Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Feliz o Desdichado
Eduardo García Gaspar
26 marzo 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


“Si eres amable, la gente puede acusarte de segundas intenciones. Sé amable de todos modos. Si eres honesto, la gente puede engañarte. Se honesto de todos modos. Si encuentras la felicidad, la gente puede sentir celos. Sé feliz de todos modos“. Madre Teresa.

¿Qué prefiere usted, una vida desdichada o una vida feliz?

¿Una vida violenta o una pacífica? ¿Una vida de fracasos o una de logros?

Es natural que se quiera una existencia feliz, pacífica y llena de éxitos.

No digo aburrida, digo una vida de logros, sin violencias, sin conflictos.

La cuestión, desde luego, es cómo poder tener una vida así. Por más que busco respuestas, sólo me ha satisfecho una.

Quiero decir que sólo he encontrado una solución al problema de llevar una vida de logros, de éxitos, de paz, de tranquilidad, de equilibrio, es decir, una vida feliz en la que las frustraciones son las mínimas.

Esa respuesta es la de actuar de acuerdo a los principios en los que creemos. Siguiendo esos principios y se verá que la vida va a ser más feliz. Si creemos que es malo beber en exceso, no lo hacemos; evitaremos crudas al día siguiente y también, el arrepentimiento de acciones que no hubiéramos cometido estando sobrios.

Lo mismo para las drogas. Si creemos que las drogas son malas porque nos hacen actuar sin conciencia de lo que hacemos, vamos a evitar problemas al no consumir drogas. Y nuestra vida será a la larga más feliz.

¿Quiere alguien ser feliz y tener una vida interesante en la que él sea quien manda? Bueno, pues la clave está en obedecer esas reglas que sabemos nos ahorran problemas.

Nos está prohibido robar, lastimar a otros, tener sexo antes del matrimonio, envidiar a los demás. Todas esas reglas tienen un objetivo, que es darnos una vida consistentemente feliz.

El que bebe demasiado puede ser feliz unos momentos, pero no lo será a la larga. Igual para el que toma drogas, pues va a ser feliz unas horas, pero no el resto de su vida. Sucede lo mismo con el sexo que da unos instantes de placer, pero no a la larga.

Si viviéramos los seres humanos unas pocas horas, quizá podríamos sucumbir a esos excesos de drogas, alcohol, robos, sexo y otros. Pero resulta que vivimos una buena cantidad de años y tenemos que soportar las consecuencias de nuestros actos, lo queramos o no.

Los jóvenes que se acuestan y ella resulta embarazada, sufrirán consecuencias de eso el resto de sus vidas. Lo mismo le puede suceder al que borracho conduce un carro y choca. La larga vida de los humanos nos fuerza a pensar en las consecuencias de nuestros actos. Por eso existen, en parte, las reglas morales.

Lo que esas reglas morales producen es una vida feliz a la larga. No vamos a vivir en el paraíso, pero seremos felices. Más felices que si no respetáramos esas reglas.

Claro que va a haber cosas que sucedan y en las que nada tengamos que ver, como una inundación o un terremoto, que nos pueden hacer infelices. Pero esas cosas no las dominamos. Lo que sí podemos dominar son a nuestros actos.

Otra forma de ver esto es la de reconocer prioridades, es decir, distinguir lo importante de lo no importante en cada momento.

Por ejemplo, cuando viajo en avión, me preocupo por mi portafolio que tanto pesa. Cada vez que vuelo me preocupo de no perderlo. Pero si la situación cambia y el avión aterriza de emergencia, la verdad es que ya no me importa el portafolio, sino mi vida. Dejo el portafolio, por valioso que sea, y salgo de inmediato del avión.

Hago eso porque reconozco la regla que dice que la vida vale más que las cosas materiales. Igual, la vida vale más que el placer de instantes que puede causar, por ejemplo, comer de más algún platillo que nos gusta mucho, o beber en exceso, o tomar drogas, o acostarse con alguien sin estar casado.

Le digo, por tanto, que esas reglas morales nos ayudan a saber lo que es importante y lo que no lo es. Obviamente haremos caso a lo que es importante y nos olvidaremos de lo que no lo es. Esto sucede a diario.

Por ejemplo, podemos enojarnos mucho porque la televisión se descompuso y hasta de mal humor nos ponemos. ¿Vale la pena pasar unas horas enojados por algo que no es importante? Claro que no. Nos debe preocupar sólo lo que es importante, como cuando alguien se ha enfermado de gravedad, o nos ha ido mal en el trabajo o el estudio.

Y esas reglas, que dan prioridades, son las que nos dan una vida más tranquila, más pacífica, pero sobre todo, con más oportunidades para tener éxitos y, por eso, más emocionante.

¿Qué grandes logros y emociones puede tener un borracho, un drogadicto, un ladrón, uno que lastima a los demás, o uno que sólo piensa en el sexo? Tendrá muchos menos éxitos que otro que siga las reglas morales.

Suena curioso, pero para mandar en nuestros destinos hay que obedecer las reglas morales.

En resumen, no hay persona más feliz que aquella que vive de acuerdo con los dictados de su conciencia… y se preocupa por pulir esa conciencia.

Post Scriptum

Es obvia que entre ser feliz y ser desdichada, la persona optará por lo primero. La clave, entonces, está en el cómo alcanzar la felicidad. La respuesta es un tanto paradójica: no se será feliz dando rienda suelta a la voluntad de hacerlo todo, lo que sea y sin limitaciones. Al contrario, se será feliz controlando la voluntad, haciendo lo que debe hacerse y evitando lo que no.

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Naturaleza Humana.

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