Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Imperfección y Política
Leonardo Girondella Mora
29 julio 2013
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Es una realidad innegable la imperfección humana —las personas son imperfectas, tienen defectos, faltas. Cometen errores, tienen fallas de razonamiento, sucumben a vicios, tienen conductas delictivas.

No hace falta decir mucho para comprobar esa realidad, la de la imperfección humana —y que esa imperfección es universal: no hay ser humano que sea la excepción. Hay personas con más defectos que otras, es cierto, pero ninguna de ellas es poseedora de la perfección.

La realidad es ésa y presenta una conclusión inevitable —la de que la vida humana tampoco será perfecta: se tendrán las consecuencias de equivocaciones y de malas conductas. El corolario es inevitable también: ninguna institución creada por humanos será perfecta.

La realidad y sus consecuencias permiten ver lo que quizá es el mayor problema político de todos los tiempos —¿cómo justificar dar poder político a seres imperfectos, que cometen errores y sucumben a actos indebidos?

El problema político al que me refiero está mejor expresado viendo sus dos componentes:

• Todo gobierno, por pequeño que sea, conlleva una gran cantidad de poder sobre la vida, los bienes y la existencia de muchos otros —lo que haga o deje de hacer un gobierno tiene impacto en millones de vidas.

• Toda persona tiene defectos y fallas, ninguna se libra de ineptitud, impericia, incompetencia, vicio, e imperfección moral.

El reto intelectual puede ya intuirse —qué tipo de gobierno debe tenerse de manera que las personas se protejan de todas esas fallas de la imperfección humana que afecta a los gobiernos. El problema es de grandes consecuencias: la aparición de un gobernante poco inteligente, o deshonesto y vicioso, repercutirá en una vida mala para los gobernados.

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El problema puede ser solucionado de tres maneras muy distintas —una mejor que las otras dos.

• La más rápida de todas es ignorar que existe el problema de la imperfección humana —pensar que no existe, creer que no hay defectos en la persona.

Es una solución sustentada en la soberbia de quien piensa que lo sabe todo, que lo puede todo. Ella se da en la realidad, en los regímenes dictatoriales, pero sobre todo en los totalitarios —en los que una persona se ve a sí misma como un salvador social de autoridad incuestionable.

• Otra, también rápida, es plantear el problema como uno de selección sabia: quienes gobiernen serán escogidos entre los más sabios y virtuosos —esos que son experimentados, prudentes y alejados de todo vicio.

Esta ha sido una respuesta estándar y comúnmente aceptada —incluso a pesar de su falla, tan clara que no es común verla: quienes seleccionen a esos “sabios” para gobernar tampoco son gente sin defectos ni fallas, y en su selección podrán cometer errores de consideración.

Los “imperfectos seleccionarán a los perfectos” —una forma de pensar que es equivocada, pero no sólo eso. Hay otro peligro en esta solución, el de no poder garantizar que toda solución del “sabio” sea la mejor en todo momento; ni poder garantizar que el “virtuoso perfecto” sucumba jamás a vicios y acciones reprobables.

• La tercera solución es la más ingeniosa de todas —no es soberbia, no es idealista. Da una propuesta de simple sentido común: que que no hay seres perfectos a quienes pueda confiarse la gran cantidad de poder que significa gobernar, la solución está en hacer dos cosas razonables.

Primero, darles el menor poder posible —sí, tener un gobierno limitado cuyas decisiones no tengan el impacto general mayúsculo que tendría un gobierno de mucho poder. Esto es igual a darles más libertades a los ciudadanos y menos facultades a los gobiernos.

Segundo, mantener bajo vigilancia ese poder ya limitado de ese gobierno —esto es tener varios gobernantes al mismo tiempo, contrapesos unos de otros, cuyo acuerdo sea necesario para las cosas que implanta el gobierno.

Esto segundo es lo que se conoce como separación de poderes, elecciones periódicas y regímenes estatales soberanos.

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Claramente la mejor respuesta en la tercera —la de gobiernos de escaso poder con gobernantes divididos y sujetos a elección periódica. No dará resultados ideales, pero sí tiene la gran virtud de acotar poder y poder renovar gobernantes sin violencia.

A pesar de lo claro que es lo anterior, aún sobreviven las dos primeras soluciones —la de ignorar la imperfección humana y la de creer que es posible encontrar a mesías políticos.

Addendum

Una figura reciente, como la de Hugo Chávez, así como la de F. Castro, representan bien la supervivencia inocente de creer que existe alguna persona tan sabia que en ella puede confiarse un poder sin límites. En el mismo caso están personajes como Mao Tse-tung y Pol Pot.

En el caso de simplemente ignorar que existe el problema de la imperfección están gobiernos excedidos de tamaño que han creído que sus acciones son todas perfectas —los casos recientes de Grecia, España, Italia, Francia, con sus problemas económicos. Igualmente, en este apartado puede colocarse el caso del gobierno de B. Obama alimentado por soberbia.

Lo que he hecho es exponer de otra forma lo tratado por K. Popper en su crítica a Platón, explicado en Respuesta Buena a Pregunta Mala.

Nota del Editor

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: División Del Poder.

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