Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fetos, Bebés, Amor
Leonardo Girondella Mora
25 enero 2013
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
Catalogado en:


El corazón de la discusión sobre el aborto es la determinación de la naturaleza del feto —donde se enfrentan dos posiciones.

• El feto no es un ser humano aún y, por esa razón su muerte es permitida si la madre lo autoriza —sin importar la causa por la que ella quiera hacerlo.

• El feto es un ser humano desde su concepción y, por esa razón, su muerte equivale al asesinato de cualquier otra persona —lo que daría pie a la prohibición del aborto.

La discusión parecería terminar allí si es que se llega a un acuerdo sobre ese punto —pero en realidad, existen defensas del aborto que lo justifican incluso a pesar a aceptar que se trata de un ser humano.

Este el el punto que quiero explorar en lo que sigue —la defensa del aborto por parte de quienes aceptan, aunque sea de momento y condicionalmente, que un feto sea un ser humano en una de sus muchas etapas de vida.

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La argumentación de ese tipo, en pro del aborto, se sustenta en una realidad —el feto se encuentra dentro del vientre de la mujer, lo que es igual a dos seres humanos vivientes, viviendo uno dentro del otro.

En esta situación, la vida del bebé depende de mantenerse dentro de ese vientre, pues fuera de él moriría especialmente en las primeras etapas de su desarrollo.

Ya que sólo la madre es una persona con un desarrollo suficiente como para tomar decisiones autónomas, se presentan dos posibilidades:

• La madre acepta al feto y su desarrollo en su vientre, llegando al término del embarazo con el nacimiento de un bebé.

• La madre no acepta al feto, por la razón que sea, y quiere dar término al embarazo —el que necesariamente causa la muerte del bebé, aún reconociendo que se trata de una persona humana.

Bajo esta mentalidad, el feto es equivalente a un parásito, una especie de invasor cuyos intereses están en conflicto con los de la madre. Ya que ninguna persona tiene el derecho de invadir a otra y vivir a sus expensas, se razona que la madre tiene el derecho de sacar al invasor de su cuerpo.

Es un razonamiento poderoso. Es obvio que una persona no puede entrar a la casa de otro y exigir ser mantenido en ella con todos los gastos pagados durante un tiempo determinado —en un caso igual, se dice, se encontraría el feto que no es deseado por la madre, la que por ende puede sacarlo de su vientre sin cometer una falta.

La crítica al razonamiento anterior es inmediata: alguien puede sacar de su casa al invasor que en ella entra exigiendo manutención, pero hasta allí —matarlo es un acto demasiado extremo, no proporcional al acto cometido. A esto podría responderse que no es igual invadir una casa que invadir un cuerpo, algo mucho más serio.

Pero aún así, la pena de muerte decretada al “invasor” no parece proporcional al acto de invasión —especialmente cuando en la mayoría de las ocasiones la madre por su propia voluntad tuvo relaciones sexuales y no puede reclamar no saber sus consecuencias (el caso de la violación ante esto debe ser examinado por separado).

Ha sido propuesto que el embarazo indeseado es una situación similar a la del secuestro de una persona que durante nueve meses debe estar conectada a otra para salvarle la vida a ésta —argumentando que la persona conectada a la otra tiene el derecho a desconectarse a pesar de que eso cause la muerte de la otra.

La comparación tiene su valor —sin embargo, debe recordarse que el embarazo no es realmente un secuestro, que la madre quiso tener relaciones sexuales y que sabía de sus posibles consecuencias. No puede reclamar haber sido secuestrada y forzada. Lo que ella ha querido es separar el placer sexual de su consecuencia posible natural.

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Discusiones como la tratada son mejores que las alimentadas por posiciones obcecadas que no escuchan razones de la otra parte —y que acostumbran ser superficiales e irrelevantes. Pero incluso estas discusiones prometedoras contienen una omisión importante que intento plantear en lo que sigue.

Olvidan la causa por la que ellas mismas se originan y que creo es una separación artificial entre el acto sexual y sus consecuencias naturales —que es igual a querer el placer sexual introduciendo métodos que eviten por diversos medios la creación de vida. El aborto es uno de esos métodos.

Lo que me lleva a otro plano distinto —en el que sostengo que cuando la persona antepone el placer a su naturaleza surgen problemas como éste, que en última instancia plantea qué hacer cuando se retiran las ideas de amor por el prójimo y ellas se sustituyen con el amor extremo a sí mismo.

La discusión sobre la legitimidad del aborto es sólo posible donde se ha perdido la idea del ser humano completo y natural, que en sus actos intenta llegar a los ideales más altos posibles —así sea que ellos sean demasiado ambiciosos.

Matar a un ser humano dentro del vientre materno sólo puede ser considerado una posibilidad válida donde se ha perdido la real noción de la libertad, esa posibilidad de hacer lo que se debe —y la libertad ha sido convertida en un pretexto que legitima a la voluntad de la persona a hacer lo que sea.

Cuando el sexo es visto como una diversión destinada a producir placer y nada más que eso, es cuando emergen estas discusiones sobre cómo retirar las consecuencias que son parte natural del acto sexual.

Al perder su cualidad de amor exclusivo y creación de vida, el sexo pasa a ser una actividad destinada a producir gozo físico y nada más que eso —lo que hace necesario encontrar remedios a lo que se considera un accidente indeseable, el embarazo, y no la razón central del acto sexual.

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Finalmente, mi tesis es que la justificación del aborto sólo es posible dentro de un marco mental en el que el sexo ha perdido parte de su propia naturaleza —amor y creación de vida —, para ser entendido sólo como uno de los placeres físicos posibles de tener.

Es decir, es la pérdida del amor lo único que en último término puede justificar el matar a un ser vivo por estar dentro del vientre de su madre.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Aborto. Véase Aborto: Sus Defensas para una revisión general de argumentos.

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