Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falacia de la Imposición
Leonardo Girondella Mora
12 noviembre 2013
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El uso de la “intención y voluntad de imponerse” como sistema de argumentación es un instrumento común en la discusión que pretende ganar al opositor sin tener una base sólida —en realidad algo que funciona por medio de la descalificación del enemigo acusándolo de intentar forzar su opinión en los demás.

Esquemáticamente funciona de esta manera:

1. La persona A expresa una opinión, no importa cuál sea.

2. La persona B expresa una opinión contraria a la de A.

3. La persona A expone razones por las que justifica su opinión.

4. La persona B acusa a A de querer imponer su opinión en todos —sin necesidad de exponer sus propias razones, ni evaluar las contrarias. Haciendo esto, cree haber ganado la discusión.

La falacia funciona bien, porque a nadie le gusta que alguien le imponga algo como una opinión opuesta a la propia —y el error pasa desapercibido: no fueron analizadas las razones de uno y las del otro no fueron expuestas.

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En la mayoría de las ocasiones esta falacia que argumenta imposición pasa desapercibida —como lo muestro en el siguiente ejemplo tomado de la columna El Aborto a la Derecha, de Jorge Javier Romero (Nexos en Línea 1 septiembre 2000)

“Mientras que las derechas suelen ser bastante propensas a tratar de convertir sus particulares creencias morales y religiosas en normas generales, las izquierdas modernas defienden de mejor manera los principios liberales que permiten la convivencia de distintas formas de entender la vida, la moral o la sexualidad que de hecho existen en las sociedades urbanas, alejadas de la unicidad moral del orden rural o de las sociedades tradicionales.

“En pocas palabras, las derechas tienden a creer que saben cómo deben vivir los demás y les gustaría imponer esa visión, aunque no siempre puedan hacerlo, gracias a las resistencias de la propia sociedad heterogénea”.

No quiero entrar a la discusión del tema del aborto —pero sí a la construcción de la argumentación del autor. En el primer párrafo se expresa la opinión del autor, la que él apoya en dos partes:

• La derecha tiende a transformar sus opiniones propias en reglas de aplicación para todos, especialmente las morales y religiosas.

• La izquierda es mejor porque permite la convivencia de opiniones distintas sin usar un orden moral único.

No es una argumentación sólida porque comete el mismo error del que acusa a la otra parte: también tiene un orden moral único que es el de que no hay un orden moral único.

Pero lo vital está en el segundo párrafo, que es donde es posible descubrir la falacia a la que me refiero —cuando en la argumentación se usa la palabra “imposición” o el verbo “imponer” ligada a la intención del opositor, entonces la mayoría de las veces se está en presencia de este error de razonamiento.

Según el autor, la derecha quiere imponer su opinión en el resto —una acusación paradójica, porque es lo mismo que la otra parte quiere hacer, imponer la suya. La forma de defender su razonamiento es endeble y frágil. Acusar al otro de querer imponerse no va validez alguna a la opinión propia.

Una explicación posible de la popularidad de esta falacia quizá pueda remontarse a la forma de entender a la vida como un mundo en el que el poder todo lo explica —y la fuerza resuelve toda discusión sin necesidad de usar la razón.

Para quien entiende al mundo como una lucha de poderes que forcejean buscando su propia victoria acabando con los otros, este argumento es atractivo y satisfactorio en sí mismo —sin importar que se haya renunciado a la otra posibilidad, la de usar la razón y la lógica para encontrar la verdad o algo cercano a ella.

El contraste puede verse esquemáticamente.

• La persona que razona su opinión y trata de justificarla son solidez, presupone que la razón y la lógica pueden usarse para encontrar conocimiento real.

• La persona que quiere validar su posición descalificando a la otra como un intento de imposición forzada, niega la posibilidad de llegar al conocimiento por medio de la razón.

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Finalmente, en la misma columna se afirma que para solucionar las diferencias de opinión entre quienes difieren sobre el momento en el que comienza la vida y poder o no abortar,

“Frente a esta controversia, irresoluble de cualquier otra manera, el Estado debe legislar de tal manera que no tome partido por ninguno de los dos puntos de vista”.

Es decir, la fuerza del gobierno entra a imponer una de las opiniones. Es lógicamente imposible que se legisle sin tomar partido por una de ellas, como cree el autor.

Addendum

Para comprender mejor lo enclenque del argumento de la imposición puede acudirse a un caso extremo:

1. La persona A opina que 2+2=4.

2. La persona B opina que 2+2=5.

3. La persona A expone sus razones, como la de que reunir en un sólo conjunto a dos subconjuntos de dos, da siempre ese resultado.

4. La persona B acusa a la persona A de querer imponer su opinión al resto.

Si bien es mi opinión que el aborto es reprobable moral y legalmente —mi intención no ha sido otra que la de ejemplificar una falacia común que no es simple de reconocer.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Falacias. Girondella trató a esto mismo hace pocos años en Falacia de la Imposición Oculta.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Falacia de la Imposición”
  1. Juan Jose Moreno Dijo:

    perfectamente explicado.





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