Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hora de Des-desaprender
Leonardo Girondella Mora
7 febrero 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Circula por Internet —en medio de muchas otras cosas— la copia mal formateada de un breve comentario de Samuel Arango (reportado como publicado en El Colombiano).

En lo que aparece como original, la columna se titula Hora de Desaprender y viene antecedida por un título que dice, “Samuel Arango nos recomienda que practiquemos el importaculismo”.

Su contenido es digno de ser explorado en lo que sigue —donde hago citas textuales y a lo que incorporo mis anotaciones.

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• Me parece obvio que la columna es humorística, esto es, tomarla en serio será un error —tiene observaciones de la vida, un tanto perspicaces, dirigidas a “Los hombres maduros de ahora [los que] hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camino del desaprendizaje”.

• Esos hombres maduros han llegado a la hora del importaculismo —es decir, desaprender el creer que “debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposos, mejores profesionales, mejores padres, etc”.

Deshacerse también de “la creencia de que TODO es pecado”. Para esos hombres “Ha llegado la hora de… mandar al carajo los compromisos y las obligaciones. Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes”.

• Estos momentos que han llegado son para “… estar solos, disfrutar buenas conversaciones hablar de todo… ver películas… Leer… Escuchar… Sonreír… burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las pendejadas”.

El resto de la vida de esos hombres es “… para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos da la gana. Viajar al máximo, tomando café con amigos y amigas, conversando con todo el que nos encontremos”.

• Esa posibilidad de disfrutar es merecida porque “… demostramos que las responsabilidades fueron bien atendidas por nosotros, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas”.

Esto no es necesariamente cierto en todos los casos, pero puede admitirse el resto de las cosas para quienes sí lo hayan hecho —ellos sí tendrían algún merecimiento para gozar del importaculismo. Los otros, no.

• La columna continúa con otras consideraciones para esos hombres — “… estamos por encima del bien y del mal. Vamos a museos, asistimos a conferencias… asistimos con mayor frecuencia a entierros y nos damos cuenta de que se aproxima el nuestro, pero estamos preparados…”.

Otras reflexiones: “Es la hora de empezar a relajarnos… Somos ahora sí libres de ataduras, de prejuicios, de creencias. Somos libres si no le tememos ni a la vida ni a la muerte”.

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La columna, es indudable, tiene su gracia al describir y aconsejar un momento en la vida de las personas —la de la madurez del jubilado y que imagino en personas de alrededor de los 60 años y más.

Tomarla con seriedad —como si ella fuera más que una pieza de humor— es un riesgo real de la lectura que pueda hacer el incauto. Por ejemplo eso de “…estamos por encima del bien y del mal”, o lo de desaprender que “debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposos, mejores profesionales, mejores padres, etc”

Lo mismo sucede “con mandar al carajo los compromisos y las obligaciones”, y con estar “libres de ataduras, de prejuicios, de creencias”.

La preocupación que tengo no es que el autor recomiende eso las personas maduras y que ellas realmente crean que se han liberado de obligaciones, responsabilidades, creencias y demás —esas personas saben usualmente más como para tomarlo literalmente. Están vacunadas contra las exageraciones.

Mi intranquilidad es que al estar leyendo la columna me pareció estar leyendo una descripción breve de la mentalidad en la que se educa a demasiados jóvenes —sólo en la introducción se advierte que se habla de los “hombres maduros”.

Si se retira esa prevención, la columna podría leerse como dirigida a todos, con un mensaje que realmente existe en la actualidad.

Finalmente, si se recomienda a los viejos el mandar al carajo a sus responsabilidades, no deja ello de ser un ejemplo para los jóvenes —verán eso como la ambición de la vida, un logro que ahora mismo pueden realizar.

Addendum

En su sentido ético, la columna se coloca como una parte de un problema moral —el de si existe una situación personal que haga a la persona inmune a reglas éticas. ¿Son los viejos una excepción moral?

La respuesta es no, no lo son. Ellos no están más allá del bien y del mal. No pueden tampoco renunciar a responsabilidades, ni deshacerse de obligaciones, ni liberarse de creencias.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Virtudes y Vicios. La columna Moral de los Miserables trata específicamente el problema de la excepcionalidad moral.

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