Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Felicidad Unitalla
Eduardo García Gaspar
15 mayo 2013
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Se ha convertido en un objetivo gubernamental.

Sin mucho darse cuenta, sin aspavientos, ni grandes protestas, la cosa se da por un hecho.

Ha sido aceptado que los gobiernos quieran hacernos felices a los ciudadanos.

Lo que es en realidad la noticia más infeliz que podremos tener.

Tengamos sentido común. Suponga usted que su vecino llega un día a su casa y le dice que la meta de su vida es hacerlo feliz a usted. Su vecino se encargará de todo o de buena parte de la vida de usted.

Si esto llegara a suceder, estoy seguro de que reportaría al vecino a algún psiquiatra para un tratamiento urgente.

Y, sin embargo, eso es lo que solicitan hacer los gobernantes, hacerse cargo de la felicidad de millones. Por supuesto es una postura soberbia y produce lo que el soberbio padece sin remedio, miopía severa.

Es claro que es imposible que un grupo de gobernantes, que ni siquiera saben sus nombres puedan hacer felices a las personas que gobiernan.

¿Por qué no? Hay muchas razones, muchas de ellas éticas. Pero vayamos a una razón solamente, una que es meramente práctica.

Tomemos a un gobernante que crea sinceramente que él sabe lo que la gente quiere, que quiere hacerla feliz, como, por ejemplo, la gente que gobierna Cuba, o Venezuela, o Argentina. López Obrador en uno de esos, en México.

Muy bien, primero tomemos esto a nivel individual. Suponga usted que su vecino vuelve a su casa y le dice que buscará hacerlo feliz a usted, que esa es la meta de su vida, que sólo tiene que confiar en él.

El primer paso lógico es el obvio: usted tiene que decirle qué es para usted su propia felicidad. Usted tiene que darle la información.

Igual para el gobernante. Si quiere él hacer felices a millones de ciudadanos, tiene que tener la información detallada de qué es la felicidad personal para cada uno de ellos.

Habría que entrevistar a todos, poner los datos dentro de una computadora y tratar a cada uno individualmente. Esto supone que la gente pueda definir su felicidad con detalle específico y que cuando cambie de opinión, la base de datos se actualizará de inmediato.

El problema es claro. Ninguno de nosotros, quizá con muy escasas excepciones, puede definir exactamente qué es su felicidad con el detalle necesario para que otro se haga cargo de ella.

Un problema de definición que anula toda posibilidad de que alguien fuera de nosotros pueda hacernos felices. Peor aún, no hay manera de actualizar los cambios de opinión, de que la felicidad de Juan ya no es viajar a Europa, sino sanar su úlcera.

Si alguien quiere hacerse cargo de mi felicidad, por tanto, no hay otra forma de lograrlo que conocer a fondo y con detalle lo que yo considero felicidad en cada momento, y eso cambia con frecuencia.

Con un problema de lógica, el que presentan las personas que dicen que su felicidad consiste en que nadie más que ellas se hagan cargo de su felicidad personal. ¿Qué hace el gobernante frente a esto?

Si entrevistar a millones en detalle y mantener actualizada la base de datos es imposible, resulta que eso de hacernos felices a los ciudadanos es una promesa irreal. Pero a pesar de ser inverosímil, se hace.

Lo que el gobernante elabora es un truco sucio que engaña a muchos. Les dice que buscará hacerlos felices, pero no les dice que será él quien defina la felicidad de ellos.

Es decir, será el gobernante quien determinará qué es la felicidad de todos. Una especie de definición unitalla de la felicidad. Un ejemplo real:

“La suprema felicidad social es la visión de largo plazo que tiene como punto de partida la construcción de una estructura social incluyente, formando una nueva sociedad de incluidos, un nuevo modelo social, productivo, socialista, humanista, endógeno, donde todos vivamos en similares condiciones rumbo a… la suprema felicidad social. (Plan Nacional de Desarrollo Venezuela 2007 – 2013)

Demasiado vago, demasiado confuso. El problema se resuelve con una fórmula simple: el gobierno hace felices a los ciudadanos dándoles cosas: pensiones, médicos, vivienda, precios subsidiados, diversión, educación, transporte gratuito.

Esta es la felicidad unitalla, que millones de ciudadanos crean que ser feliz es esperar regalos gubernamentales. Ya no se necesita saber qué es la felicidad personal propia, ya no importa la persona.

Post Scriptum

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Estado de Bienestar. Véase otra faceta de esa imposición de felicidad unitalla en Exigir Demandas Sociales.

El mecanismo o proceso por medio del que el gobernante hace esos regalos es el de la confiscación de bienes: toma de unos para dar a otros, lo que crea una estructura insostenible a la larga, cuando los recursos a confiscar disminuyan.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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