Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falla la Unitalla
Eduardo García Gaspar
23 enero 2013
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue en enero de 1964. En los EEUU, Lyndon Johnson declaró la Guerra a la Pobreza.

Eso dio origen a una serie de acciones gubernamentales. Todas trataron de remediar la pobreza.

El lunes pasado, sucedió algo similar, también en enero.

Casi 50 años después. Fue reportado que

“El presidente de México, Enrique Peña Nieto, inicia este lunes su Cruzada Nacional Contra el Hambre, uno de los programas prioritarios de la actual Administración para abatir la pobreza, que afecta a 52 millones de ciudadanos en el país” (Noticieros Televisa, 20 enero 2013).

Es como un dejá vu político y múltiple. Se repite, se hace y se vuelve a hacer, una y otra vez, se intenta y trata.

Son acciones que tienen varios comunes denominadores: adoptan una terminología bélica, tienen buenas intenciones, engrandecen a los gobiernos y tienen resultados muy mediocres, si es que los tienen.

Su mecanismo esencial es sencillo: se ataca un problema serio, la pobreza, por medio de acciones gubernamentales, las que tienen un costo que se financia con gasto público y toma la forma de ayudas a un grupo predefinido, el de los pobres.

La teoría es sencilla también: presupone que esas ayudas disminuirán la pobreza de manera definitiva. Las ayudas son del tipo unitalla, iguales para todos.

Eso es lo que creo que bien vale una segunda opinión, la falla de la unitalla.

El tema ha sido ya tratado, por Charles Murray, en su libro Losing Ground : American Social Policy, 1950-1980. El argumento central es fácil de entender: los pobres, como los no-pobres, no son todos iguales. Los hay de muchos tipos.

Los hay responsables e irresponsables, trabajadores y vagos, educados y groseros, limpios y sucios, avaros y pródigos, dignos e indignos. Ninguna de esas cualidades es propia de los no-pobres.

Los casos se conocen. Hay padres pobres trabajadores y esforzados, que se sacrifican por sus hijos, pero también hay padres haraganes que los golpean. Hay pobres honestos y deshonestos, virtuosos y viciosos.

Quizá pueda verse esto como un asunto de méritos distintos en cada persona, lo que lleva al corazón del tema: los remedios unitalla no funcionan bien. Tratan igual al esforzado que al indolente.

Y esto tiene efectos graves en la persona a quien se quiere ayudar, le anula la motivación del mérito y el esfuerzo individual. Le hace ver que la ayuda llega por igual al vicioso que al virtuoso.

Los remedios unitalla a la pobreza tienen un origen implícito que es vital. Se cree que la pobreza es causada por el sistema y que ella es una culpa social que sólo admite una solución gubernamental. Y eso produce una actitud de lamento, queja y reclamo.

El pobre tratado como igual al resto, aprende que hay otra manera de hacerse de recursos, el exigir y pedir. Quienes más gritan y amenazan, más reciben. Ya no es un asunto de mérito, sino de vociferar y unirse a grupos que lo saben hacer.

Creo que esa es la falla del unitalla. Las acciones de ayuda a los pobres deben lograr que ellos salgan por sí mismos de su situación actual. Eso es una combinación de la ayuda de terceros con el esfuerzo personal. Un asunto de méritos.

Pero las acciones de ayuda unitalla se basan en eso solamente, sin incorporar el elemento del esfuerzo y el mérito. Como consecuencia, el pobre entiende que le conviene mantenerse así, que si deja de serlo, no recibirá ya las ayudas.

El corazón de la idea es el mérito del pobre. Los programas de ayuda que no premien los méritos de quienes la reciben lograrán lo opuesto de lo que pretenden. Esto manda a reconocer algo que no es popular: las ayudas deben estar condicionadas a esos méritos.

Sí, habrá personas que no las merezcan y a quienes sería contraproducente darlas.

Una Cruzada Nacional Contra el Hambre, o una Guerra Contra La Pobreza, son actos espectaculares, muy costosos, con buenas intenciones.

Tienen la enorme virtud de hacer sentir satisfechos a quienes los realizan, quienes se colocan como grandes hombres con preocupaciones sociales.

Es una lástima que esa satisfacción tenga tan alto costo. No tanto por el dinero desperdiciado, sino por haber borrados del pobre la noción del mérito personal.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Pobreza. Véase especialmente, Los Pobres no son Iguales.

El caso recuerda lo dicho por Octavia Hill, una reformadora social del siglo 19, opinando sobre una medida del gobierno inglés para proteger ancianos:

“Debo describirlo brevemente como uno de los esquemas gigantescos de ayuda más inadecuados jamás desarrollados por un ser humano. No puede ser adecuado. No puedo creer que promueva prudencia y frugalidad. Me parece que hará mucho para destruir eso que es lo más deseable de mantener: el sentido de responsabilidad de los familiares.”

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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