grandes ideas

La filosofía en un deporte extremo necesario. El amor por el conocimiento lleva a plantear las preguntas más inquietantes de la vida usando análisis, argumentación y valoración. Más los peligros de la perversión de la razón.

Introducción

Nos falta y necesitamos Filosofía en nuestras vidas. La noción que ilustró bien el título de un libro hace tiempo, Más Platón, Menos Prozac.

Esta es la idea central del libro de Morris examinado aquí en sus primeros capítulos: una definición de Filosofía como realmente es.

Necesitamos Filosofía porque se han olvidado los grandes temas de nuestra vida y debemos recuperarlos. Necesitamos Filosofía porque nuestra vida necesita mapas y guías. Necesitamos Filosofía porque ella cultiva habilidades de utilidad diaria.

Quizá lo mejor que pueden hacer quienes son aficionados a los libros de superación personal es dejarlos de lado, y entrar en este terreno. La filosofía en un deporte extremo necesario.

El libro tratado aquí es el de Morris, T. (1999) Philosophy for Dummies,. IDG Books.

Filosofía, ¿qué es eso?

El inicio de Morris es directo. ¿Qué es Filosofía? Filosofía, se nos dice, es un campo alto, elevado, de mentes sabias, un terreno exclusivo de gente poco común. La realidad es que no.

La Filosofía, en verdad, se encarga de las más grandes preguntas que todos podemos hacernos y en ellas, todos somos principiantes en este campo. Debe reconocerse con humildad lo poco que sobre ellas se sabe.

Más aún, no es el intelectual que pretende saber todo el que es un ejemplo de sabiduría. Al contrario, la sabiduría está en quienes son buscadores de la verdad, los curiosos, y de mente abierta.

De esta manera, el autor abre la puerta a la Filosofía para todos, como un deporte extremo necesario para la mente.

Filosofía, sus raíces

Para mejor comprender qué es Filosofía, deben verse sus raíces etimológicas.

Significan algo muy directo, amor por el conocimiento, algo que comienza con el sentido de maravilla que produce el saber más. Más y sobre asuntos serios e importantes, que no por eso deben inspirar miedo.

Asuntos que son fundamentales en la vida de toda persona, realmente fundamentales. Para lo que no se necesita ser un visionario célebre.

Se trata de hacer preguntas sobre lo que es un ser humano, sobre lo que la vida es, sobre la mejor forma de vivir. Interrogantes en las que todos participamos con colaboraciones propias.

No son temas nuevos para nadie. Son preguntas que nos hemos planteado desde pequeños. Y que es posible tratar con una advertencia previa a todo, no tener presuposiciones sin fundamento.

Debe tenerse amor por el conocimiento y aceptar escuchar a otros, antes de retar sus ideas y cuestionarlos.

La filosofía en un deporte extremo necesario con preguntas inquietantes

De inmediato, Morris explica las secciones de su libro. Ellas dan una buena idea de las grandes preguntas que se hace la Filosofía.

Cosas como explorar cómo es que sabemos que sabemos, qué cosa es el bien, somos o no libres en verdad, qué es la muerte, existe o no Dios, el significado de la vida.

Temas básicos en verdad y que provocan cierta alarma en muchos, tanta como para preferir otros temas más fáciles.

Mala imagen falsa

Peor aún, la Filosofía tiene una imagen indeseable, como un conjunto de escritos imposibles de comprender sobre temas que no tienen respuesta. Causas suficientes para abandonarla.

La verdad es que la Filosofía, la real, es emocionante y provocativa, libera y ayuda. Es divertida, como un deporte extremo que emociona.

Entrar en ella es un avance personal y, además, todas esas ideas elevadas e incomprensibles pueden ser traídas a la tierra para ser comprendidas por todos. Lo mejor es que la Filosofía es aplicable, todos los días, a nuestras vidas.

Aplicación práctica diaria

Es, en otras palabra, una idea, la de la «vida examinada». La vida que debe vivirse, la que se pregunta el significado de las cosas que están a nuestro alrededor, nosotros mismos.

¿Qué somos? ¿Qué propósito tenemos? ¿Qué conducta es la que debemos seguir? Sin tener una idea sobre estas cosas, la vida merece ser vivida un poco menos.

Es como un examen personal, hecho por nosotros mismos. Una confrontación interna, que persigue evaluar a nuestra persona.

¿Miedo a hacer esto? Quizá, pero sin duda es liberador. Es una revisión de los supuestos más fundamentales en los que creemos y todo, para comprender mejor. Para entender. El amor por el conocimiento. La Filosofía como algo necesario que puede verse como un deporte mental extremo.

Como mapas en un viaje

Conocimiento que ayuda a entender mejor lo que sucede. ¿Qué es una vida buena? ¿Es la ética un asunto de opiniones solamente? ¿Tenemos almas? ¿Existe una vida posterior? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la felicidad?

Tener ideas sobre temas como estos tiene aplicaciones diarias.

Morris compara a la Filosofía como trazar mapas para la persona, para su vida. Una ayuda para navegar nuestra existencia, sin la que muchos pretenden vivir.

Y no sólo eso, la Filosofía es para la mente lo que los deportes extremos para el cuerpo. Nada lleva a límites tan extremos a la persona como la Filosofía.

Ella es como la mochila que llevan los excursionistas, con un contenido de cosas básicas para la supervivencia durante su viaje. Es la serie de conocimientos que se tienen para sobrevivir en las más duras condiciones, sin perderse, para llegar al destino final.

Sin remedio, aunque se niegue, las personas, todas ellas, viven siguiendo ciertas visiones personales, es decir, su filosofía personal. Lo que la Filosofía pretende es poner sobre la mesa esas ideas básicas de todos y verlas con calma. Examinarlas con habilidad, cultivando la sabiduría.

Las herramientas de la Filosofía

Ese examen tiene sus herramientas y ellas necesitan ser usadas con habilidad para que la Filosofía sea realmente ese necesario deporte extremo de la mente.

Análisis

Los temas filosóficos con enormes, básicos, importantes y necesitan ser bien analizados.

Se trata de filtrar lo importante de lo accesorio, de definir los asuntos. Saber analizar es una habilidad necesaria y la filosofía la cultiva.

Todos, en todas partes, necesitan analizar las cosas de su vida. Morris menciona al médico que analiza síntomas, al abogado que analiza casos, a los padres que analizan situaciones familiares.

La Filosofía cultiva la habilidad para analizar lo más importante que tenemos, nuestra vida. ¿Quién soy, qué quiero, cuáles son mis metas, cómo seré feliz?

La habilidad de análisis que cultiva la Filosofía, más aún, se aplica en otras facetas de la vida, ayudando a entender el real fondo de las cosas. Eso, si se usa bien evitando la parálisis por análisis.

Valoración

Las grandes preguntas que la Filosofía plantea tienen respuestas que no son todas iguales. Peor aún, se oponen entre sí. Y son esas soluciones las que deben valorarse.

La vida está llena de decisiones de valoración de opciones, los negocios, la vida personal, todo.

Es una habilidad que la Filosofía cultiva para evitar ver oro donde no lo hay, para no caer en la exageración, ni en la moda, ni en la ilusión irreal. Es una habilidad para discernir, entender las propuestas, valorarlas, darles su peso real.

Es lo que llama y entrena a ver cada propuesta en su coherencia, su totalidad, su corrección.

Es saber ver el sentido de cada propuesta, viendo sus posibles contradicciones internas. Es constatar si la propuesta es completa, si no tiene vacíos, si comprende el tema. Es examinar su veracidad, su apego a la realidad.

Argumentación

Es la habilidad para exponer opiniones sólidas, con razones y sostén lógico. Se trata de evitar intercambios que son concursos de gritos e insultos lanzados de una parte a otra.

Es el cultivo de la capacidad para construir la argumentación razonada, ordenada, de las ideas, con el propósito de encontrar la verdad. Sí, la idea es persuadir a otros, pero también aceptar el error propio.

Esas tres herramientas son necesarias en la Filosofía, como en el resto de lo que hacemos, y en nosotros crean sabiduría, es decir, profundidad y al mismo tiempo sentido práctico.

En resumen

El examen de esas ideas consideradas meritorias trata de cultivar esas habilidades de análisis, valoración y argumentación. Capacidades tan olvidadas como los grandes temas de nuestras vidas.

Al final de cuentas se trata de colocar, por encima de los gritos, a la razón. Por encima de las marchas callejeras, a la argumentación. Por encima de las modas, a la valoración; de los insultos personales, al análisis.

Por arriba de la confrontación, a la Filosofía, esa ansia de conocimiento nunca satisfecha y que lejos de estar alejada de la realidad diaria, la toca en cada momento.

En el fondo, todas las discusiones, todas las peleas, todas las diferencias de opinión, tienen un fondo filosófico que se sostiene en ideas diferentes que deben ser sacadas a la superficie si se busca en verdad una solución.

La Filosofía, la real y diaria, nos hace más sabios, menos crédulos. Más libres, menos esclavos. Más humanos. La Filosofía, en verdad, es el deporte más extremo y necesario en el que podemos participar y debemos hacerlo.

Y una cosas más…

Conviene ver Cercanía o lejanía de la verdad, ¿Qué es educación? Significado y sentido, El problema de la educación a medias. Pero, sobre todo, Filosofía, ¿por qué molesta tanto?

Bonus track: más sobre la filosofía como un necesario deporte extremo.

La razón pervertida

Por Eduardo García Gaspar

Se encuentra con cierta facilidad y es un aviso peligroso. Son demasiados los que renuncian al uso de su capacidad para pensar.

Por supuesto, los hay que se pierden en el relativismo creyendo que sus opiniones son verdades igual de válidas que las del resto.

Pero hay otras maneras de perder la facultad de pensar. Otra manera de dejar de hacer filosofía, ese necesario deporte extremo que tanto molesta.

Una clasificación interesante de la razón pervertida, como se llama a este fenómeno, es la siguiente.

Perversión de la razón

Estas son las causas por las que se defa de hacer Filosofía, es decir, se deja de usar a la mente. Sí, la Filosofía es como un deporte extremo que es muy necesario para una vida buena. Vida que se interrumpe por la perversión de la razón.

Motivos personales

La perversión de la razón por motivos pasionales: es el caso de quien que es cegado por algún suceso fuerte, como la muerte de un familiar o la traición del esposo.

El caso clásico es el del que mata al mensajero de muy malas noticias.

Hábitos malos

Se trata de una perversión de la razón por la adquisición gradual de costumbres malas. El caso que leí es el del uso de pornografía que puede comenzar poco a poco hasta convertirse en un hábito.

Quizá lo mismo puede decirse del beber en exceso, o el de robar primero un lápiz de la oficina y luego otras cosas.

Naturaleza propia

Es la disposición mala de nuestra propia naturaleza. Hace referencia a la imperfección humana, inclinada naturalmente a la adopción de conductas opuestas a nuestro bien.

Es el caso de, por ejemplo, el adicto a alguna substancia o a algún tipo de acto, que puede refrenar, pero que termina aceptando.

Hábito generalizado

Es la que se tiene cuando algún hábito malo es común, como el de la corrupción en un gobierno, y por ello se acaba aceptándola como algo normal, sin pensar mucho en ella.

La persuasión malévola

Su esencia está en encontrar razonamientos mal hechos que llevan a justificar acciones reprobables.

Un caso es el de la compra de discos pirata, que se justifica pensado que ya de por sí los artistas ganan mucho. O el de alterar los medidores de electricidad, pensando que así se explota a los explotadores.

Filosofía y razón

La razón, nuestra capacidad de pensar, es el medio que los humanos tenemos para conocer nuestro mundo, la realidad que nos rodea, y a nosotros mismos. No tenemos más herramientas que esa.

Dejar de usarla es igual a dejar de saber, de conocer y, por tanto, de mejorar.

Por eso le temo, como a pocas cosas, al relativismo. El relativismo afirma que todas las opiniones son verdaderas, las que sean, y que todas ellas son igual de válidas. Por supuesto es falso.

Pero lo vital es que es una última perversión de la razón: ya que lo que una persona piensa es verdad por definición, no tiene ella ya necesidad de razonar con otras la veracidad de lo que piensa.

¿Cuánta razón?

Y también le temo a otro síndrome, el de las personas que confían demasiado en la razón a la que consideran infalible y fuente única del saber. Estas personas pueden caer en dos posiciones.

La más conocida es la de quienes hacen de lado a todo lo que no es racional y quieren reemplazarlo con lo que ellas consideran racional. Un caso clásico es el del marxismo, otro es el del Positivismo y, en general, el de todos esos planes de construcción de una sociedad perfecta.

La otra posición es la de quienes terminan renunciando a la razón del todo, considerándola un mal que debe ser evitado. Estas personas adoptan una especie de romanticismo alocado en el que sólo caben los sentimientos y las emociones, a los que consideran el bien supremo.

La razón, nuestra capacidad de pensar, está ligado a nuestra libertad y capacidad de decidir y hacer. Sin razón no podríamos ser realmente libres.

Pero más aún, si Dios nos hizo seres racionales y nos dio esa capacidad, renunciar a ella me parece es perder nuestra naturaleza divina. De lo único que debemos estar conscientes es de que podemos errar, de que somos imperfectos.

Por eso pienso que el corazón de la educación, de la real educación, debe estar centrado en enseñar a pensar y a razonar, más que a aprender información de memoria o, peor aún, ser adoctrinados en las teorías políticamente correctas del momento.

Un buen alumno es al final de cuentas, uno que sabe pensar y razonar con una actitud humilde y de curiosidad intelectual. Es el que usa a la Filosofía, ese deporte extremo que es tan necesario.

Nota

Los tipos de perversión de la razón los tomé de la obra de Budziszewski, J. (1997). Written on the Heart: The Case for Natural Law. InterVarsity Press, pp. 72 y 73, y provienen del pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

[La columna fue actualizada en 2019-11]