Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Exigir Demandas Sociales
Leonardo Girondella Mora
13 mayo 2013
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


No ha escasez de ideas sobre el tipo de gobierno que más conviene al bienestar de la comunidad —una de ellas es especialmente digna de examinar. Es la que está construida sobre la idea de “cumplir con demandas sociales”.

Es un sistema de gobierno que se diseña y planea para la satisfacción de necesidades de la población y consiste en un mecanismo de dos pasos, que explico en lo que sigue.

Son los pasos que se sugiere dar para tener un buen gobierno, según la opinión de algunos, y que suele llamarse gobierno por petición popular.

• En el primero de los pasos, se tiene la elaboración de listas de necesidades, reclamos y derechos que se considera son de beneficio para la población. Son los ciudadanos mismos los que elaboran esta lista petitoria.

Es una etapa de estudio, selección y determinación final de una relación de satisfactores que se han evaluado como necesarios y deseables para alcanzar el bienestar general.

• En el segundo paso, se propone la lista — es el pueblo el que expone la lista, formada en el primer paso, a las autoridades políticas, y estas deciden a su vez cómo podrán garantizar la satisfacción de las peticiones hechas.

Es un paso que comprende dos actividades. En la primera, la lista es presentada al gobierno por los ciudadanos y, en la segunda, el gobierno toma la decisión sobre la manera en la que satisfará las solicitudes contenidas en la lista.

Hasta aquí, la explicación de una de las muchas ideas que se han creado para el diseño de un buen gobierno, definido como uno que conduzca a la sociedad al bien común. En lo que sigue hago algunas observaciones sobre el este tipo de arreglo político.

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• El primer paso —el de la elaboración de la lista de necesidades— se plantea con demasiada vaguedad. En naciones con millones de habitantes, hacer la lista debe ser una tarea delegada en representantes, lo que significa elegir antes a esos representantes populares los que duplican la función de las cámaras legislativas.

• La lista posible no tiene límites conocidos —potencialmente podría contener una larga lista de reclamos y peticiones sin criterio de definición y sin distinción de importancia. Incluso contendría contradicciones internas e intereses opuestos entre sí.

• Con facilidad, la elaboración de las listas de peticiones podría ser secuestrada por los grupos más organizados y fuertes —los que a pesar de ser minoritarios harían de lado a mayorías poco organizadas.

• El segundo paso —el de exponer las peticiones al gobierno y éste proceder a satisfacerlas— se plantea con igual vaguedad. No hay detalles de métodos de exposición, ni de recepción de peticiones, que son tareas ya asignadas a los legisladores y que se duplicarían en este sistema.

• Este sistema de gobierno por petición popular no reconoce los límites de los fondos públicos necesarios para satisfacer las peticiones. Es obvio que no serán suficientes para todo lo pedido, ni para todas las personas.

• Con gran facilidad, los gobiernos podrían usar el poder de satisfacer peticiones para premiar grupos leales al gobierno —negando fondos a quienes son opositores.

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He explicado una de las propuestas políticas de estos tiempos —la llamada usualmente “participación popular” y que consiste en entender a los ciudadanos como autores de listas de demandas sociales que en un paso siguiente son presentadas a la autoridad para que ella las satisfaga.

Por lo señalado antes, puede decirse que es un diseño ingenuo, carente de detalles y que presenta riesgos graves de usos corruptos —además de duplicar responsabilidades ya existentes dentro del gobierno.

Pero su mayor defecto es su error al definir a la ciudadanía como una entidad cuyo papel central es pedir, exigir y demandar —sin mencionar la capacidad de las personas para crear, producir y hacer por sí mismas. Convierte a la deseable participación cívica en una limitada responsabilidad de desear, apetecer y mendigar.

Es decir, degrada a a la gente al darle una responsabilidad indignante de vivir de los favores gubernamentales —la máxima ambición del ciudadano, bajo este sistema, es esperar ser recibido por las autoridades y tener la esperanza de que sus solicitudes se cumplan.

Es un papel humillante y vergonzoso el del ciudadano frente a gobernantes que, gracias a este diseño de gobierno, adquieren la importancia de un agente repartidor de favores que sólo pueden realizarse tomando recursos de esos mismos a quienes piensa favorecer.

Addendum

Un sistema de gobierno tan atroz como el que he explicado, sin embargo, recibe un amplio apoyo entre diferentes círculos de la academia y la política —quienes lo han enmarcado como un sistema deseable de “participación popular”, por el que el pueblo se organiza y exige demandas sociales.

La realidad es que ‘exigir demandas sociales” tiene un atractivo superficial muy aprovechable en discursos políticos —pero en su fondo rebaja la dignidad humana del ciudadano para convertirse en alguien cuya vida depende de lo que el gobierno decida hacer con él.

Este sistema puede verse muy bien en acción en el estado de bienestar europeo. Recientemente hubo protestas en Francia por la austeridad del gasto público, lo que le impide cumplir con las demandas sociales. Lo mismo ha sucedido en España y en otras partes.

Es un sistema que lleva a un abismo, el punto en el que el gobierno ya no tiene los recursos para dar todo lo que le exige su ciudadanía, la que ha sido acostumbrada a pedir, no a crear.

Nota del Editor

Hay más ideas en ContraPeso.info: Electorado. También en ContraPeso.info: División del Poder.

Es valioso el punto de Girondella, en el sentido de desenmascarar al gobierno que se erige en satisfacer demandas sociales. Miientras que el disfraz de esa autoridad es sin duda atractivo, en su interior esconde un sistema al menos autoritario que se aprovecha de la candidez del electorado.

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