Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Felicidad y Gobierno
Leonardo Girondella Mora
15 enero 2013
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


Es una realidad —de ya varias décadas—que las políticas gubernamentales se han asignado la responsabilidad de la felicidad de los gobernados.

Una columna reciente, de Cecilia Cifuentes (El Diario Exterior, 5 enero 2013), comenta con fortuna este fenómeno —y a la que cito en lo que sigue, añadiendo mis propios comentarios.

Escribe ella que,

“Cada vez se habla más de que nos equivocamos al medir el PIB y su crecimiento, ya que lo que le importa a la gente es ser feliz, por lo que tenemos que abocarnos a la tarea de medir la felicidad, dejando de lado un supuesto exceso de economicismo en la elaboración de políticas públicas”.

Es cierto —los gobiernos piensan así y se sienten destinados a hacer felices a los ciudadanos, dejando de lado las mediciones más ortodoxas de sus acciones. Por mucho que los gobiernos hagan al respecto, ellos tienen un problema que anota Cifuentes:

“… desde siempre la aspiración de los seres humanos ha sido la felicidad, y lo absurdo es tratar de reducirla a un concepto medible y lograble a través de la acción de los gobiernos, porque claramente no lo es. Es muy probable que ni siquiera nosotros mismos sepamos cómo lograr esa ansiada felicidad, y no es raro que la busquemos en forma equivocada”.

La observación es genial en sus partes. Primero, la posibilidad de reducir la felicidad a una unidad de medida al estilo del PIB —aunque en realidad, podrían pensarse en encuestas de opinión que miden percepciones de felicidad personal.

Pero la genialidad reside en la segunda parte —la que se pregunta si la felicidad del ciudadano es posible mediante la acción gubernamental. Se pregunta ella si “¿Tiene algo que ver la acción del Estado en la felicidad de los individuos?”

Esto es lo que da entrada a lo que pienso puede arrojar la suficiente luz como para comprender el tema de la felicidad y los gobiernos —lo que explico de manera esquemática en lo que sigue.

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¿Influyen los gobiernos en la felicidad de los ciudadanos? La respuesta es afirmativa sin duda alguna — pero hay otra interrogante distinta, la de si los gobiernos son responsables de la felicidad del ciudadano.

• ¿Influyen los gobiernos en la felicidad de las personas? Sí, no hay duda. Cifuentes escribe que,

“Como planteara Thomas Jefferson, es deber de los gobiernos posibilitar a los individuos la búsqueda de su propia felicidad, lo que implica, entre otras cosas, evitar situaciones de guerra, garantizar la seguridad pública y propender a un entorno de igualdad de oportunidades, aunque su consecución absoluta sea un imposible”.

La clave es clara y está contenida en esa palabra, “posibilitar” —sin duda los gobiernos ayudan a los ciudadanos a ser felices, haciendo posibles condiciones que permitan a las personas, por sus propias decisiones y acciones, elevar su felicidad.

• ¿Pueden los gobiernos hacer felices a las personas? No, y tampoco hay duda al respecto. Cifuentes escribe que,

“Esto finalmente tiene que ver con el rol subsidiario del Estado, y no con la búsqueda de la equidad redistributiva, ya que ésta constituye igualdad de resultados, lo que no sólo es imposible, sino tampoco deseable… tampoco contribuye a la felicidad crear la noción de que estamos dotados de una serie de derechos por el sólo hecho de existir, cuando para garantizar esos derechos son terceros los que deben cumplir gravosos deberes, debido al costo que implican para la sociedad… resulta absurdo empezar a responsabilizar al gobierno de la felicidad de los individuos. Y no sólo absurdo, sino además equivocado, ya que los gobiernos con el objetivo de lograr felicidad, buscarán la facilidad, es decir, mejorar el bienestar de la gente dándole bienes y servicios, porque además es lo que la gente le pide”.

En resumen, los gobiernos influyen, para bien y para mal, en la felicidad de las personas —a lo que se añade que cuando los gobiernos quieren hacer felices a las personas influirán negativamente en ella, las harán infelices.

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Termino con una consideración sobre la felicidad. Ninguna persona tiene una idea exacta, detallada y afinada sobre lo que constituye su propia felicidad —es decir, no existe la información necesaria para que el gobierno intente hacer feliz a la persona.

Las personas actúan en cada momento con decisiones que mejoran su situación personal en ese instante y que son producto de circunstancias muy específicas y particulares de la persona —una información que es imposible de tener, pero que sería necesaria para el gobierno que quiera hacer feliz a la persona.

La única posibilidad que tiene un gobierno de hacer felices a sus ciudadanos es forzar en ellas una idea predefinida de felicidad según la ha definido el mismo gobierno —es la opción de la obligatoriedad de una utopía predefinida forzada en todos.

Nota del Editor

No resisto enfatizar un elemento tratado por la Cecilia Cifuentes en su columna. Dice ella al final de la última cita que, “los gobiernos con el objetivo de lograr felicidad, buscarán la facilidad, es decir, mejorar el bienestar de la gente dándole bienes y servicios, porque además es lo que la gente le pide”.

Esto habla de lo bajo y vulgar que puede ser esa parte del electorado de un país que ha adoptado el hábito vicioso de reclamar a la autoridad lo que ha renunciado a tratar de obtener por sí mismos.

La columna ha sido clasificada dentro de ContraPeso.info: Intervencionismo Moral, debido a que la intención de dar felicidad directamente a los ciudadanos constituye una sustitución de las decisiones éticas de esos ciudadanos. Véase, por ejemplo, Jamás Los Legisladores.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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