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¿Historia o Propaganda?
Selección de ContraPeso.info
14 junio 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Fernando Pascual. Agradecemos a Análisis Digital el amable permiso de publicación. El autor es Profesor en el Regina Apostolorum de Roma.

La idea central del escrito es tratar el añejo problema de objetividad en el narrador de sucesos de la historia.

Es difícil separar en algunos estudios y publicaciones lo que es historia y lo que es propaganda. ¿Por qué?

Porque a veces el historiador busca reflejar aquellos aspectos que le interesan y deja de lado otros que considera irrelevantes, desde una posición subjetiva e ideológica que en no pocas ocasiones es reductiva y errónea.

Pensemos, por ejemplo, en alguien que narre una “guerra de independencia”. Si el historiador considera que la lucha fue justa, que se defendían los derechos de un pueblo contra la opresión “extranjera”, escogerá aquellos hechos que demuestren la bondad de un bando y la crueldad del otro.

Lo anterior vale no sólo para estudiar guerras, sino para analizar épocas históricas, modelos sociales, cambios culturales, tradiciones religiosas, y un largo etcétera.

Si un historiador está atento al peligro manipulador de los prejuicios, es posible que corrija la mira y que se abra a la realidad en sus riquezas y en sus zonas oscuras.

Si hay objetividad y seriedad, el investigador recogerá todos los datos posibles sobre el tema en cuestión.

Al estudiar una guerra, descubrirá muchas veces que hubo injusticias en unos y en otros, así como gestos admirables en personas de ambos lados. Analizará los motivos que tenían unos y otros según los documentos auténticos, e intentará dejar de lado textos que tienen un olor bastante fuerte a manipulación y a propaganda.

No es una tarea fácil. Una de las primeras víctimas de toda guerra es precisamente la verdad: los dirigentes de cada bando hacen “desaparecer” aquellos documentos que reflejen sus errores e injusticias, y promueven (incluso a veces inventan) todo lo que sirva para denigrar a los enemigos.

A pesar de las dificultades, el historiador honesto puede hacer mucho para superar prejuicios propagandísticos y para conseguir un cuadro de los hechos lo más fidedigno posible.

En algunos casos el historiador tendrá que reconocer que faltan elementos seguros para llegar a tener una visión más o menos clara de lo que ocurrió, y explicar eso también es una importante ayuda para los lectores.

En otros casos, alcanzará a ver un cuadro general de los hechos que permita comprender un poco mejor un periodo de la historia humana. Así se hará evidente cómo esa historia se construye desde hombres y mujeres libres que en ocasiones actuaron bien, otras mal, y otras sin tener una idea clara de la situación.

¿Es posible, entonces, superar el espíritu de propaganda y trabajar por una historia más objetiva y más científica?

La respuesta es afirmativa: basta con que el investigador tenga conciencia de sus límites subjetivos para superarlos, en la medida de lo posible, y penetre con trasparencia y seriedad en aquellos documentos que reflejan un poco cuáles fueron los acontecimientos del pasado que explican buena parte del presente en el que ahora vivimos.

 

Nota del Editor

Aunque de sobra conocido, el problema que resalta F. Pascual merece ser expuesto una y otra vez. Así es servida la idea de que existe una verdad en la historia y que a ella puede llegar o acercarse quien de ella escribe.

Más aún, hablar del tema es motivo para exponer una tendencia humana quizá inevitable, la de dejarse influir por sus opiniones y creencias de forma tal que se seleccionan las pruebas que las favorecen y se rechazan las que las contradicen.

No es la historia el único terreno en el que esto sucede. El periodismo está lleno de casos en los que se sucumbe a esa tentación. Igual que incluso los reportes científicos.

Sólo añado a la solución apuntada por el autor, otra posible y adicional: un sentido de sano escepticismo en el receptor de la información; algo como un cierto sentido común que también le lleve a tratar de incorporar el factor verdad en lo que lee, ve y escucha.

Me refiero al sentido común de la razón, que en el lector de historia debe llevarle a dudar de lo que parece no tener lógica, o contradecir la razón. No, no todo lo que está escrito en un medio de comunicación es verdad y eso, para sorpresa de muchos, incluye a Internet.

 

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