos hace posible la opción de alejarnos de Él. Es cierto y lo vemos a diario. Debe ser una capacidad notable realmente, debida a un suceso paradójico: creados por Dios, Él permite que podamos alejarnos de su persona.

Hay aquí un sabor a la situación familiar, la de los hijos que pueden o no permanecer cerca de sus padres.

La exaltación de Descartes es difícil de superar: la libertad es causa de “nuestros mayores contentos”. Puesto de otra manera, la libertad que es natural en nosotros, es causa de felicidad, de lo que sigue que la pérdida de libertad es fuente de desventura.

Me imagino que la mayoría de las personas estén de acuerdo con la idea central: la libertad es parte de la naturaleza humana.

Dudo que existan muchos para quienes lo opuesto sea lo deseable, el que perdamos nuestras libertades, que seamos obligados a actuar, a pensar, que nos convirtamos en esclavos o robots que siguen ciegamente instrucciones de otros. Todo esto es lo que alimenta las raíces mismas de quienes pensamos ser defensores de la libertad en sus distintas facetas.

Es una instancia de los cimientos que sustentan la defensa de los libres mercados, del libre comercio, de la libertad empresarial. También de las defensas de la democracia, el estado de derecho, los impuestos bajos y el gobierno limitado.

Igual que de la defensa de la libertad religiosa, de la educativa, de la de pensamiento. Todo esto tiene sentido precisamente porque la libertad es esencial a nosotros, fuente de “nuestros contentos”.

Una situación curiosa, por una consecuencia inevitable, que contiene ese mismo párrafo. Si la libertad puede ser usada para renunciar a quien nos la dio, es natural que ella pueda ser usada también para otras cosas no deseables. Es algo que coloca al defensor de la libertad en una situación curiosa.

Un ejemplo. Quien defiende la libertad religiosa puede dar con facilidad la apariencia de estar defendiendo al ateísmo, cuando en realidad nada más defiende esa libertad no las conductas que ella puede crear.

Igual en otro caso, el de quien defiende la libertad económica pudiendo dar la apariencia de defender casos de abusos y engaños de empresas. No defiende esos abusos, pero sí defiende la libertad económica.

La diferencia es quizá demasiado sutil para que sea entendida por todos. La libertad de los bancos para decidir sus créditos es defendible en sí misma, aunque algunos banqueros puedan aprovecharse cometiendo fraudes.

La falla no es de la libertad, la falla está en la mala conducta de una o más personas. Resultaría absurdo anular la libertad económica para impedir toda posibilidad de engaños.

Quizá sea una cuestión de apariencias. Cuando mis amigos socialistas me acusan de defender las prácticas claramente monopólicas de algunas empresas, se confunden.

No las defiendo, lo que defiendo es la libertad empresarial. Igual que la libertad de expresión, lo que no implica que sea partidario de cantidad de mentiras y errores que así se difunden.

En resumen, da gusto encontrar ideas como la de ese párrafo de Descartes. Por dos razones, la del encontrar que uno no está tan alejado de la verdad. Y la de poder añadir siquiera un poco, esta idea de que defender la libertad no es defender lo malo a lo que ella nos puede llevar, sino lo bueno que tiene al ser fuente de “nuestros contentos”.

Post Scriptum

Las ideas pueden llevarnos a entender a la libertad de otra manera, una más exacta. La libertad es en realidad la oportunidad que permite hacer lo debido, lo correcto, lo acertado, cuando podía haberse hecho lo indebido, lo incorrecto, lo desatinado.

También, me lleva a la conclusión de la base del error socialista, que es el querer corregir los abusos de la libertad anulando la libertad, como quien quiere quitar un dolor de cabeza separándola del tórax.

Hay una buena cantidad de más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Libertad General.

Confieso una gran desesperación cuando trato de defender la idea de la libertad económica y se argumenta en mi contra que estoy defendiendo los grandes intereses y abusos de Exxon, o de Enron. Defender la libertad no es lo mismo que aprobar abusos, mentiras, o fraudes que esa libertad hace posibles.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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