Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fuera de la Genética
Leonardo Girondella Mora
12 septiembre 2013
Sección: CIENCIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Por más que se hagan esfuerzos en hacer a la persona humana lo más parecida posible a un animal, el intento fracasará sin remedio —una idea que exploro en lo que sigue.

Comienzo por lo obvio, ningún animal, por inteligente que sea, se ha puesto a considerar esta misma cuestión que ahora trato, lo que llama a pensar mucho más en las diferencias entre personas y animales que en sus similitudes.

“Somos simios en todo sentido, desde nuestros brazos largos y cuerpos sin cola hasta nuestros hábitos y temperamento”, dijo Frans de Waal, un científico especializado en simios de la Emory University en Atlanta, EEUU (National Geographic, 31 agosto 2005)

La idea está fundamentada en la secuencia del genoma del chimpancé —los humanos tienen una secuencia “96 por ciento similar a la de las especie de grandes simios”. Las diferencias genéticas entre humanos y simios son 10 veces menores que las que existen entre ratones y ratas.

El tema puede examinarse en dos planos:

• En el sentido biológico —corporal—, parece indudable que exista una gran similitud entre esas especie: los humanos y los grandes simios son notablemente parecidos. Mucho más de lo que podría imaginarse a primera vista.

Esa similitud crea una expectativa lógica, la de similitud en otros campos más allá de lo corporal.

Físicamente la colocación de los ojos, los brazos largos, la falta de cola, la construcción de las manos y muchas otras cosas son muy similares —igual que otras cosas como vida en sociedad, actitudes y emociones y demás.

Sin embargo esa similitud presenta un problema grande que debe explicar y no puede: esa similitud corporal, basada en la genética, llevaría a pronosticar que los simios y los humanos llevara una vida muy similar —un chimpancé, por ejemplo, tendría ambiciones de vestir a la moda, o bien un humano querría abandonar su casa para vivir en un árbol con su familia.

El problema que intento apuntar es que el usar la similitud genética de humanos y simios llevaría a predecir vidas casi iguales en ambos —lo que obviamente es falso y llama al intento de encontrar algo más allá de la genética para explicar las enormes diferencias entre los dos.

• Debe haber otro sentido —no biológico/genético— que diferencia a esas especies, que explica las grandes desigualdad que ellas manifiestan.

Si la similitud genética pronosticaría vidas y sociedades un 96% parecidas entre simios y humanos, la tarea es explicar por qué tienen una vida y una sociedad tan considerablemente distinta.

Los humanos son libres, tienen conciencia de esa libertad, deciden y escogen entre posibles actos —piensan, analizan, anticipan, tienen ideas sobre el bien y el mal, sobre el arte, la belleza, el amor, ellos mismos. Son diferencias cualitativas importantes e inexplicables por la genética.

Algo que pienso es muy descriptivo es el poder mentir —para lo que es inevitable tener un sentido de la verdad y de la elección de una opción posible ante otra, lo que presupone la existencia de un objetivo posterior y a su vez, presupone un sentido del tiempo y el futuro.

Ningún simio tiene estas ideas.

Ante la verdad, ningún simio puede defender una postura relativista, ni puede ser escéptico. No hay entre los simios casos de equivalentes de Platón, Aristóteles, Freud, ni Einstein —así como tampoco de Justin Bieber.

Mi tesis es ahora muy clara: la similitud genética pronosticaría una vida y una sociedad casi igual para simios y humanos, lo que obviamente es errado —por consiguiente, las grandes diferencias den tener otra explicación de naturaleza distinta, no la genética.

No entro ya a ese terreno y sólo me limito a enfatizar la imposibilidad de la genética para describir al ser humano más allá de sus aspectos biológicos.

Nota del Editor

Hay más ideas en ContraPeso.info: Naturaleza Humana.

Quiero añadir que existe una explicación que basa esa gran diferencia entre primates y humanos en accidentes biológicos, pero que también existe la explicación Cristiana. La del hombre hecho por Dios, a su imagen y semejanza.

Cualquiera que se crea, la realidad es innegable, en los humanos existe algo más allá de lo biológico y que debe ser enorme para poder explicarnos a nosotros mismos.

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