Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobierno decide Moral
Eduardo García Gaspar
27 noviembre 2013
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Sucede entre los defensores de la libertad. Los hay muchos y de muchos tipos.

Uno de ellos es particularmente interesante.

Es el que me propongo examinar en una segunda opinión.

Su mentalidad es la de la libertad manifestada en muchos campos. Eso ocasiona simpatías para muchos.

Creen en la libertad económica, con sus consecuencias obvias: comercio libre, mercados libres, derecho al trabajo personal. Están en contra de lo obvio: subsidios, monopolios estatales, impuestos, intervencionismo, estado de bienestar.

Creen en la libertad política, favoreciendo un gobierno muy limitado, transparente, de bajo costo. Nada es tan odioso para esta mentalidad como el gobierno que excede su tamaño natural y quiere hacerse responsable de la felicidad del ciudadano, con instituciones que dominan a la educación, a la seguridad social e invaden la vida privada.

En cuanto a la libertad cultural, apoyan la libertad de expresión, la educativa, la artística, todas las que uno se imagina normalmente, como libertad religiosa. Favorecen la legalización de drogas y de la prostitución, quizá como medida en contra de efectos colaterales que empeoren la situación que intentan mejorar.

Tienen una mentalidad liberal seria y lógica, que les lleva a apoyar el derecho de poseer armas, a emigrar con libertad, e incluso el derecho a cambiar de gobierno por medios violentos si es necesario. Su tipo de gobierno es representativo, muy responsable de preservar libertades y hacer respetar contratos voluntarios.

Hasta aquí, sus ideas causan simpatías entre todos los que consideramos que la libertad es el gran valor a respetar dada la dignidad humana y su capacidad para razonar. Quizá en algunas cosas, habrá quienes los vean extremistas, pero tiene sentido lo que dicen.

Y, sin embargo, van más allá de eso, que es cuando comienzan los problemas, al menos con quienes no llegamos a esos extremos.

Proponen ellos que sean legalizados el aborto y los matrimonios homosexuales, y que se imponga un régimen laico de gobierno. Aclaro esto último, si por eso de laico se entiende separación de poderes entre iglesias y gobiernos, eso es razonable. Pero si significa anular a las iglesias, entonces cometen un error serio, del que no creo que se den cuenta.

No es sencillo explicar el error. Lo intento.

La mentalidad del liberal se sustenta en mucho en la fragmentación del poder dentro de la sociedad. La libertad económica divide al poder económico. El gobierno pequeño que tiene prohibido ir más allá de un límite, es representativo y sus funciones se fragmentan, es una división del poder político.

Toda la libertad cultural hace imposible a la censura gubernamental, mediante las libertades de educación, expresión y demás.

Todo suena muy bien, excepto por una cosa involuntaria: cuando se cede al gobierno la facultad de decidir asuntos morales, sucede que entonces el gobierno adquiere un poder que no desea el mismo liberal.

Una mucho mejor situación es la de impedir que el gobierno adquiera ese poder moral, el de decidir qué es bueno y qué es malo.

Si el liberal no quiere que el gobierno tenga monopolios, entonces debería no querer tampoco que tenga un poder aún mayor, el de decidir la moral. Convendría que ese poder radicara en alguna otra parte, independiente del gobierno.

Tomemos, por ejemplo, el caso del aborto. Su legalización y las ayudas gubernamentales que reciba constituyen una adición gigantesca al poder gubernamental, el que ha decidido que es posible matar a personas que pertenecen a cierto grupo.

La tradición social, las iglesias, las costumbres, todo eso habría negado darle tanto poder a los gobiernos. La moral, y eso es vital para la libertad, no puede ser creada por los gobiernos.

La libertad a la que tanto se defiende implica por necesidad lógica un código moral que la valora y ese código no puede ser decidido por los gobiernos.

Es decir, mi posición de que la moral debe ser ajena a la voluntad de los gobiernos es aún más radical que la de quienes quieren que el gobierno legalice el aborto, por ejemplo.

La libertad y su moral impone límites a la libertad y esos límites se necesitan para que ella sobreviva. ¿Quiere usted matar a la libertad? Déle al gobierno la autoridad para legislar lo que es bueno y lo que es malo. Si el intervencionismo económico es terrible, el intervencionismo moral lo es aún más.

Post Scriptum

Más en concreto, la ambición de un estado laico, en el sentido de estar libre de influencias religiosas, quitará ese contrapeso al poder gubernamental y le permitirá invadir a la vida privada que es en donde trabaja la conciencia y la moral que más tarde va a lo público.

Un gobierno que permite todas las libertades es el mismo gobierno que las anulará cuando quiera.

De eso es de lo que no creo que se den mucha cuenta los liberales extremos, una postura que coincide curiosamente con la de los progresistas, que desean un gobierno poderoso y que sea la autoridad moral de la sociedad.

Véase Brújulas de la Mente.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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